jueves, 21 de junio de 2007

México Discrimina a los Refugiados Vascos

Humberto Musacchio denuncia como las autoridades mexicanas están yendo a extremos abyectos con tal de mantener contenta la la clase gobernante instalada en Madrid en este artículo publicado por IBLNews:

Los vascos, ¿extranjeros de segunda?

Humberto Musacchio

El martes, en la celebración del Día Mundial del Refugiado, el secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, encabezó la ceremonia en que 36 extranjeros recibieron su FM3, documento que acredita en su favor un estatus migratorio que les permite vivir y trabajar en el país.

En la ceremonia, Ramírez Acuña dijo que "México mantiene su tradición de receptor de aquellos que son perseguidos por sus ideas, su religión, su raza o que se han convertido en víctimas de la violencia o la violación de sus derechos humanos en sus naciones de origen y les brinda un hogar" (Excélsior 20/VI/2007).

El secretario de Gobernación informó que se trabaja en un capítulo de refugio que de aprobarlo el Congreso se agregaría a la Ley General de Población, propuesta que será enviada por Felipe Calderón con el fin de poner al día el marco jurídico, garantizar el proceso de integración y reconocimiento de los refugiados, para salvaguardar los derechos de aquellos que eligen a "México como un mejor lugar para empezar de nuevo".

A las muy plausibles declaraciones de Ramírez Acuña se sumaron las de Katia Sonohano, directora de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, quien informó que en los últimos cinco años suman unos 600 los extranjeros que han llegado a México, suponemos que no siempre con todos los papeles en regla ni cumpliendo con cada trámite que se exige a otros inmigrantes, "porque nuestras costas son muy grandes y muchas veces llegan por barco", según dijo doña Katia, quien agregó que por ser la mexicana "una sociedad tan diversa, tan plural, siempre encuentran en donde ubicarse mejor y hacer una vida plena".

En efecto. Desde los primeros años del México independiente vino un gran número de personas nacidas en otras partes, por ejemplo cubanos como el independentista José María Heredia, el editor del periódico El Iris. A lo largo del siglo XIX aquí hallaron buena acogida otros patriotas cubanos perseguidos por el gobierno español, como los poetas Juan Clemente Zenea y José Martí o los camagüeyanos Rafael y Manuel Quezada, generales juaristas que aquí combatieron a la intervención francesa. Perseguido también por las autoridades españolas llegó a México un cubano de apellido Bobadilla que peleó contra la invasión gringa de 1847 y luego ante los franceses. Hay que agregar en esa lista a los Menéndez, estirpe de educadores y periodistas que recibieron entre nosotros asilo y oportunidades.

Se conoce bien la solidaridad desplegada por México con decenas de miles de republicanos españoles perseguidos por el franquismo. Se ha difundido menos que, a la caída de la primera república española, en 1874, aquí hallaron refugio numerosos educadores, científicos, gente dedicada a las artes, profesionistas y otros hombres y mujeres que mucho sirvieron a México. Ellos pertenecen a la tradición del vasco navarro Francisco Javier Mina Larrea, a la del zaragozano Celedonio Domeco de Jarauta, el padre Jarauta, quien encabezó la resistencia de la Ciudad de México contra la ocupación de la soldadesca yanqui; o del general Nicolás de Regules, que en 1847 combatió a los estadunidenses y en los años sesenta a los invasores franceses.

Nuestro pasado abunda en casos de solidaridad en ambos sentidos, pues México ha sabido dar refugio a los perseguidos, pero también ha recibido el aporte de personas y personajes nacidos en otras partes. La tradición del asilo no es casual ni se ha establecido en busca de reconocimiento. Simplemente ha surgido de la historia, porque un país repetidamente agredido aprende a ser solidario con las víctimas de discriminación y persecución, vengan de donde vengan.

Por eso es de celebrarse que México, incluso con el actual gobierno de derecha, abra sus puertas a los perseguidos que, como dijo la directora de la Comar, llegan a nuestras costas, que son y deben ser muy grandes para recibirlos y protegerlos.

Lamentablemente, algunos hechos contradicen esa generosidad del pueblo mexicano, pues el gobierno panista ha sido incapaz de mantener una actitud solidaria con algunos de "aquellos que son perseguidos por sus ideas, su religión, su raza, o que se han convertido en víctimas de la violencia o la violación de sus derechos humanos en sus naciones de origen", como dijo el secretario de Gobernación. Me refiero en especial a los vascos.

Hace unos días, Andoni Aspiazu Alcelay, vasco, fue detenido y deportado a España sin que mediara trámite alguno. Informó de lo anterior, en Madrid, una dependencia del gobierno español. Aquí, la señora Cecilia Romero, quien encabeza el Instituto Nacional de Migración, sorprendida por las preguntas de los reporteros, mostró su desconocimiento del caso y, después, como queriendo enmendar el yerro, agregó que el INM no tenía manera de perseguir ni buscar a nadie.

En efecto. No es ese Instituto el que espía, persigue y aun secuestra a vascos en territorio mexicano, sino agentes españoles a quienes el gobierno federal panista solapa esa actuación, altamente lesiva para la soberanía nacional, y lo hace especialmente cuando las víctimas son de origen vasco. Hay que decirle al señor Ramírez Acuña que en el caso de ellos México no es un buen lugar para empezar de nuevo.

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