martes, 26 de junio de 2007

Romanización III

Gracias a la labor de SUBO-Baskonia continuamos con extractos del libro de Tomás Urzainqui titulado "Navarra Estado Europeo" en lo referente a la larga relación entre Vasconia y el Imperio Romano:

Carta de Honorio

Tomás Urzainqui

En esta época Pamplona era la urbe más importante entre las civitas vasconas, sobrepasando a Calagurris, Oiarso, Cara, Tarraga, Andelos, Cascantum, Graccurris, etc., debido a su privilegiada situación en la confluencia de las calzadas que venían o se dirigían a las Galias, a Hispania, al Mediterráneo y al Océano, así como centro mercantil, social y político para las comunidades romano-vasconas que consolidaban su existencia en el bajo imperio.

Esta carta del Emperador Flavio Honorio a las milicias de la urbe de Pamplona del año 408, recoge la noticia de la organización de la defensa contra los bárbaros, por parte de las milicias pamplonesas, que deberán tener la misma retribución que las de las Galias. Existe otro ejemplo de documento epistolar de la época del Emperador Honorio, en la que contesta a la petición de ayuda imperial solicitada por las comunidades bretonas que cambaten al usurpador Constantino y los insta Honorio, ocupado en su lucha con Alarico, a que ellos mismos realicen la defensa con sus propias fuerzas. En esta primera y remota noticia se refleja la realidad socio-política de los pamploneses. Unidad que hará posible la consolidación sucesiva, en evolución propia, primero del Transpirenaico Principado (Condado y Ducado) de Vasconia, siglos VI al VIII, después del Reino de Pamplona y la conformación de Navarra como Estado europeo hasta el siglo XIX (1841), que permanecía independiente al norte del Pirineo en el siglo XVII (1620).

Ante las interpretaciones que se han hecho de esta carta de Honorio a Pamplona, relacionándola con el documento llamado la «Notitia Dignitatum», Arce señala que todas las especulaciones nacidas de su interpretació n son completamente baldías ya que el inventario (Notitia Dignitatum) y disposición de las tropas allí mencionadas no se corresponde con una realidad histórica. Lo que representa dicho documento es un planteamiento teórico militar de la época de Augusto, recuperado por la administración imperial en los momentos de crisis de comienzos del siglo V. En realidad, este ejército de la Notitia Dignitatum nunca se acantonó en la «Diocesis Hispaniarum» ni participó nunca de un supuesto «Limes Hispánicus» que jamás existió y menos contra los vascones.

El siguiente dato es que el documento de la carta de Honorio a la «militie urbis Pampilonensis» se hubiera preservado entre la documentación política del Reino de Pamplona y estuviera unido con la relación de los Reyes de Pamplona en el texto llamado Códice de Roda, lo que nos obliga a reflexionar sobre su incidencia o reflejo en los acontecimientos que se desarrollaron dentro de dicho marco geográfico durante la antigüedad tardía, siglos V al VIII.

Es también de ésta época la información sobre el episodio de los hermanos Didimo y Viridiano, miembros de las elites romano-vasconas, que estuvieron a la cabeza de un ejército propio de milicianos, formado por naturales y la colaboración de los possessores romano-vascones, que sostuvieron durante tres años a raya a los rebeldes germanos en Orreaga.

El Emperador Honorio concedió a las milicias la «hospitalitas» en las tierras de Pamplona, ayudándoles también «doquiera haya oportunidades de vida o de pasar bien el tiempo». Esta colaboración, más o menos voluntaria, de la población con las tropas que se enfrentan a los invasores germanos, lejos de suponer la causa de una fractura social como algunos han querido ver, constituye una prueba de lo contrario, precisamente de la unidad interior de la sociedad romano-vascona frente a los germanos. Las referencias a Hispania no tienen ningún contenido político, son en época romana exclusivamente de ubicación geográfica.

Si poco antes Avieno, a finales del siglo IV, incluye en la «Ora Marítima» la interpolación «inquietos Vasconas [sic]», en referencia a problemas de índole social (bagaudas), se observa que estos no interfieren, si no que colaboran, al menos para Pamplona y su tierra, en la organización de la defensa territorial contra los pueblos invasores.

Es más, precisamente la agudización de la violencia por parte de los bárbaros, favoreció el proceso de consolidación y unificación interna de la sociedad de la vasconia-romana, que ya se había iniciado a partir del siglo II con una evolución socio-económica propia, por encima de sus clases, grupos y diversidad de intereses individuales o colectivos que pudieran estar en alguna medida enfrentados.

Los «ricos hombres», denominación común en la Vasconia norpirenaica y surpirenaica, proceden de las estirpes de «possessores» rurales de «fundos» y «villae» que en la época bajo imperial romana constituyen las elites locales. Algunos de los cuales conocemos hoy, como Verus, Didimo, Viridiano, Prudencio, Atilius, Casius, etc.

Como señala Paul Ourliac, es demostrable que la aristocracia, o «ricos hombres», de la antigüedad tardía, y Alta Edad Media, son en muchos casos descendientes directos de los «possessores» romanos que mantienen hasta la modernidad sus patrimonios. Estos propietarios son interesados defensores y mantenedores del orden romano. La pervivencia hasta nuestros días de documentos, como el de la citada carta del emperador Honorio y el De Laude Pampilone epistola, nos muestran hasta que punto se buscaba la legitimación, tanto de la situación familiar y social como de los intereses generales de amplias capas sociales en el ámbito político y territorial, dentro de las relaciones reconocidas en el Imperio Romano.

Los trascendentales documentos –llegados hasta nosotros– de la constitución de la «Novempopulania» , Lápida de Hasparren, o Vasconia aquitana, nos dan pie a suponer que en la Vasconia surpirenaica también los hubo de forma semejante y que el llamado De Laude Pampilone epistola, con respecto a la ciudad de Pamplona y a sus gobernantes, nos confirma la voluntad de mantenerse independientes respecto a las estructuras político administrativas intermedias con Roma y a los nuevos pueblos circunvecinos y en concreto primero de los celtas (galos e iberos), luego de los germanos (francos y godos).


Este es el enlace a la segunda parte.

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