martes, 28 de julio de 2009

Diálogo y Resolución de Conflictos Políticos

En la página Público se encuentra esta entrevista:

"Mientras la isla esté dividida, habrá algún tipo de IRA militante"

Entrevista con Martyn Frampton, coautor del libro 'Talking To Terrorists:Making Peace in Northern Ireland And The Basque Country'

Lourdes Gómez

"Los gobiernos hablan con terroristas. Es un hecho, más que una crítica. Es el reconocimiento de la realidad más que un juicio de valor". La cita destaca en la introducción de Talking To Terrorists: Making Peace In Northern Ireland And The Basque Country (Hablando con terroristas: buscando la paz en Irlanda del Norte y el País Vasco), un documentado ensayo publicado recientemente en el Reino Unido.

Los autores, los académicos de Cambridge Martyn Frampton y John Bew, y el periodista Íñigo Gurruchaga analizan el origen y evolución de los conflictos armados en el Ulster y Euskadi, y explican las claves del éxito del proceso de paz en el primero y del fracaso en el segundo. Argumentan que no hay un único modelo para acabar con la violencia y defienden que el diálogo ha de estar precedido del compromiso de las organizaciones terroristas con las normas democráticas.

¿Cómo se justifica el diálogo con terroristas en una democracia?

Hay que distinguir entre grupos, como Al Qaeda, que es esencialmente una organización terrorista, y bandas como el IRA y, en cierta medida, ETA, que tienen o han tenido representación política. Si se permite la existencia de dicha representación y esta cuenta con un nivel de apoyo popular, es difícil renunciar al diálogo porque los gobiernos serían tildados de antidemocráticos. Hay que insistir y así ocurrió en Irlanda del Norte en el acatamiento de las normas democráticas. No basta con tener cargos electos, hay que comprometerse totalmente con los medios pacíficos. El proceso político en Irlanda del Norte consistió en forzar al partido Sinn Fein y al IRA a aceptar los parámetros de la Declaración de Downing Street, que permitía participar a todos en la solución pero, para ello, había que aceptar las reglas democráticas.

¿Las precondiciones son siempre necesarias?

No intentamos prescribir nada en el libro y, de hecho, reaccionamos contra los que prescriben lo que hay que hacer en un proceso de paz. Abundan los que dicen que es imprescindible hablar con los terroristas y que se ha de dialogar sin precondiciones. En Irlanda del Norte, se fijaron precondiciones. También en el País Vasco, con la posición constante de los gobiernos españoles de no entablar una negociación política con ETA.

¿La paz en Ulster se hubiera alcanzado sin hablar con el Sinn Fein/IRA?

La dinámica hacia el Acuerdo de Viernes Santo (de 1998) existía independientemente del Sinn Fein e IRA, y la participación en el proceso de la mayoría de este bloque republicano ayudó a construir una paz integral, de conjunto. Pero esta no es la razón de que se lograra la paz. El unionismo y nacionalismo moderados buscaban, desde principios de los noventa, un entendimiento político y, de haber procedido sin el movimiento republicano, la violencia hubiera continuado. Pero la violencia habría ido perdiendo legitimidad hasta abocar en una situación similar a la que se encuentra ETA.

¿O en la posición actual de los grupos escindidos del IRA?

Sí, hay un grupo duro republicano que no considera el conflicto resuelto y recurre a la violencia. La amenaza de los disidentes no va a desaparecer e Irlanda del Norte puede desembocar, dentro de una década, en una situación parecida a la del País Vasco. Gerry Adams y Martin McGuinness [dirigentes del Sinn Fein] fueron capaces de arrastrar al movimiento republicano prácticamente intacto en apoyo del Acuerdo de Viernes Santo basándose en una falsa ilusión. Creyeron que el acuerdo conduciría hacia la unidad de Irlanda y que recogerían frutos durante mucho tiempo. Comienzan ya a darse cuenta de que están en una situación rutinaria y prosaica, de autogobierno compartido con los unionistas, en la que la unidad de Irlanda no se va a conseguir para 2016. Esta realidad puede ser la causa de la renovada violencia de los ideólogos duros que rechazan dejar las armas.

¿Por qué la disidencia republicana atenta ahora, diez años después del acuerdo político?

Es un error pensar que los disidentes han retornado al cabo de diez años. Nunca han desaparecido de la escena. Ha habido un constante latigazo de ataques o atentados frustrados antes y después de 1998. Desde el Acuerdo de Viernes Santo, se les atribuyen cien ataques, con tiroteos o bombas, y, por desgracia, consiguieron matar recientemente a tres miembros de las fuerzas de seguridad.

¿Coincide con el Sinn Fein en que los disidentes carecen de apoyo popular?

Es difícil saberlo y, al mismo tiempo, es una pista falsa. ¿Qué apoyo tenía el IRA durante el conflicto? El Sinn Fein contaba con el 10% del electorado, pero dudo de que todos ellos apoyaran la campaña violenta del IRA. Sí creo, en cambio, que es improbable que los disidentes puedan mantener una campaña como la del IRA en los setenta. El acuerdo ha resuelto los problemas de discriminación de la población católica y la sensación de agravio político no existe más allá de un grupúsculo de radicales. Tampoco hemos presenciado la última acción de la disidencia republicana. Mientras la isla esté políticamente dividida, habrá alguna forma de IRA militante.

¿El retroceso electoral del Sinn Fein, particularmente en la República de Irlanda, juega a favor de los disidentes?

