domingo, 26 de marzo de 2006

Entrevista a Permach

Esta entrevista a Joseba Permach ha sido publicada en Gara:

Joseba PERMACH | Mahaikide de Batasuna

«Ahora hace falta una iniciativa permanente por los derechos de Euskal Herria»

Nos interesa un gran acuerdo PSOE-PP, pero con una dirección muy clara: al final, el Estado español debe respetar la voluntad de la ciudadanía vasca

Batasuna ha palpado una sensación «muy positiva» tras el alto el fuego de ETA, según explica Joseba Permach. Para hacer irreversible esta situación, apunta en entrevista a GARA que la clave está en «que a esto le siga una iniciativa permanente de quienes nos sentimos comprometidos con los derechos de este pueblo». Respecto al Estado español, apunta que «tiene que acabar con las políticas de guerra cuanto antes», pero por encima de eso «Zapatero debe tener claro que la posibilidad de una paz estable y duradera pasa exclusivamente por el respeto a la voluntad del pueblo vasco». Y añade que el PNV «corre hacia el PSOE sin mirar los vagones de ciudadanos que deja atrás».

Joseba Permach, como el resto de los políticos, ha vivido estos días en un frenesí que le ha impedido incluso leer con cierto detenimiento la prensa. Comparte la satisfacción por el escenario creado por el alto el fuego y el eco internacional, pero sólo tiene un método para convertir la situación en irreversible. Un método que no está en La Moncloa, sino en Euskal Herria: «Crear una iniciativa permanente por los derechos democráticos, por los derechos civiles y políticos, por los presos...»

­Empezando por el principio, ¿qué sensación han palpado estos días entre las bases y la sociedad en general?

Muy positiva. Yo creo que todos somos conscientes de que había un momento caracterizado por las crisis de los marcos y que en los últimos tiempos se estaba hablando de que esa crisis pudiera dar lugar a un cambio político y que eso, además, pudiera servir para la solución del conflicto. Y es más que evidente que la decisión de ETA puede ayudar muchísimo.

­El impacto internacional de la noticia ha sido tremendo. ¿Para qué puede servir?

Le damos una importancia vital a la participación de la comunidad internacional en un proceso así. Tenemos que felicitarnos todos no sólo de que lo hayan vivido así, sino de que hayan apoyado expresamente el proceso. Ahora hay que intentar consolidar un compromiso internacional en esta línea.

­Voces dispares como las de Felipe González, Joseba Egibar o José Antonio Ardanza han dicho que esta oportunidad es más potente que las anteriores. ¿Batasuna también lo cree?

Sí, probablemente es la que tiene más posibilidades de todas las que se han abierto. Por tres razones: primero, 27 años después es más que evidente que la izquierda abertzale ha conseguido demostrar la invalidez de los marcos políticos; segundo, porque hay una mayoría social, mayor aún que la política, que defiende un cambio político basado en el derecho a decidir; y tercero, porque la izquierda abertzale no ha sucumbido ante las ilegalizaciones y ha llegado a esta situación con iniciativa.

­El proceso de Argel interpelaba directamente al Gobierno español; el de Lizarra, a los agentes vascos;y éste parece apelar a todos. ¿No hay riesgo de que se difuminen las responsabilidades, de que cada uno deje su labor en manos del otro?

Todos nos tenemos que sentir interpelados, y en esa línea va la declaración de la Mesa Nacional. Nosotros también aceptamos la necesidad de un compromiso propio, en primera persona, para aportar a ese proceso. Pueden ser muchos los campos, pero lo bueno es que están bien definidos: los estados deben respetar la libre voluntad de los vascos y eliminar la política represiva;los agentes vascos tenemos que ser capaces de sentarnos en una mesa; y el conjunto de la sociedad debe activarse en favor de un proceso democrático.

­¿Las bases de la izquierda abertzale están suficientemente preparadas para aguantar todo tipo de sabotajes, dilaciones, etcétera?

Desgraciadamente, las bases de la izquierda abertzale han padecido las consecuencias del conflicto en primera persona, y precisamente porque les han hecho frente hemos llegado a este punto. Esto no hubiera sido posible sin decenas de miles de personas que han plantado cara a la dispersión, a la tortura, a la ilegalización... Ahora somos conscientes de que también puede haber agresiones y de que la izquierda abertzale tiene que estar a la altura, y seguir demostrando que estos sabotajes no van a acabar jamás con la izquierda abertzale.

­Todos los agentes apelan a la movilización social, pero la última manifestación de Lokarri con apoyo del Gobierno de Lakua sólo reunió a 1.500 personas. La jornada de huelga de la izquierda abertzale, aunque minusvalorada, estuvo muy por encima. ¿Esa movilización social puede ser su gran activo?

Es muy importante no pensar que con esta decisión de ETA se cierra una puerta para abrir otra, sino que probablemente venimos de un camino largo y costoso que ha estado sustentado en la lucha popular y en el trabajo social por los derechos democráticos de este pueblo. Esa activación ha sido fundamental. Sería impensable esta situación sin que decenas de miles de personas nos hubieran apoyado con una papeleta de voto anulado. En adelante, ése va a ser un factor principal para condicionar a las formaciones políticas que, seguro, van a intentar obstaculizar, condicionar o frenar el proceso. Es la hora de compromisos individuales y colectivos. Cada uno debiera pensar cómo contribuir, bien organizándose, bien acudiendo a movilizaciones...

