lunes, 5 de mayo de 2008

Festejando el 2 de Mayo

El ensayo que les presento a continuación a sido publicado en Rebelión. El mismo desnuda la hipocresía del nacionalismo español.

Aquí lo tienen:


El nacionalismo español, sin careta

Fabio González


La exaltación de una rebelión que bramaba, literalmente, "¡Vivan las cadenas!" contra un proceso de reforma liberal-burguesa, bajo principios ilustrados de la época, y en favor del antiguo régimen absolutista, encarnado por la figura del Rey Fernando VII, esto es, la conmemoración de la fecha del 2 de mayo de 1808 supone un punto de inflexión ideológico que apuntala las bases de un pensamiento que ya existía, pero que por primera vez, se reconoce como tal, de modo explícito: El nacionalismo español.

Como cualquier otro pensamiento nacional, el español es transversal y "afecta" tanto a la derecha como a la izquierda. Sin embargo, en el caso particular del nacionalismo español, este viene marcadamente liderado por los postulados de un conservadurismo post-dictatorial . Si en la transición el substrato españolista se escondió - que no eliminó- con la intención de no agitar demasiado la desafección hacia la idea de España allí donde era - y es- mayoritaria, ha sido la entrada en el siglo XXI, y especialmente en los últimos años de Aznarismo, con la victoria de ZP en 2004 como catalizador, cuando el nacionalismo español, en un sentido cultural, se ha hecho hegemónico, casi asfixiante.

De sobra está decir que, como impulsor del mismo, el PP está totalmente impregnado, sin embargo es notoria la penetración de este discurso en el ámbito del PSOE e IU- siendo el PCE un espacio ya bastante españolista de por sí- que hace a su vez que en los lugares en los que este pensamiento nacional ha emergido con fuerza, los conservadores obtengan victorias arrolladoras. Nadie defiende la idea de España como los auténticos.

El nacionalismo español tiene una particularidad, un handicap considerable. Es incapaz de expresarse en positivo, salvo topicazos y vagos lugares comunes. Al fin y al cabo, la idea de "España" y sobre todo la de "el pueblo español" es tan abstracta como heterogénea. Es difícil encontrar complicidades socio-culturales para el conjunto de los "españoles", algo que, por contra, parece bastante más sencillo cuando hablamos del "pueblo vasco", "los ingleses" y otros casos. Un problema similar, por ejemplo, a la hora de referirse al "pueblo belga".

El españolismo sin embargo se mueve como pez en el agua cuando se reafirma con carácter ofensivo. La demonización del nacionalismo catalán, primero, y de toda Catalunya como fórmula más visceral y sin embargo ampliamente extendida, en segundo lugar vienen a ser expresiones de masas del pensamiento que difunde la conciencia nacional española. Es especialmente notorio la agresividad contra el catalán, idioma que se percibe como amenaza real hacia el castellano por su resistencia a pesar de los envites expansionistas de la lengua castellana en zona catalanoparlante, una lengua además "culta" por ser de origen latino, y con una proyección internacional que saca de sus casillas al buen español.

Con respecto al nacionalismo vasco, qué duda cabe, la reprobación es total, sin embargo distinta. La existencia del conflicto armado permite que la animadversión sea fruto de la inercia y no necesita de más madera ideológica día sí y día también. Además está comunmente extendida la idea de que hay "vascos no nacionalistas y por tanto buenos españoles" a los que se les debe mantener el afecto, cosa harto dudable en el caso catalán en el que la postura catalanista del PSC parece mostrar una conjura antiespañola desde Girona hasta Tarragona. Además, y esto es importante, el euskera es tratado de un modo absolutamente despectivo, tomándolo como lengua inferior, bárbara, artificial, pobre y por tanto un elemento no desafiante que incluso podría aceptarse como mero folclore. La mayor dificultad en la recuperación del euskara añade una dosis de relajación en este sentido.

Por tanto, el nacionalismo español además de necesitar unos viscerales, irracionales, y detestables enemigos, se encuentra con una incongruencia que salva a duras penas y es la incapacidad de defender una España "plural" y en plurilingüe. Será qué no encuentran quién lo haga, no deja de sorprender que quienes claman desde posiciones pro-españolistas por este plurilingüismo, sean analfabetas en otra lengua del Estado, y sin embargo quienes, supuestamente, agreden la presencia del castellano, hablen con absoluta perfección su lengua propia y la española. Curioso, sin duda.

