sábado, 23 de abril de 2016

A 79 Años de Gernika

Maite Pagazaurtundúa opina que Otegi no debiera tener permiso de hablar ante el Parlamento Europeo porque según ella, la democracia española ha sido víctima durante décadas de los crímenes cometidos por la ETA y, el lider vasco podría incurrir en apología de las actividades de "la banda".

Pues bien, a ella, vasquita colonizada, le dedicamos este reportaje publicado en Deia, a ver si así se anima a escribir un texto a Martin Schulz que se le expulse a ella cada vez que llame democracia al régimen que ha perpetuado la impunidad de los críemenes de lesa humanidad cometidos por el franquismo.

Aquí lo tienen:

El bombardeo de Gernika y sus corresponsales de habla inglesa

En el 79 aniversario del bombardeo de Gernika, la autora resume en este artículo su tesina universitaria, con la que rinde homenaje a la villa, a su gente y a los periodistas angloparlantes que contaron al mundo lo que allí pasó

Carmen Martín Ceballos
Gernika es un antiguo pueblo conocido por ser “el hogar de las libertades vascas”, donde se encuentra el viejo roble (símbolo de la libertad y la democracia en Euskadi), bajo el que los vascuences siempre se habían reunido para tomar decisiones democráticamente y “ante el que los reyes de Castilla juraban los fueros de Vizcaya, y que por eso era un símbolo de la autonomía vasca”. Teniendo en cuenta que durante la guerra civil española Euskadi estaba del lado de la República y sabiendo lo históricamente importante que es Gernika para los vascos, los republicanos pensaban que los nacionales nunca se atreverían a atacar la villa y, si en algún momento intentaban hacer que ésta cayese, daban por sentado que sus habitantes serían respetados y no habría violencia.

Los republicanos no podían estar más equivocados, ya que la tarde del 26 de abril de 1937 tuvo lugar la mayor masacre que una guerra había visto contra la población civil hasta el momento, perpetrada por la Legión Cóndor y la Aviación Legionaria al servicio del bando nacional, que estaba siendo ayudado por Hitler y Mussolini, violando el Pacto de No Intervención firmado a principios de marzo de 1937 por 27 países europeos (entre ellos Alemania e Italia).

Después del bombardeo, empezó una nueva polémica entre nacionales y republicanos, ya que los primeros nunca admitirían que fueron ellos los responsables de tal masacre, no solo porque supuso la muerte de tantísima población civil, sino también porque se habían encontrado en Gernika bombas alemanas que no habían explotado, y eso habría significado que todo el mundo supiera que los nazis estaban ayudando a los nacionales. Por este motivo, los sublevados culparon al bando contrario y utilizaron la propaganda como nunca se había hecho hasta el momento. El bombardeo de Gernika marcó un antes y un después en la guerra civil española, no solo porque después de éste, los republicanos perdieron la batalla del norte casi inmediatamente (pues los rebeldes habían minado la moral de los vascos, ya que querían traspasar Bilbao, protegido por el cinturón de hierro), sino también porque muchos periódicos extranjeros que en un principio apoyaban la causa de Franco, cambiaron de idea de la noche a la mañana y empezaron a apoyar a la República. Y es que el mundo no estaba acostumbrado a las atrocidades que años después se demostraría que personas civilizadas podían llegar a cometer, pues los soldados alemanes probaron en Gernika los métodos y materiales que luego utilizarían en la Segunda Guerra Mundial.

El 26 de abril de 1937 había en Gernika alrededor de siete mil habitantes, además de unos tres mil refugiados que habían ido llegando durante las semanas previas. Como era lunes, día de mercado, también se habían acercado a la plaza de la villa muchas otras personas de los pueblos vecinos a comprar y vender productos. Parecía que era como cualquier otro día de mercado, pero sobre las 16:30 la campana de la iglesia empezó a sonar, ya que “una fuerza aérea formada por cuarenta y tres bombarderos y cazas… transportarían unos 50.000 kg. de bombas” y bombardearían Gernika durante casi tres horas y media. Como la villa no era considerada un punto estratégico, no había muchas tropas ni tenían ningún tipo de defensa aérea, por lo que las personas que allí se encontraban estaban completamente indefensas. Solo un 1% de los edificios de Gernika quedó indemne; el 71% fue totalmente destruido, un 7% sufrió graves daños y el 28% tuvo daños diversos. Debido al poco interés de los nacionales (ganadores de la Guerra Civil) en investigar sobre el número de víctimas de la masacre y al hecho de que tampoco dejaron que investigadores extranjeros intentaran averiguar nada, nunca se sabrá ni siquiera un número aproximado de las personas que murieron allí ese día, ya que todas las estimaciones son desechadas (parece que los que dan un número reducido de víctimas quieren minimizar las consecuencias del bombardeo, y los que hablan de un número elevado de muertes quieren resaltar el horror de lo acaecido).

Los periodistas

Los reporteros de habla inglesa que informaron sobre el bombardeo de Gernika son: el británico nacido en Sudáfrica George Lowther Steer (que escribía para el periódico londinense The Times); el australiano Noel Monks (trabajador del periódico inglés Daily Express); el británico Christopher Holme, que trabajaba en la agencia internacional de noticias Reuters, y, por último, el londinense Keith Scott Watson, que cubrió la noticia para el Star y el Daily Herald, ambos periódicos publicados en Londres. Gracias a estos cuatro reporteros, el mundo pudo saber lo que verdaderamente sucedió en Gernika, ya que ellos llegaron a la villa solo unas horas después del bombardeo y, no solo tomaron nota de lo que estaban viendo, sino que también preguntaron a muchos testigos de la barbarie y, tal como lo percibieron, lo contaron.

