domingo, 14 de mayo de 2017

La Década Perdida de Evita

Por medio del Sol de Durango les traemos este texto de lo que aparentemente es una serie de reportajes acerca de mujeres que de una y otra forma "revolucionaron" al mundo, en el mismo se plantea una incógnita... ¿que hizo Eva Duarte de Perón durante los diez años que su biógrafo ha "perdido"?

Aquí lo tienen:


Luis Ángel Martínez Diez

Eva Duarte nacida 1919 a cincuenta kilómetros de Buenos Aires a los 12 años de edad se le planta a su mamá y le dice: “A mí la escuela no me va, yo quiero ser artista”. La señora Juana Ibarguren no le dio mucha importancia y dejó el tema para después, ya tenía varias hijas colocadas, al hijo que tampoco quiso estudiar lo ubicó en una farmacia, porque no había mucho qué hacer en Junín, que tenía un teatro, desde el que en ese momento no saldría Evita, atenta a todo lo que se presentara, aparte de ensayar todo tipo de cosas, y -nos cuenta su biógrafo- “cantar con furia pasional las canciones de moda”.

Siendo vascos los padres, Evita también lo era, y hay pocos vascos que no se salgan con la suya, aunque no sé por qué tres cuartas partes de los argentinos son de origen italiano, pero para mí la primera sorpresa es que Eva Duarte era vasca, y el hecho es que en febrero de 1934 a sus 15 años, se iba a Buenos Aires con la compañía que había actuado esos días en Junín. Ya sabía la familia que no había nada qué hacer.

Sinceramente no repasé la historia de Argentina en esos años, pero me parece que todavía era un granero del mundo, aunque ya había mucha pobreza por supuesto, y luego más todavía porque llegaba gente de Europa sin nada, y siempre de países latinoamericanos cercanos, siendo esto último mucho mayor de treinta años para acá. En el año que estamos citando, Cárdenas estaba entrando al poder en México, la Primera República había ganado en España en 1931 y estaba el levantamiento de Asturias del 34, Hitler había ganado las elecciones en 1933, la Gran Depresión en los EUA había iniciado en 1929, Stalin gobernaba.

Pero todo tenía sin cuidado a Evita Duarte, flaca, rubia, con una mirada que te mantenía quieto y una voz firme, que lo que quería era ser actriz, Incluso es casi seguro que ni supiera todo eso que estaba pasando, salvo de las cuestiones más grandes. Y no sé si el país ya estaba dominado por los coroneles y los generales o estaba a punto de estarlo, ya conviviendo con los sindicatos, cómo lo veremos más adelante, el caso es que Evita llegó en Buenos Aires a casa de Giovanni Pressero, un amigo de su madre que había vivido en Junín, y la había acompañado en el tren Guido Armani, ayudante de dirección de la humilde compañía que decidió ayudarla, “compositor de tangos porteños, cantante y descubridor de estrellas de poca monta”. Tenía treinta y dos años y estaba asombrado con los ojos negros de Eva Duarte a quien dejó con don Giovanni.

Aquí entra una cosa muchísimo muy importante para la primera gran objeción de “Los grandes revolucionarios del siglo veinte” en cuanto a la biografía de Evita se refiere, y ustedes verán después porqué. Ahora vamos a transcribir completo el primer gran diálogo de Eva Duarte a sus quince años, en su primera mañana en Buenos Aires.

Empieza don Giovanni Pessero y Evita contesta: “Tu madre me dice en esta carta que vas a vivir en mi casa. -Esa es su voluntad. -Pero no te podré tener mucho tiempo. Yo no soy rico. -Voy a trabajar. Quiero ser actriz. El señor que me ha acompañado me va a ayudar a buscar trabajo. -Todavía eres una mocosa para saber lo que quieres ser. -Actriz, señor Giovanni, esté usted seguro de que quiero ser actriz. -Bueno, pues entonces no te podrás quedar parada de brazos ni un solo minuto. Tendrás que llegar rápidamente a los hombres poderosos del país. Puedes elegir entre algún cura con influencia o quizás te pueda ayudar más un banquero, aunque yo si fuera mujer y quisiera llegar a ser cantante recurriría a un militar de alta graduación. Son lo más seguros en estos tiempos que corren.

-Creo entenderle a usted perfectamente. Me está insinuando que camele a un superhombre. Vamos, que me eche un querido. -Si lo haces llegarás lejos. -¿Y sí no? -Mira hasta dónde ha llegado tu madre. Recuerda que tiene que ser, Obispo, Financiero o General. -Gracias por el consejo, señor Giovanni. Si me conviene recordaré sus palabras. Pero antes intentaré enamorarme del afortunado”.

Hasta aquí parece una biografía honesta, pero de pronto vemos que no lo es, porque en el segundo capítulo resulta que desaparecieron diez años de la vida de Evita, nada menos que de los 16 a los 26, en que conoce a Juan Domingo Perón. O sea que nos la quieren presentar como una santa.

Ya sabemos que no iba a poder vivir mucho tiempo con don Giovanni; ya sabemos que la iba a ayudar para empezar el compositor y cantante de tangos porteños Guido Armani, pero qué pasó, dónde vivió después, dónde trabajó, cuándo regresó a saludar a la familia que estaba nada más a cincuenta kilómetros, se enamoró “del afortunado” o “se echó un querido” o varios.

Porque es cómo si a tantas mujeres revolucionarias del siglo veinte les quitamos diez años de su vida, cosa que no se ha hecho, aunque habrá que buscar varias otras biografías de Eva Duarte, explicando esta de todos modos cosas extraordinarias que trataremos en varios textos, cómo lo estamos haciendo con Marilyn Monroe que nada más falta el de sus películas y su entrañable relación con Clark Gable y otros actores y su involuntario paro a la inmortalidad.

Acá de pronto Eva Duarte de 26 años, teniendo una Compañía de actores y siendo una figura de Radio Nacional, sucediendo una emergencia nacional, conoce al coronel Juan Domingo Perón, que era secretario de Trabajo y Previsión Social, y cuando tienen tiempo de hablar hay una conexión profunda entre ellos, desde luego advirtiendo Perón de 49 años, la fuerza, la inteligencia y la belleza de la que tiene enfrente.






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