lunes, 25 de diciembre de 2006

Sin Olvidar a Los Presos

Es navidad sí, pero no todos estamos en casa para disfrutar y convivir con la familia, esta nota publicada en Gara sirve para mantenerlos a ellas y ellos en la memoria:

La carcel, contada por iñaki de Juana

«Días» es el título de uno de los tres libros escritos por el preso político vasco Iñaki de Juana, publicados por Txalaparta. Con formato de diario y eligiendo los días al azar, introduce al lector en la realidadintramuros y en las vivencias acumuladas en veinte años de cárcel,que la sentencia del 8 de noviembre intenta prorrogar todavía más. De Juana sigue en huelga de hambre en un hospital de Madrid.

Desde su detención en 1987 hasta el día 4.645 de cautiverio. Es lo que recoge el libro “Días”, escrito por el preso político donostiarra Iñaki de Juana. «La angustiosa necesidad vital» de rebelarse «ante tanto despropósito» fue una de las razones que le impulsó a emprender en agosto una huelga de hambre que se prolongó durante más de dos meses, y que ha vuelto a retomar tras el nuevo dictamen de Madrid, hace ya más de mes y medio. Un «despropósito» diario y dramático del que da cumplido testimonio en el libro, y al que la sentencia que la Audiencia Nacional emitió el pasado 8 de noviembre trata de dar continuidad, dos décadas después.

dia 4.450 (1999)

«Hace más de dos meses que estamos ‘txapados’ en las celdas saliendo únicamente para las comunicaciones por lo que no nos veíamos desde la últimas vez que fuimos juntos al locutorio: en dos semanas su aspecto se ha deteriorado enormemente. Hacía mucho que no se encontraba bien y venía padeciendo diversas dolencias; hacía más de dos años que se le debían haber realizado determinadas pruebas siempre interrumpidas por los constantes traslados y con la justificación: ‘Cuando vaya a la próxima prisión que se las hagan allí’». «Hoy, después de tanto tiempo, nos han sacado al hospital y aprovechando el viaje nos han llevado a los dos juntos. Pero lo mio no es nada, al que le tienen que mirar bien es a él. Bajo de estatura, pero muy fuerte y con un apetito atroz, lleva meses, años, que apenas come, que se cansa, que ha dejado de asomarse a la ventana para charlar para no tener que estar de pie. Se ha ido quedando en huesos y piel de color cetrino. Lo único que mantiene intacto son los ojos repletos de fuerza, de orgullo, de dignidad, de vida» (...)

«-Iñakiiii!

-Dime, Kroma.

-Ha venido el médico. Dice que han encontrado diferentes tumores en diversas partes del cuerpo y que ahora mismo me llevan al hospital. Voy a recoger las cosas.

-No te preocupes, seguro que con lo brutos que se son se habrán equivocado y no tienes nada importante.

-Ya... pero yo creo que lo mío no tiene vuelta de hoja».

dia 4.463 (año 1999)

«Ya me he recuperado. Ha sido una tarde muy emotiva. Hace unas horas han excarcelado a Esteban. Nos hemos dado un fuerte abrazo, en silencio, sólo roto por la palabra ‘amigo’. No hace falta decirnos más. Tantos años de guerra juntos y ahora dicen que le quedan seis meses de vida. Sé que es cierto, pero no me lo termino de creer. Tres últimos días juntos, recordando el pasado y haciendo planes de futuro. Tres días confirmando su extraordinaria calidad como persona, amigo y militante. Me había repetido en múltiples ocasiones que quería salir a la calle desde la peor cárcel, con un régimen de vida restrictivo y con una guardia asquerosa, como lo han tenido siempre. Y en eso se han cumplido sus deseos: ha salido de la enfermería de Puerto de Santa María y con una guardia repugnante».

