sábado, 4 de abril de 2009

Emma Suárez y el Cine Vasco

Esta entrevista ha sido publicada en el Diario Vasco:

Emma Suárez, actriz

«Mis amigos me enseñaron a querer el País Vasco»

Es madrileña pero vinculada desde siempre al cine realizado por vascos. Es amiga de Txetxo Bengoetexea, admira a Medem y actúa en 'La casa de mi padre'.

Mitxel Ezquiaga

- Es usted madrileña...

- ¡Del barrio de La Latina!

- ... pero vinculada desde siempre al País Vasco.

- ¡Mis amigos dicen que soy ya «medio de San Sebastián», y no me importaría serlo del todo!

- Nos conoce desde jovencita...

- Vine de adolescente al Festival de Donostia con mi primera película, y desde entonces he vuelto un montón de veces.

- ... y con una implicación cada vez mayor.

- He trabajado con muchos cineastas vascos hasta protagonizar la última película, La casa de mi padre, de Gorka Merchán, estrenada el viernes.

- Es una película polémica: aborda el «problema vasco» de cara.

- Me llegó el guión y me interesó, pero no dí el sí a mi participación en el proyecto hasta hablar con el director. Quería saber más.

- ¿Por qué?

- El personaje que interpreto es el de una mujer embargada por un miedo cotidiano que desemboca al final en odio. Es un papel seco, de pocas pero contundentes apariciones. Una madre vasca pendiente de los suyos, como todas las madres, pero atenazada por el dolor. ¡Lo veía complicado!

- Y dio el sí.

- Hay que implicarse en proyectos que remueven conciencias y pueden ayudar a solucionar problemas.

- Lo suelo preguntar al final, pero toca preguntarlo ahora: ¿vascos, tiene remedio lo nuestro?

- Si no tuviese la esperanza de que hay arreglo no habría hecho esta película. Hay que trabajar pensando en soluciones, también en lo tocante a la realidad vasca.

- ¿Cree en el cine como receta?

- Creo que las películas no pueden dar respuestas, pero sí suscitar preguntas. Me gustaría que pasara con La casa de mi padre. No olvido que son mis amigos vascos los que me enseñaron a querer al País Vasco. Parece un tema tabú, pero todo el mundo habla de él.

- Fue usted musa de Julio Medem.

-Soy su amiga y admiro su trabajo. Hace poesía con su cine, busca caminos nuevos... Mi relación con él ha sido decisiva en mi carrera y hasta en mi vida: las películas que hice con Medem quedaron marcadas en mí. Pero mantengo también una relación excelente con gentes vascas del cine como los músicos Alberto Iglesias o Txetxo Bengoetxea. Hasta podrías mandarles recuerdos...

- ¡Con Txetxo Bengoetxea es fácil: cada mañana nos vemos a la hora de dejar a los niños en el cole!

-Hoy he estado en la televisión catalana, me han pedido que eligiera una canción y he respondido que cualquiera de Txetxo. He vivido con él largas conversaciones. Me suele decir que experimenta con su tierra una relación especial. Es una relación que yo, por ejemplo, no siento con la mía.

- ¿No es nacionalista de Madrid?

- Soy de Madrid pero en París me puedo sentir muy parisina y en Donostia muy donostiarra.

- Es usted una actriz que se sale de la norma: reflexiva, distinta.

- ¿Y eso es bueno o es malo?

- Es diferente.

- Tengo una edad en la que me gusta elegir en qué trabajo, Busco papeles que me emocionen y textos que me digan cosas. Quizás por eso disfruto cada vez más en el teatro, donde los textos tienen otro poso. Hice recientemente Tío Vania, de Chejov, y claro, eso sí que es un texto solvente...

- ¿Mejor que la tele?

- De vez en cuando surgen series en las que me implico a fondo, Me pasó hace poco con Cazadores de mentes, en Antena 3: me gustaba la serie, me gustaba mi papel...

- Pero la audiencia no funcionó y la aventura se fue a pique.

- En la tele se trabaja tan a corto plazo que no hay tiempo de engarzar los equipos. Y los engranajes no resultan siempre solventes.

- O sea que ahora...

- No tengo nada concreto a la vuelta de la esquina. ¡Sólo sobrevivir! Me he acostumbrado a ser una superviviente.

- Sabe que tiene su público: cuando he dicho a mis amigos que la iba a entrevistar me han dicho que...

- ¿Qué?

- ¡Que tiene usted el punto exacto de inteligencia y belleza para volver loco a cualquiera!

- Repito: ¿y eso es bueno o malo?

- Yo diría que bueno...

- Me alegro, pues.

.... ... .

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