Al principio ni siquiera sus jefes creían lo que leían, y como no querían publicar algo que no fuera verídico y los rebeldes declararon que ellos no habían sido los responsables del ataque, los cuatro reporteros tuvieron que volver a la villa, seguir preguntando, contrastar sus notas entre ellos y luego, confirmarlo a sus superiores. La publicación de estos artículos haría que los nacionales no solo odiaran a los mencionados corresponsales, sino que también trataran de desacreditarlos cada vez que tenían la ocasión, de la misma forma que declararon que seguramente Gernika había sido bombardeada por los republicanos o dinamitada por los propios habitantes de la villa.

Monks pasó por Gernika ese día de camino al frente, con el conductor que el Gobierno vasco le había proporcionado para facilitar su trabajo. Escribió que la villa estaba llena de gente y muy ruidosa, lo normal en un día de mercado. De camino al frente, de repente el conductor paró el coche y se bajó de éste gritando, ya que vio los bombarderos que se dirigían a Gernika. Los dos se escondieron en un hoyo provocado por una bomba y se quedaron muy quietos para no ser vistos, ya que sabían que si los soldados los veían, les dispararían al instante. En ese mismo momento, Steer y Holme estaban a unos pocos kilómetros de Gernika, cuando vieron los aviones que bombardearían la villa. Sobre las 21:30 de esa noche, mientras estos tres periodistas cenaban con Watson, llegó al restaurante un lloroso hombre gritando que Gernika había sido completamente destruida. Cinco minutos después, los cuatro reporteros estaban de camino a la villa.

Después de la guerra, Monks escribió sobre su artículo del ataque a Gernika que el telegrafista que envió su crónica al Daily Express no hablaba inglés, por lo que si los republicanos hubieran bombardeado Gernika, él mismo lo podría haber denunciado sin ninguna censura, y se puede leer entre exclamaciones que lo habría hecho de haber sido verdad. Pero la realidad era que habían sido soldados alemanes (e italianos, como se descubriría más tarde) en su intento de ayudar a Franco a ganar la guerra. Holme también se vio obligado a desmentir las falsas acusaciones del bando nacional y defender su integridad e imparcialidad en el conflicto, pues él no solo había escrito sobre el bombardeo de Gernika, sino también sobre la quema de Irun llevada a cabo por anarquistas en septiembre de 1936 cuando dicha ciudad estaba a punto de caer en manos de los nacionales, con lo cual es obvio que en ningún momento se dejó llevar por sus ideas políticas, y hubiese sido injusto poner en tela de juicio su imparcialidad a la hora de hacer su trabajo, informar de la verdad.

Detalles de Watson y Steer

Watson no es muy conocido y sus artículos sobre el ataque a Gernika no trascendieron tanto como los de sus compañeros, lo cual resulta extraño porque es el único que se encontraba en la villa cuando el bombardeo tuvo lugar, lo que hace que sus artículos contengan detalles que no son mencionados en ningún otro.

Por último, es casi imposible escribir sobre el ataque a Gernika y no tropezarse con el nombre de Steer, pues su artículo sobre lo ocurrido en la sagrada villa vasca fue uno de los más importantes de toda la Guerra Civil, quizás fue el que más impacto causó porque fue simultáneamente publicado en The Times y The New York Times. En él se incluían muchísimos detalles sobre lo visto y oído después del ataque y acusó desde el principio a los alemanes de haber bombardeado el corazón del País Vasco en su intento de ayudar a Franco a ganar la Guerra Civil española. Además, después de la guerra, escribió un libro llamado El árbol de Gernika, el cual es un conmovedor homenaje a los vascos, su sufrimiento y lo valientes y relevantes que fueron en la lucha contra Franco y el fascismo.

Cuando el bombardeo de Gernika tuvo lugar y los cuatro reporteros llegaron a la masacrada villa, es de suponer que sus habitantes hubieran preferido que hubieran sido médicos o bomberos para que hubieran podido ayudar haciendo algo útil en aquel momento. Lo que no se imaginaban era que estos periodistas serían de tanta ayuda cuando al día siguiente los autores de aquel holocausto no solo dijeron que ellos no habían tenido nada que ver, sino que además sugirieron que los perpetradores habían sido los propios habitantes del pueblo. Gracias a Monks, Holme, Steer y Watson, el mundo supo lo que verdaderamente había pasado en Gernika. Aunque los nacionales y su propaganda hicieron dudar a toda la humanidad de lo que los corresponsales habían dicho y no hubo países que se atrevieran a ayudar abiertamente a los republicanos a ganar la guerra, estos cuatro informadores hicieron su trabajo. Picasso inmortalizó Gernika, pero como Herbert Southworth escribió, fueron Holme, Monks, Steer y Watson los “creadores de Gernika”, y él creía que sin estos, no existiría el acontecimiento como lo conocemos hoy en día, y solamente por eso, creo que todos los amantes de la historia y la verdad deberíamos estarles eternamente agradecidos.






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