sábado, 17 de mayo de 2008

Un Callejero para Marlaska

He aquí un escrito publicado en Rebelión:


Grande Marlaska, pequeño Marlaska


El titular del Juzgado Central de Instrucción número 3, Fernando Grande Marlaska, ha procesado a la alcaldesa de Hernani, Marian Beitialarrangoitia, por una cuestión de quítame allá esos nombres de calles. Al juez de la Audiencia Nacional le parece fatal que el pueblo guipuzcoano tenga una vía urbana en honor de los gudaris y otra que recuerda a una persona que él da por hecho que fue integrante de ETA, aunque nunca fuera condenada en firme por serlo. Y empura a la actual alcaldesa, por más que los nombres de esas calles no sean cosa suya, porque los decidieron los munícipes anteriores.

Es evidente que Fernando Grande Marlaska –aparte de demostrar que cuenta con mucho tiempo libre, lo que le permite dedicarse en cuerpo y alma a tamañas pijadas– no tiene ni idea de Historia. Los gudaris fueron los soldados del Ejército vasco integrado en las fuerzas regulares de la II República Española. Rendirles tributo no tiene nada de delictivo.

Si al juez Grande Marlaska le apasionan este tipo de asuntos, podría echar una ojeada, por ejemplo, al callejero de Santander, ciudad que cabe recorrer de norte a sur y de este a oeste sin perder el trazo de las glorias del nazi-fascismo español, todo ello partiendo de la estatua ecuestre del invicto caudillo Franco, frente al Ayuntamiento. No me sería nada complicado colocarle delante de las narices una lista interminable de calles, avenidas y plazas españolas dedicadas a asesinos, torturadores y bestias de toda suerte y condición, que ahí están, y tan campantes. Podría añadirle, como apéndice, otra relación inacabable de iglesias que veneran a personajes de ese estilo en sus muros externos y en sus criptas subterráneas.

No pretendo dármelas de freudiano, pero me malicio que el paso de Grande Marlaska por Euskadi y el trato despectivo y desagradable que algunas gentes zafias de la izquierda abertzale concedieron entonces a sus asuntos personales tienen un peso decisivo en sus querencias, fijaciones y fobias actuales.

No obsta. Una cosa es que uno esté razonablemente resentido y otra que se dedique a juzgar, venga o no a cuento, a partir de sus resentimientos privados.



Que cosas tiene el inveterado y desvergonzado franquismo de la clase dominante española.


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