viernes, 1 de abril de 2016

Las Lecciones de Durango

Se ha conmemorado un aniversario más del bombardeo fascista a la localidad vasca de Durango.

Les compartimos este artículo publicado en Libertate Nafarra:
Durango es un municipio de casi 30 kilómetros cuadrados situado en el valle de Ibaizabal (Navarra Occidental). Fundada en 735, la villa de Durango recibió el fuero de Logroño de manos del rey Sancho VII el Fuerte. Al igual que otras villas y municipios de la Navarra Occidental, en 1200 Durango cae en manos de Castilla, bajo cuyo dominio continua hoy, año 2016. A la llamada Herejía de Durango, allá por el siglo XV, por la que un buen número de durangotarras fueron quemados en la hoguera a raíz de la predicación de unos franciscanos, le siguió la peste de 1517 y el grave incendio de 1554, sin olvidar las luchas derivadas de las rivalidades con la anteiglesia de Abadiño, atajadas por Felipe II en 1566.

Desde mediados del siglo XVIII en adelante, la historia de Durango está jalonada de ataques a la lingua navarrorum. Carlos II, Carlos III y Carlos VI promulgan importantes disposiciones contrarias al uso del euskara. Son medidas que culminan en 1857, en que la Ley de Instrucción Pública expulsa a nuestra milenaria lengua de las escuelas de Durango. En la siguiente década, el vasco se prohíbe en escrituras de carácter público y en los teatros de la villa. Ya en 1902, y dada la pertinaz costumbre de los durangotarras de seguir usando su idioma nativo, se establecen castigos a los maestros que enseñen en lengua vernácula. En los años veinte, nuevas medidas recortan los derechos de los euskoparlantes de la villa.

Acostumbrada a los rigores de la guerra – Durango albergó la corte del pretendiente carlista tanto en la Primera Guerra Carlista como en la segunda -, lo peor estaba por llegar. Un día como hoy de hace 79 años, la Aviación Legionaria Italiana dejaba caer sus bombas sobre la villa. A los 500 fallecidos y 750 heridos registrados hay que unir la sistemática persecución que sufrió el euskara, en esta ocasión de modo mucho más efectivo que en décadas y siglos anteriores.

Los bombardeos que las fuerzas aliadas del General Franco perpetraron en territorio vizcaíno durante la Guerra Civil responden a una estrategia de aniquilación de los nativos de un territorio conquistado a sangre y fuego. Es en ese contexto en el que cabría valorar los hechos del 31 de marzo de 1937.

Con frecuencia, los expertos en Memoria Histórica aluden a la legalidad constitucional de la II República y al modo en que los golpistas alineados con el Caudillo dieron al traste con un régimen legítimamente constituido. Desgraciadamente para la Memoria Histórica de nuestro Pueblo, ignoran, olvidan u ocultan que la legalidad vigente ya había sido violada en 1200 con la ilegal conquista, represión y ocupación de la Navarra Occidental. Ninguno de los hechos luctuosos que jalonan la historia de Durango puede releerse fuera de ese marco de conquista continuada de Navarra a manos de Castilla-España.

Fueron muchas las provincias españolas que no secundaron el levantamiento del 18 de julio de 1936 y, sin embargo, sólo dos de ellas fueron designadas como provincias traidoras a ojos del alto mando sublevado: Gipuzkoa y Bizkaia. Los bombardeos masivos sobre población civil podrían haberse producido sobre cualesquiera provincias desafectas al alzamiento. La cercanía y garantías que ofrecía el Aeródromo de Salburua, en Gasteiz, permitieron organizar de manera óptima las razzias que masacraron no sólo Durango, sino también Otxandio y, especialmente, Gernika.

¿Qué mejor laboratorio de guerra para el totalitarismo que la población desarmada de un estado conquistado a sangre y fuego pero siempre irredento y deseoso de recuperar su libertad? Durango fue una víctima propiciatoria perfecta y un inmejorable banco de pruebas que, años después, en la Segunda Guerra Mundial, permitiría a las grandes potencias poner en práctica lo aprendido allí. Como reza el viejo adagio, Todo vale para el convento, dijo el fraile, quien llevaba una puta al hombro. Quemar presuntos herejes, perseguir a la lingua navarrorum y bombardear indiscriminadamente constituyen estrategias aparentemente dispares e inconexas. Pero en ello radica precisamente su efectividad a la hora de dominar a una colonia. Es así como España convierte su conquista puntual (1200) en una conquista continuada que llega hasta nuestros días, año 2016.





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