sábado, 8 de agosto de 2009

La Calle

Cuando se le entrega el poder de un estado a individuos de frágil condición humana más temprano que tarde estos intentan compensar su falta de capacidad y de talento imponiendo leyes draconianas que erosionan las libertades del pueblo al que dicen representar. Con este escrito publicado en Gara el autor del mismo le pone los proverbiales puntos a las íes de Francisco Javier López en lo que respecta a "sus calles":

Josu Imanol Unanue Astoreka | Activista social

La calle no es vuestra

La calle, ese espacio donde se juega, se divierte, se habla, se pasea o se está, nunca ha de ser de nadie en concreto, pero si llegara el momento de reivindicar la propiedad de la misma, debería ser un espacio libre de cualquier presión «legal» institucionalizada.

Me explico, los políticos de antaño y actuales, una vez en el poder, tienden a aborregar a sus ciudadanos como si de meros sirvientes se trataran, para ello, emiten un montón de leyes desde sus elegantes edificios, ajenos a esa capacidad de organizarse y reivindicar soluciones a las carencias, algo que es natural en todos los seres libres y críticos en pensamiento. Ciudadanos, la mayoría, no compensa- dos ni con sueldos, ni por magnificas posibilidades de gobernar, mandar, ejecutar e incluso abusar de poder, cosa que a mi entender no es gobernar justamente.

Los políticos siempre tienen la razón cuando logran gobernar, y si no la tienen, intentan obligarnos a creer que así debe ser siempre. Para ello, sus leyes, no siempre favorables a la inmensa mayoría de ciudadanos, se hacen respetar, si hiciera falta, con otros ciudadanos uniformados para no confundirlos. Los mismos que, a cambio de un sueldo, son capaces no sólo de imponernos los deseos de los señoritos políticos, sino incluso de darnos una buena reprimenda por no acatar los dictados de «su» patrón del momento.

De ahí que las calles sean, aunque así no guste recordarlo, el único espacio donde la gente tiende a expresar no sólo sus apoyos al gobierno del momento, sino incluso su enfado, su oposición, las reivindicaciones olvidadas, las ideas que no por ser minoritarias son injustas, etc.

Evidentemente, «nuestros» políticos, que en este momento rigen las administraciones de nuestros respectivos territorios, no están a gusto con mandar gracias a una ley de partidos que por más que insistan es antidemocrático, sino que han llegado a lamentar que aún haya gente que no les aplauda su quehacer, por lo que desean reivindicar como en los mejores momentos de Fraga, que la calle es de ellos, al igual que fue de los hitlerianos, los fachas, Los golpistas del 36, los «bien pensantes»... mucha mierda para remover conciencias.

Pero la calle no es vuestra ni de ningún otro, es de todos, pero sobre todo de los que no han sido respetados una y otra vez, cada vez que han participado en alguna contienda «legal» o de los que no se sienten «legalizados» convenientemente por el pensamiento «mayoritario».

La calle deberá de ser de los minoritarios y la pluralidad, o de aquellos que no teniendo, ni ejércitos, ni uniformados a sueldo, ni de emisoras publicas, medios de comunicación en general para crear opiniones interesadas con el dinero recaudado a nuestro pesar, no admiten que no se respete la voluntad popular. Y antes que se malinterprete mi comentario, desearía citar un montón de abusos o proyectos impuestos contra la voluntad de los ciudadanos o sin contar con ellos, en este u otro país, nación, estado o lo que fuera: térmicas, puertos, parques eólicos, TAV, dispersión política, Ley del menor, cierre de medios, 18/98, detenciones preventivas, torturas, tratamientos médicos con precios desorbitados, participación en guerras «legales», fabricación de armas y venta, ley del vascuence, Trebiño, machismo vigente y efectivo......

La calle, no insulta por tener un cartel reivindicativo o una foto de una persona privada de libertad, porque ello, lejos de ser un ataque a la libertad, reivindica un deseo de las personas que no disponen de todo el patrimonio económico ciudadano recaudado por las administraciones politizadas o los medios de comunicación que se manipulan según el gusto y deseo de los que están en el poder.

La calle no sólo es cemento, tierra prensada o adoquines, son espacios de personas que pensándonos libres de otro tipo de represión «legal», sirve como espacio para comunicarnos o desarrollar proyectos más participativos que unas elecciones cada cuatro años, para votar y elegir sólo a esos que reivindican entre otras cosas, incluso el uso de las calles para sus desfiles, para su propaganda o para sus acólitos.

La calle se ha de negar a ser un mero espacio silenciado, mudo, utilizado para no pensar, no reivindicar, no protestar, porque si eso se lograra, pasará lo que en Honduras, que los golpistas se muestran más legales que nadie, silencian o matan a los que los denuncian y ponen condiciones a los perseguidos, ante la indiferencia de los demás «demócratas» del mundo.

La calle se niega a enmudecer y eso demuestra la salud de los ciudadanos que lo utilizan y utilizarlos es nuestro derecho mas elemental.


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