jueves, 2 de marzo de 2006

El Ojo de la Avestruz

Este texto nos ha llegado vía correo electrónico:

¡ANIMALES!

Daniel C. Bilbao

Está escrito: el fascista español es el animal más parecido al hombre. Apenas se indague acerca de este tipo de eslabón de la cadena humana, se hallarán más pruebas. Algunas son asombrosas. Una cucaracha puede vivir hasta nueve días sin su cabeza, para terminar muriendo de hambre. Es notable el caso del fascismo franquista, cuánto tiempo lleva viviendo sin su cabeza y qué buena salud goza.

Una de las características propias de los seres vivos es la de su adaptabilidad al medio, pues de lo contrario sólo pueden afrontar su extinción. Así lo ha hecho el fascismo franquista, que convirtió dictadura en terrorismo de estado y recicló la democracia a monarquía constitucional. El contubernio político fue denominado con el eufemismo "pactos de la Moncloa", un modelo elogiado y envidiado en América Latina.

Son muchas las características que pueden remitirnos al concepto de animalidad, en la práctica política del fascismo español. Un ejemplo bien reciente: la cadena SER apuntó a Bixente Askasibar, las tropas de ocupación ajustaron la mira y Garzón disparó. Ahora, la Inquisición Nacional lo está juzgando por terrorismo.

La acción conjunta de estos elementos del terrorismo de estado constituyen un gran ojo que vigila a toda la sociedad. La mínima desviación del recto camino es detectada por el ojo perseverante de la represión. Esta habilidad adquirida también vincula el fascismo español a la animalidad. Es el típico caso del avestruz. No por aquello tan remanido de esconder la cabeza, sino por la particularidad aplicable a este caso: el avestruz tiene más grande el ojo que el cerebro.

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