(Sobre su despedida del preso de Tolosa Esteban Esteban Nieto, «Kroma», que fue excarcelado con una enfermedad terminal y falleció pocas semanas después)

dia 0524 (1988)

«En el frío pasillo de una fría cárcel, a poca altura del frío suelo, extendido, tapado con la ikurriña, está nuestro compañero. Tiene expresión relajada, serena, del deber cumplido. Parecía fuerte, era joven, hacía deporte, nadie lo hubiera esperado y ahora yace muerto. Dicen que ha sido un infarto, así saldrá la autopsia, así la Administración archivará el expediente, pero todos nosotros sabemos que no ha sido el co- razón, ha sido la cárcel, y la cárcel ha cumplido su misión de exterminar a otro preso político vasco».

«Había pasado mala noche, enfermo, sintiéndose mal, pero prefirió esperar la llegada de la mañana, a la hora en que los carceleros hacen el primer recuento. Si hubiera llamado antes, si hubiera dicho que se sentía mal, tampoco le hubieran solucionado nada. Le habrían dicho lo que dicen siempre, que hay que esperar a que el médico venga por la mañana».

(Sobre el preso Juan Carlos Alberdi, fallecido en Herrera de un ataque al corazón el 15 de junio de 1988, a los 30 años)

dia 0637 (1988)

«Es San Fermín. Estamos más de cincuenta ‘compas’ en el módulo, hemos montado una juerga impresionante. Hacía días que teníamos preparados unos cuantos baldes de vino. Hemos puesto cuatro tabernas en el patio: cuatro mesas. Una en cada esquina, con vino, refrescos, pinchos. De taberna en taberna hemos andado de poteo. El vino no estaba mal. No era de la Rioja, ni sidra, ni txakoli, pero se dejaba beber. Lo malo es la resaca, la acidez de estómago, y con este caldo nadie vuelve a necesitar laxantes en una larga temporada, pero anima, alegra y el ambiente ha sido muy bueno (...) Bien mojados por dentro y por fuera, ha llegado la hora de entrar en las celdas, pero el buen ambiente continúa. Canciones, chistes, bromas de ventana a ventana, hasta que como en todas las juergas nos vamos apagando y se hace el silencio».

dia 0420 (1988)

«En la carga de hoy he tenido suerte, no he recibido ningún golpe. Todos los ‘compas’ hemos tenido suerte y nadie ha resultado dañado. Suerte y rapidez, tanta como permite la descarga de adrenalina cuando dejan de temblar las piernas. Aquí las cargas de la txakurrada no son como en la calle, aquí siempre te dan alcance».

dia 3.582 (1996)

«Hoy me han sacudido fuerte, me ha mirado el médico y tengo varias lesiones, moraduras e hinchazones: nada grave que no se pase en unos días. Golpeado, pero tranquilo y relajado después de pasada y eliminada la tensión. Nada más llegar a esta prisión, he sentido la encerrona. Me han sacado el último del autobús. Se respira violencia. Miradas fijas y provocadoras. Todos los demás presos pasan por el detector de metales. Ingresan. A mí me retienen a la espera. Pasa media hora. La situación es tremendamente hostil. Acuden carceleros, me miran y se van. Se escuchan comentarios de fondo: ‘Hijo de puta del etarra’, ‘máquina de matar’... Con seguridad hoy cobro, no me libra nadie».

dia 0010 (1987)

El primer día en prisión es un cúmulo de sensaciones difícil de describir. Después de nueve días en la comisaría, mi estado de ánimo es de alivio. ¡Qué digo de alivio! Estoy eufórico: los interrogatorios se han acabado. ¿Cuántos días han pasado en los bajos de la Brigada Central de Información, cuántos en los sótanos de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol? ¿Han sido nueve, diez, ocho? Perdí la noción del tiempo en el momento de la detención y lo estoy recuperando ahora, poco a poco».

dia 2.827 (1994)

«Estoy en una celda cualquiera de una cárcel cualquiera. He conocido muchas, malas y menos malas, lejanas y menos lejanas, pero todas ellas con un denominador común, la cárcel siempre es cárcel. Esta tiene tres metros por cuatro metros. Un W. C. de pie o sea un agujero en el suelo. Un lavabo. Un pupitre pequeño de metal atornillado en el suelo. Un camastro de metal preparado con argollas para cuando quieran atar a algún preso. Una ventana que, además de los barrotes, está tapada por una chapa metálica con pequeños agujeritos y que apenas permite el paso de luz. Y el ‘cangrejo’, es lo que más impresionaría a quien viera la celda».

