viernes, 15 de mayo de 2009

El Himno y el Chivo Expiatorio

Anoche el periodista mexicano Ciro Gómez Leyva se volvió a referir a la censura por parte de TVE durante la silbatina dirigida en contra de Juan Carlos Borbón en el Mestalla, una vez más tanto él como el experto en deportes que le acompañaba se burlaron del burdo comunicado con el que el director de la televisora estatal española, un individuo de nombre Javier Pons, explicaba las "razones" para cesar de sus funciones al director de deportes Julián Reyes.

La verdad es, Julián Reyes es el chivo expiatorio en todo este asunto, el cambio de transmisión del Valencia a Bilbao y luego a Barcelona no fue un error, al contrario, fue un engendro de la desesperación ante la inminencia de lo que ya se sabía que sucedería. Ni la camarilla del militar franquista con puesto de monarca, ni los consejeros de Rodríguez Zapatero, ni la directiva de RTVE supieron que hacer y la "mejor" idea que se les ocurrió, como auténticos funcionarios de un gobierno fascista fue la de censurar la rechifla.

Y alguien tenía que pagar los platos rotos, y ese fue Julián Reyes... por que ni Borbón, ni Zapatero, ni Pons van a tener la entereza de autoculparse.

Pues bien, para hablarnos del himno que no se escuchó a causa de la educada y valiente reacción de los aficionados vascos y catalanes, tenemos un apunto histórico por parte de Manuel F. Trillo en un texto publicado en inSurGente:

Pitada contra el Himno Nacional y el monarca

Manuel F. Trillo

Mantengo la denominación “Himno Nacional” porque de este modo fue registrado en un decreto franquista de 1937 (D. 27 de febrero de 1.937, Gob. del Estado nº 226, declarándolo a la Marcha de Granaderos). Así podremos concluir que el tal himno habiendo sido impuesto por el dictador en plena guerra civil y por medios represivos como la muerte y la cárcel inmediata para quienes no lo respetaran junto con el Saludo Nacional (O. 24 de abril de 1937, nº 263) y el restablecimiento de la enseña roja y gualda como Bandera Nacional (D. 29 de agosto de 1936, nº 77), son ambos (himno y bandera actuales) herencia clara del fascismo, y por tanto carentes de legitimidad alguna para los ciudadanos; a salvo quedan los que se sientan y declaren hijos del franquismo y seguidores –aun a escondidas- del régimen que se autoproclamó como Nuevo Estado.

En cuanto al monarca actual poco más se puede decir de lo que se ha dicho y escrito respecto a su falta de legitimidad democrática. Habiendo sido elegido por el dictador personalmente, y conociendo el franquismo de la carencia de bases legales para que le sucediese en las funciones de “dictador con corona”, y buscando el apoyo de los monárquicos agazapados durante los 40 años de franquismo, dictó una Ley de Sucesión (julio de 1947 y 22 de julio de 1969) para que este monarca lo fuera a la muerte del dictador. En 1971 le otorgaron la función de ejercer la dictadura para el caso de enfermedad o ausencia de Franco. Es tan innegable la intención del dictador, y tan complaciente fue el que ahora aparece como “monarca parlamentario”, que no tuvo empacho en sustituirle en dos ocasiones ejerciendo las mismas funciones de quien le designó (desde agosto hasta septiembre de 1974 y entre octubre y noviembre de 1975). Durante este período ejerció como dictador al serle delegadas las que ejercía Franco desde septiembre de 1936. El 22 de noviembre de 1975 juró los Principios del Movimiento Nacional alabando a su antecesor y prometiendo respeto y fidelidad a su persona. El monarca actual no fue jamás ratificado como jefe del Estado, y desde un punto de vista legal (dejando al margen la legitimidad por el momento) es un usurpador de la Jefatura del Estado.

La pitada contra el “himno nacional” y contra el “monarca” no carece de fundamento, y muchos son los ciudadanos que –hartos ya de una imposición dictatorial- se manifiestan en contra de semejante circunstancia de un modo u otro (quemando la “bandera nacional” , manifestándose contra el monarca en cualquiera de sus actos públicos –tal como ocurrió en Sama de Langreo el 17 de abril de este año cuando los comunistas le afearon su presencia con el Himno de Riego durante horas-, a través artículos en los medios de comunicación o viñetas que denostan la presencia de una familia que sólo holgazanea).

