miércoles, 13 de agosto de 2014

Una de Corsarios

Fiesta, tradición, historia... todo en un abordaje.

Les compartimos esta nota publicada en El País:

 

Corsarios contra viento y marea

376 cuadrillas desafían al fuerte oleaje en el ‘Abordaje’, una de las actividades festivas más populares de la Semana Grande de San Sebastián

Xabier Esnaola

Miles de improvisado corsarios, en su mayoría cuadrillas de jóvenes, participaron este lunes en el Abordaje, una de las actividades más populares de la Semana Grande donostiarra. La iniciativa, organizada por el colectivo Piratak, nació hace 12 años y consiste en llegar desde el puerto a la arena de La Concha con barcas artesanales, un reto al que este año se sumó una mar muy picada. Su éxito puede deberse a que la piratería en la costa guipuzcoana, en la donostiarra en particular, dejó huella siglos atrás. El incendio de la ciudad en la Batalla de San Marcial (1813) no sólo arrasó con las casas, significó una gran pérdida documental acerca del municipio. Sin embargo, está escrito que la capital guipuzcoana fue una importante sede marítima para los piratas de la Edad Moderna. Para los corsarios de aquella época, la relación geográfica entre la costa donostiarra y el norte de Europa era un punto estratégico, y por momentos se convirtió en la cuna pirata más importante de la Península Ibérica.

En la tarde de este lunes, público y participantes pudieron comprobar que algo de aquel periodo histórico queda en los genes de algunos habitantes, aunque no en todos. “Todo es posible en el Abordaje pirata”, decía uno de los carteles que decoraban una de las vallas del puerto. Observación muy acertada viendo la miscelánea de balsas que se concentraron en el agua.

A primera hora de la mañana, bajo la lluvia, arrancó el primer turno de construcción de balsas. Decenas de personas pasearon por la zona para presenciar aquella algarabía de banderas, flotadores, hinchables, pañuelos, pistolas de agua... alguno hasta se las ingenió para trasladar el somier de la cama y hacer de él la base de su barco. Al mediodía, cuando finalizó el último turno, se pudo ver un resultado dispar; hubo quienes se pudieron permitir construir escaleras por si alguien caía desde la cubierta o incluso un mirador para el capitán. Y otros, en cambio, se conformaron con juntar dos palés y un par de boyas para evitar el hundimiento de su humilde embarcación. En cualquier caso, el objetivo de la carrera fue llegar y no ser necesariamente el primer pirata que pisara la arena de La Concha.

Por otro lado, algunos de los piratas, en su mayoría jóvenes, contaron con la ayuda de sus padres, quienes se encargaron de acercarse con el coche para trasladar los materiales de la balsa a la zona de construcción. Una vez allí, algunos eran más optimistas que otros: “vamos sobrados”, exclamaba un componente de un equipo. Este año se presentaron 376 grupos, aunque las condiciones meteorológicas no colaboraron y se notó en el índice de participación. El oleaje revuelto y el cielo gris añadieron un tono más épico a la causa.

Una fiesta que no se quiso perder el diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, aunque este año, a diferencia del anterior, que se animó a remar en una de las balsas, prefirió ver el espectáculo desde una barca.

A las cinco de la tarde, y ya con un cielo soleado, el pistoletazo de salida y al grito de “al abordaje” los tripulantes pudieron participar en una experiencia donde la risa y la diversión fueron los principales ingredientes. Así como en el siglo XVII las guerras fueron un instrumento para conseguir ventajas y privilegios fiscales, el Abordaje de ayer consistió, principalmente, en disfrutar del momento. Los vasos de cerveza y el concierto de Arkada Social en los momentos previos al pistoletazo de salida animaron el ambiente.

La primera barca en llegar a La Concha, con una tripulación integrada en su mayoría por chicas, realizó el recorrido en media hora, mientras que otras balsas que no pudieron salir del puerto. La bocana se convirtió en una trampa para muchas de las embarcaciones, atrapadas a la espera de poder salir a la bahía. Marisa, una murciana que estaba de veraneo por San Sebastián, reía diciendo que “esto solo se les ocurre a los vascos”.





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