«Hay muchos tipos de cangrejos pero el de aquí es especial. Se trata de una segunda puerta colocada en el interior de la celda y que permite que cuando abren la que da al pasillo, el preso siga encerrado. A través del cangrejo se realizan las actividades rutinarias que requieren algún trato con los carceleros. En este caso, el cangrejo ocupa la quinta parte de la celda. Es un gran cajón de barrotes y chapa con una abertura al ras del suelo. Esa abertura podría estar hecha en cualquier otro lugar de la chapa, pero entonces, no cumpliría su principal misión, humillar al preso y que se agache cada vez que ha de recoger algo. Que lo coja del suelo».

dia 1.213 (1990)

«En unas horas me sacarán de este aislamiento para sancionados. Es malo, muy malo, es el peor aislamiento que he conocido y el peor que espero conocer. Me trajeron para una sanción de catorce días y llevo cuarenta y dos seguidos, pero hoy me sacarán..., no les queda más remedio. Después de este tiempo me tienen que sacar por lo menos un día aunque luego me vuelvan a meter otros cuarenta y dos, y así el tiempo que quieran..., el reglamento, pero hoy me tienen que sacar ».

(...)«Han sido cuarenta y dos días en los que he renunciado a la hora de patio diaria, en los que he permanecido sin salir de la celda para evitar mayores problemas. Salir de la celda supone cacheo a la entrada y a la salida. Supone que al volver encuentras tus pocas pertenencias revueltas y tiradas por el suelo. Supone pasear por el patio pegado a la pared».

dia 2.190 (1993)

«La cárcel es siempre la cárcel, pero no todas las cárceles son iguales. Al contrario..., hay grandes diferencias entre unas y otras. La legislación penitenciaria es de tal ambigüedad que en la práctica permite que un mismo preso, con la misma calificación, tenga un régimen de vida totalmente diferente de una prisión a otra. La Dirección de cada una es, a su arbitrio, la que detenta la facultad para hacer que el encierro sea llevadero o un auténtico infierno».

dia 4.595 (1999)

«La temperatura es asfixiante; el calor plomizo; un día más del largo verano de esta geografía. En el patio no corre ni una gota de aire; en la celda es necesario cerrar y tapar las ventanas expuestas al sol hasta el anochecer. Nada se mueve, nada parece tener vida. En el exterior con seguridad no vuelan los pájaros; ver uno aquí sería una fiesta. Las paredes de hormigón hacen de brasero, el hierro de las ventanas quema al tocar. Con el sol, el hormigón y el hierro absorben el calor y al anochecer empiezan a expulsarlo convirtiendo las celdas en hornos. Toda la prisión es una gran cazuela en la que los presos hervimos al vapor: sudamos».

dia 4.645 (1999)

«Hoy, día de reflexión, termino de escribir estas hojas con recuerdos que pueden acabar tomando el formato de un libro. Podría continuar reviviendo días y anécdotas en un largo etcétera, pero no pretendo aburrirte (...) siempre me quedaría corto». «Me conformo con haber podido transmitirte una idea aproximada del duro, cruel y violento mundo en el que vivimos los presos políticos vascos y todos los presos en general. Tengo compañeros con muchos más años en prisión y más experiencia que yo para contarte este día a día,;lo mío ha sido un atrevimiento, aunque sus vivencias y las mías son complementarias pues el encierro, teniendo muchísimos puntos en común para todos, nunca es igual para dos personas». -
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