El nacionalismo español tiene otra característica, genialmente retratada en el libro de Carlos Taibo "Nacionalismo español: Esencias, memorias e identidades", y es que hasta reciente fecha, no se ha reconocido como tal. Así, como "nacionalista" sólo cabe dirigirse, de modo despectivo, a quién desde la periferia entiende que su referente estatal es otro distinto al español, bien sea el vasco, el catalán, el gallego. Eso, por supuesto, le convierte en una bestia irracional y racista. El nacionalismo español, el mismo que provocó 40 años de dictadura, tiene el garbo y el desparpajo de presentarse a sí mismo como única fuente de ciudadanía, en una notoria huída hacia adelante. Algo así como, "ya que he sido y soy el más facha y anti-ilustrado, voy a convertirme en el más ciudadano y liberal, a ver si cuela". A algunas y algunos parece que sí, que ha colado.

Por tanto, la hegemonía cultural nacionalista española presentaba como "nacionalismos" a los demás, y como racionalidad ciudadana al propio. Algo así como que no es posible ser ciudadano si no se es español. Después, aclaraban, también se es ciudadano si se es francés, o alemán... entonces uno descubre que para no ser una bestia etnicista ha de tener un referente nacional con un estado ya constituido. Y ahí venía el problema, porque en las últimas décadas se han creado más estados que en toda la Historia y esto es algo que, bien es sabido, pone muy nervioso a este nacionalismo. Sobre todo por qué pone de manifiesto que, defender un referente nacional sin estado, lógicamente, no es incompatible con la defensa de la razón, la ciudadanía, las leyes justas y otras tantas, algo que, vista la Historia, es cuanto menos cuestionable con la idea de España y sus defensores. Y no me hagan sacar la lista.

El nacionalismo español, cada vez más, está reconociendo que lo es, y esta consecuencia entre quienes, más o menos inconscientemente, lo siguen y profesan no es predecible. Al fin y al cabo era muy cómodo decir "ya están los nacionalistas" pero ahora... ¿Si también lo soy yo? Bueno, eso sería quizás mucha reflexión en este caso.

Cuando hablamos de nacionalismo español en un modo cultural hay que resaltar que, en el caso del neorepublicanismo no se ha sido estéril a este. La actitud contra el nacionalismo vasco, catalán-valenciano y gallego, obviando el frente común en 1936, es manifiesta. Quienes defienden ese tipo de República Española, aún guardan como resquicio la palabra "autodeterminación" - aunque les molesta bastante- y contraponen con absurda equidistancia al nacionalismo - por muy de izquierdas que sea- periférico con la monarquía. Esto, por supuesto es legítimo, pero no deja de ser nacionalismo español, en tanto que defienden una nación dentro de un marco estatal - republicano- unido. Se que es duro decirlo, pero así les va.

Enlazando con la fecha, 2 de mayo, me gustaría recalcar el carácter madrileño de este nacionalismo español que se fecha en el siglo XXI pero que es tan rancio y ultra como el original. La idea de España que se está proyectando desde este ámbito es una idea madrileña de España, y esto es debido a varios factores. Unos periódicos y medios de comunicación estatales con base en Madrid y con una difusión mayoritaria sólo en esa comunidad, unos partidos con sede en Madrid, toda la administración del Estado sita en Madrid, el núcleo más numeroso de adscritos al nacionalismo español viven en Madrid... En realidad, y en la práctica, se trata de un nacionalismo madrileño de ámbito estatal.

Festejemos, pues, este 2 de mayo que al menos, empieza a poner a cada uno en su sitio.



En nuestra humilde opinión el autor se quedó corto pues no incluye las barbaridades cometidas por el nacionalismo español en las colonias de América, África y Asia, barbaridades que a la fecha son heridas abiertas en el tejido social de los estados surgidos en los diferentes procesos independentistas resultados de los sucesos de 1808.


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1 comentario:

  1. Es curioso pero todo el mundo se olvida de que existía un Reino de Navarra hasta 1841.

    Navarra tenía las fronteras en el Ebro, acuñaba moneda con la sola inscripción "Reino de Navarra", sabido esto, ¿A cuenta de que se reclama ahora la existencia de una única nación española en 1808?

    Intrepretar la historia con la mentalidad actual y además olvidar conscientemente una parte es perverso.

    Un saludo, quedo a vuestra disposición en : http://napartarra.blogspot.com/

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