El “himno nacional” –denominación que recibe por primera vez en 1937 en la España controlada por el Ejército Nacional (los “nacionales”), pues anteriormente se le conocía como “marcha de granaderos”- basa su existencia en los principios que le hicieron existir. Para ello debemos acudir a los argumentos del decreto de 1937 donde se dice de modo explícito:

“Al constituirse el Nuevo Estado, fue recogiéndose de nuestro antiguo patrimonio cuanto de simbólico y representativo la Nación añoraba, interpretando el sentir de los buenos españoles, que se pronunciaban por una España grande, libre y tradicional. Así el pueblo enarboló desde los primeros instantes la gloriosa enseña (roja y gualda), que es hoy de nuevo la bandera de la Patria. Abolido el himno, en desafortunada fecha adoptado (se refiere al himno de Riego), y que a su significación histórica unía el recuerdo de cinco años de traiciones a la Patria (desde 1931 a 1936), las músicas nacionales volvieron por lo que era español y tradicional, y la “Marcha Granadera” alzó sus notas en las plazas, iglesias y Catedrales, recogiendo el entusiasmo de lo que por ser Himno de España no debió jamás adscribirse a formas de Gobierno a que no estaba unido. Otros himnos gloriosos hicieron su aparición en la Cruzada y fueron cantos de guerra, Himnos de la Raza, que no obstante su particularismo de origen, han quedado unidos a la Historia Nacional …Por todo lo cual, y necesitando el Estado declarar un Himno Nacional…queda declarado el que lo fue hasta el 14 de abril de 1931, conocido como “Marcha Granadera” que se titulará “Himno Nacional” y que será ejecutado en los actos oficiales, tributándole la solemnidad, acatamiento y respeto que el culto a la Patria requiere”.

La extensión de la cita se justifica por la necesidad de que se entienda la naturaleza y fundamentos de lo que representa el Himno Nacional –denominación que no debiera perderse, sabiendo que si de ese modo lo denominó por primera vez el franquismo, adquiere el mismo rango de esos otros “cantos de guerra, Himnos de la Raza”. El himno que pone en pie al monarca y otros representantes políticos es el mismo que Franco impuso testicularmente –tal como lo hiciera Fernando VII- en 1937, y de ningún modo un ciudadano puede verse sometido a tributarle “solemnidad, acatamiento y respeto”, pues sería tanto como tributarle esas mismas conductas al dictador ya muerto hace 34 años y aplaudir los crímenes y las fechorías del franquismo.

El “Himno Nacional” se equipara a otros “cantos de guerra”. Ciertamente así lo afirma el decreto que lo instaura en 1937. ¿Cuáles son esos “cantos de guerra” en pie de igualdad con ese Himno Nacional?. Nos los aclaran los franquistas, y por tanto los actuales gobernantes del Estado monárquico español debieran de tributarles también solemnidad, acatamiento y respeto: “los Himnos de la Falange (“Cara al sol”), de Oriamendi (“Por Dios, por la Patria y el Rey”), y de la Legión (“Soy valiente y leal legionario”), debiendo en los actos oficiales en que se toquen ser escuchados en pie como homenaje a la Patria…” (D. de 1937).

El respeto a las canciones, a los textos, a las personas, a las instituciones…, e incluso a uno mismo, requiere que exista congruencia entre “el dicho y el hecho”, y que la ideología desde la que se contemplan sea coherente y responda a las preguntas de quien ha de ser respetado y exige respeto. No hay incongruencia en los franquistas, ellos eran los enviados de la muerte, y ejercieron concienzudamente esa labor, fueron coherentes con su ideología, pero no por ello son merecedores de respeto –como no lo son los gobernantes actuales, herederos del franquismo y franquistas irredentos como lo son las magistraturas más altas del Estado-, pues la carga de sufrimiento que produjeron a millones de seres humanos no se puede pagar de ningún modo –aún espero que Fraga Iribarne sea encausado por complicidad en delitos que aún no han prescrito y que altas magistraturas respondan también por los mismos crímenes.

En cuanto a que TVE haya censurado el momento de la pitada contra el Himno Nacional y el monarca no me extraña ni me escandaliza, tal como les ocurre a algunos necios españoles. La sombra de Franco es alargada y la sostiene, con muy buena mano, el monarca designado por el dictador. Que dimitan o dejen de dimitir algunos lacayos, sirvientes o palanganeros del monarca es algo que no me altera, y además hay que entenderlo como una coartada del propio sistema monárquico para salvar las apariencias y que se entienda por la plebe, “la chusma”, como que en este Estado hay democracia. Los palanganeros acaban contagiándose con venéreas y otras miserias, y en las muñecas lucen siempre un collar de sarna (en este caso, y otros, sarna ideológica).


Lamentamos no poder presentarles el video del (todavía) empleado del ministerio de propaganda franquista Javie Pons que causó tanta hilaridad a Ciro Gómez Leyva y los televidentes mexicanos, no está disponible en la red por el momento. Por cierto, el experto en deportes se refirió al individuo con casaca del Athletic como "un empleado de TVE haciéndose pasar por aficionado vasco". Mucho mejor lectura que la de los españolistas de SUBO que se refirieron a este mismo individuo de ser un vasco imbécil firme creyente del "paradigma aranista".

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