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miércoles, 5 de septiembre de 2018

La Causa Justa de Quim Torra

Ya que estamos en temas catalanes, de las cuitas generadas por la demanda en contra del inquisidor Pablo Llarena pasamos a esto que ha delineado el president en funciones Quim Torra y que llega a nosotros por conducto de Gara:


Torra inauguró ayer de forma oficial un curso político catalán que marcha a velocidad de crucero desde el aniversario de los atentados del 17A. En una conferencia solemne fijó la sentencia del 1-O como el momento para recuperar el pulso independentista, si bien no concretó sus propuestas para un tiempo de espera que puede prolongarse meses.

Beñat Zaldua

Un concepto y un momento resumen el plan desgranado ayer por el president de la Generalitat, Quim Torra, en la conferencia ofrecida para abrir el curso político en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC). El concepto es «la causa justa de la independencia», que más allá del eslogan, apela a una de las teorías de la secesión reconocidas internacionalmente. Concretamente, aquella que justifica la independencia por las vulneraciones de derechos sufridas por un pueblo. Y el momento es el día en que se conozca la sentencia del juicio contra el independentismo en el Tribunal Supremo. Es decir, Torra considera que una sentencia condenatoria crearía un «momentum» –como el que existió en octubre de 2017– que podría ser aprovechado para volver a intentar una declaración de independencia ante la evidencia de una sentencia con penas de cárcel a líderes cuyo único delito fue poner urnas.

Más allá de este marco general, las concreciones ayer fueron mínimas. Para ser honestos, tampoco se esperaban. Torra es, al menos de momento, un president circunstancial al que la CUP le exige que acelere en la implantación de la República y al que su socio en el Govern, ERC, pide calma para ensanchar la base soberanista; mientras la ANC organiza, al margen de los partidos, unas primarias de cara a las municipales de mayo del año que viene. Pedir a Torra que resuelva de la noche a la mañana la incierta fotografía que ofrece el independentismo a día de hoy es un imposible. Ayer puso encima de la mesa un marco sobre el que trabajar y un plan sobre el que debatir, aunque sea para rebatirlo de cabo a rabo. Prender el debate sobre la hoja de ruta independentista ya sería mucho.

En la propuesta de Torra, al día de la sentencia –una de las debilidades del planteamiento es, precisamente, que deja el calendario en manos del Estado–, el independentismo debería llegar con un alto grado de movilización, para lo cual propuso articular desde ayer mismo una «marcha por los derechos civiles, sociales y nacionales». No concretó en absoluto, sin embargo, de qué clase de marcha estaba hablando.

El discurso de cerca de una hora, marcado por la retórica barroca de Torra, dejó entrever así que el president sabe a dónde quiere llegar –«necesitamos un nuevo momento, un nuevo 1-O»–, pero no tiene tan claro el camino a seguir. Insistió en hacerlo «tanto con los del 1-O como con los del 3-O», en referencia a los independentistas que votaron en la primera fecha y a todos los ciudadanos, secesionistas o no, que se movilizaron en la segunda tras las cargas de la Policía española y la Guardia Civil durante el referéndum.

En este sentido, subrayó que el 80% de la población catalana está a favor de un referéndum de independencia vinculante, en contra de la represión política y en contra de la autoridad de la monarquía, un triple consenso que el president consideró «irreversible». Buscando ampliar los consensos también a favor de la independencia, y en el capítulo de las propuestas sin concretar, habló de la puesta en marcha de un «foro cívico, social y constituyente». Por contra, sí que se comprometió de forma explícita con la recuperación de las 14 leyes catalanas aprobadas por el Parlament y suspendidas por el Tribunal Constitucional. Fue probablemente la única propuesta concreta explicitada por Torra –que pidió retomar la iniciativa– para la legislatura actual.

Oferta de negociación

Tras la mención al Consell de la República que Carles Puigdemont pondrá en marcha en Bruselas, así cómo a la oportunidad que el juicio al independentismo supone a la hora de internacionalizar la causa catalana –«no huyeron de la justicia, sino que tuvieron que huir para ir a buscarla»–, Torra se refirió también a la propuesta verbalizada el lunes por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, para celebrar un referéndum sobre un nuevo estatuto de autonomía.

El president aplaudió la propuesta, pues consideró que «reconoce la crisis abierta con la sentencia del Estatut y acepta que la solución tiene que venir por la vía democrática», pero recordó con franqueza: «Señor Sánchez, el debate en la sociedad catalana no es sobre un estatuto de autonomía». De ahí pasó a la defensa «del diálogo y, sobre todo, de la negociación», aseverando que siempre mantendrán «la mano extendida», pero recordando que el mandato para la independencia, el del 1-O, ya lo tienen –el relato no ha cambiado de puertas a fuera pese al complejo año transcurrido–. «Solo un referéndum acordado y vinculante puede renovar dicho mandato», consideró. En el TNC, Torra no se refirió a la oferta de la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, a acudir a Madrid a presentar su propuesta. Una invitación que fue denegada hace un año al president Puigdemont y a la que, antes de la conferencia, Torra se abrió sin mayores concreciones.

Primeras reacciones

El Gobierno español apenas tardó unos minutos en reaccionar. Lo hizo a través de su portavoz, Isabel Celáa, que replicó a Torra que la Moncloa dialogará sobre el autogobierno, pero nunca sobre la autodeterminación. Celáa subrayó que «las sentencias de los jueces hay que aceptarlas» y volvió a tratar de enmarcar el conflicto en el ámbito interno catalán, pidiendo a la Generalitat que «abra un diálogo entre todos los catalanes y catalanas», el mismo día en que la Fiscalía pidió dos años y medio de cárcel para once activistas de los CDR que en febrero del año pasado hicieron una sentada ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC).

A la derecha, Ciudadanos y PP se apresuraron también en mantener su competencia, con el presidente del PSOE como blanco. El líder naranja, Albert Rivera, instó a Sánchez a romper con los separatistas y aplicar «el 155 antes de que sea tarde», añadiendo que «defender la igualdad y la unión de todos los españoles no es una opción, es su obligación». Casado, por su parte, ignoró ayer a Torra y se limitó a afear a Sánchez que ofrezca a Catalunya un nuevo Estatut.






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