Probablemente les hace daño dentro de su propio sector duro. Los escépticos hacia el proceso de paz de Adams y McGuinness lo apoyaron porque creyeron que su plan era verosímil: que el Sinn Fein formaría parte del Gobierno de Belfast y ganaría fuerza en la República entrando en un gobierno de coalición. En este escenario, el Sinn Fein estaría representado en gobiernos a ambos lados de la frontera y podría argumentar que la frontera iba erosionándose orgánicamente. El fracaso del proyecto del Sinn Fein en el sur hace muy difícil que Adams muestre cómo va a lograr la unidad de Irlanda. Sin avances en la República, quedan atrapados en la realidad cotidiana del Acuerdo de Viernes Santo y se limitan a ser ministros de la Corona británica.


Es necesario apuntar que cualquier libro, ensayo o texto acerca de la resolución de conflictos políticos sea escrito sin un verdadero compromiso para con la información objetiva el resultado siempre será el mismo; el conflicto político se reducirá a un asunto de buenos y malos donde los buenos son los gobiernos mientras que a los miembros del lado opuesto del conflicto serán etiquetados como radicales, terroristas, herejes, fundamentalistas o el término que esté de moda.

Las respuestas proporcionadas por el tal Martyn Frampton son correctas, el autor evita caer en las trampas tendidas por la entrevistadora que descaradamente busca avalar la actitud de los diferentes gobiernos que desde Madrid se han negado a sentarse seriamente a la mesa de negociación de la autodeterminación de la porción continental de Nabarra.

Pero hay que señalar claramente que tanto Frampton como los otros autores dejan fuera del escenario puntos claves como lo son: el apartheid a que se ha sometido al electorado vasco usando para esto la Ley de Partidos Políticos específicamente diseñada para arremeter en contra de la izquierda abertzale, la represión policial que se manifiesta en el hecho que Nabarra es la región de europa con más presencia policial por habitante, la negativa del gobierno de Juan Carlos Borbón a reconocer el conflicto en su naturaleza política y por último, el terrorismo de estado.

Quisimos dejar este elemento para el final por la insistencia por parte de la entrevistadora y el entrevistado en etiquetar tanto al ERI como a ETA como grupos terroristas. Vayamos al principio, el terrorismo como arma política fue inventado durante la Revolución Francesa cuando Maximiliene Robespierre y sus correligionarios decidieron que el fin justificaba los medios y que cualquier oposición a su movimiento debería ser salvajemente reprimida.

Este metodo de control férreo de la población fue rápidamente remedado tanto por las democracias burguesas como por los regímenes autoritarios, así, el terrorismo también ha sido usado por el régimen franquista dese 1936 hasta nuestros días. Desafortunadamente los "demócratas" decidieron que la paternidad del terrorismo no podía recaer en Maximiliene Robespierre pues ya se había decidido maquillar a la Revolución Francesa para así poder sustentar la noción de que las sociedades europeas habían evolucionado hasta formar estados regidos por los principios de la igualdad, la fraternidad y la libertad.

Así pues, había que redefinir al terrorismo y dotarlo con un nuevo padre, tal "honor" ha ido a recaer en dos personas, por un lado en el ruso Piotr Zaichnevski quien utilizó el termino para referirse al derecho a la resistencia de los pueblos oprimidos y por otro en Gavrilo Princip quien en Sarajevo asesinara a Franz Ferdinand y su esposa en un hecho que supuestamente detonó la Primera Guerra Mundial.

Pero para sorpresa de nuestros amables lectores, en su sentido actual, el término fue acuñado extensivamente por la propaganda nazi para hacer referencia a los movimientos de Resistencia de los países ocupados por el ejército alemán y consolidado por las dictaduras latinomericanas de las décadas del 70 y del 80 y los Estados Unidos, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional desarrollada desde la Escuela de las Américas. Y al significado inventado por los propagandistas nazis es al que han recurrido tanto Inglaterra (supuesto enemigo de los nazis) para referirse al ERI como el Estado Español (aliado de los nazis) para referirse a ETA.

Ahora bien, se debe hacer patente que existen relaciones estrechas entre el derecho a la resistencia por parte de los ciudadanos y el terrorismo de estado, siendo el segundo, muchas veces, la justificación del primero.

Cuando a las democracias burguesas les conviene, un grupo luchando en contra de un tirano pasa de ser grupo de resistencia o "freedom fighters" (como se les conoce en inglés) cuando el tirano no es miembro de su selecto grupo a banda terrorista o radicales cuando el tirano en cuestión es uno de ellos.

Así pues, de manera tramposa, el gobierno de Juan Carlos Borbón representado por su ministro José Luis Rodríguez Zapatero con tal de sabotear el más reciente proceso de paz llegó al extremo de ocultarle al pueblo español que la organización independentista vasca ETA había incluso puesto sobre la mesa el asunto del desarme definitivo a lo que Madrid respondió con un acto más de terrorismo de estado: el arresto y encarcelamiento de los enviados de ETA al proceso de paz, acto que esta tipificado como violación a la Convención de Ginebra.

No podemos olvidar que en el caso irlandés como en el vasco a estos dos pueblos tienen protegido el derecho a su autodeterminación por el Pacto Internacional de los Derechos Políticos y Civiles de la Organización de las Naciones Unidas, de allí el interés por parte de Madrid y París por no acreditar el diferendo político con Nabarra con ese carácter y su insistencia en reducir todo a "la violencia de ETA".

Todo esto de lo que hemos hablado no ha encontrado grandes espacios en la prensa internacional pero ya sabemos que a los propietarios de estos consorcios noticiosos lo que menos les interesa es la paz, la libertad, la justica, la igualdad y la fraternidad.

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