­¿Qué objetivo tiene el polo del acto del BEC y que llama ahora a acudir el sábado a Bilbo?

Para un proceso democrático somos necesarios todos. Pero si entendemos que la clave principal es el derecho a decidir, es muy positivo que haya sectores que sumen fuerzas para condicionar a los sectores unionistas que no van a querer reconocer el derecho de autodeterminación, y en segundo lugar, más adelante para llevar a este pueblo por el camino a la independencia.

­Da la impresión de que Batasuna da por perdido al PNV en este camino de movilización. ¿Es efectivamente así?

Es evidente que el PNVde los dos últimos años y sobre todo meses tiene una deriva clara hacia el autonomismo y el acercamiento constante al PSOE. Sabemos que busca mantener su gestión y sus negocios permanentes, las infraestructuras de ayer, el TAV de mañana... Tras el discurso del 31 de julio, el PNVcorre en esa dirección sin mirar todos los vagones de ciudadanos que se están dejando atrás. Son ciudadanos que se dan cuenta de que Josu Jon Imaz lleva el partido al «espíritu del Arriaga» sin complejos.

­En este momento, ¿lo perciben más como un obstáculo que como un activo?

La cuestión es que todos somos necesarios para un acuerdo. En este país existen formaciones como el PSE y el PSN, existe un PNV que tiene un número de votos importantísimo, y existe otro sector social que es el nuestro, que sitúa la territorialidad y el derecho de autodeterminación como claves. Así que debemos tratar de dialogar, negociar y llegar a acuerdos con el PNV.

­¿Qué tiene que pasar para que el proceso, tras este alto el fuego de ETA, sea ya irreversible?

A eso le tiene que seguir una iniciativa permanente de quienes nos sentimos comprometidos con los derechos de este pueblo, en favor de esos derechos democráticos de Euskal Herria, en favor de los derechos civiles y políticos, en favor de los presos, en favor de la construcción nacional... Este es un debate que cada uno tenemos que hacer internamente para apoyar la nueva situación política que se está creando.

«La reacción de Zapatero nos parece adecuada»

­¿Les ha parecido correcta la reacción de Zapatero?

Aunque ha mantenido la política represiva y de negación, es cierto que el Gobierno español ya planteó en el Congreso la necesidad de un diálogo con ETA. Entonces lo valoramos positivamente, y en este sentido la primera lectura que hacemos de la reacción de Zapatero ahora es aceptable.

­De aquí a que Zapatero vaya al Congreso cabe un riesgo: que los detractores del proceso pongan la lupa sobre cualquier cosa que ocurra en Euskal Herria...

En estas 72 horas ya hemos visto que hay quien intenta generar debates al respecto, sobre todo sectores mediáticos. Durante muchos años muchos han dicho que era posible hacer política y llegar a acuerdos si se alcanzaba un alto el fuego, y ahora lo que intentan es aparcar su responsabilidad. Eso se parece mucho a lo que han hecho los unionistas en el proceso irlandés.

­El martes se reúnen Zapatero y Rajoy. ¿A Batasuna le interesa o le preocupa que lleguen a un punto de acuerdo?

A nosotros nos interesa que lleguen a un punto de encuentro, que en el Estado español haya un gran acuerdo. En todo caso, debería tener una dirección muy clara, que es que al final el Estado español tiene que respetar la libre voluntad del conjunto de la ciudadanía vasca.

­¿Ve factible que encarcelen a Arnaldo Otegi ahora que todo el mundo está mirando a Euskal Herria? ¿Cómo podría «vender» eso?

Desgraciadamente, con la experiencia que tenemos en materia represiva, vemos todo factible. De hecho, en estos últimos meses todo el mundo veía ya que se estaban creando condiciones para esto y tenemos a Juan Mari Olano y a Juan Joxe Petrikorena en prisión, por citar dos casos sólo. Además de una aberración política, sería un grave error del Estado español.

­¿Y provocaría dificultades a Batasuna para dar credibilidad al proceso ante sus bases?

Esa credibilidad no se basa en la voluntad de los estados, sino en la lectura que hacemos del momento en Euskal Herria, de que entendemos que hemos sido capaces de derrotar los marcos que nos dividen y nos niegan, y de que hay una mayoría dispuesta a trabajar. Eso es lo que nos da confianza, no otra cosa.

­Empiezan a circular versiones que dicen que lo tienen muy fácil para superar la ilegalización. Con inscribirse con otro nombre, ya bastaría...

El señor Conde-Pumpido intenta poner la pelota en el tejado de la izquierda abertzale, pero es obvio que ése es un problema del Estado español, que aprobó esa ley. Ellos la aprobaron y ellos verán cómo la derogan.

­La situación de los presos es crítica. Pero el Gobierno también podría caer en la tentación de hacer movimientos sólo en este carril y no en el político. ¿Cómo se sitúa Batasuna ante ello?

El Estado español tiene que acabar con esas políticas de guerra cuanto antes. Pero Zapatero tiene que tener claro que la posibilidad de alcanzar una paz estable y duradera pasa única y exclusivamente por el respeto a la voluntad del pueblo vasco. -

«La actitud de Ibarretxe es un gran error político»

­Seis años dan para mucho. ¿Cuál es el suelo de acuerdo logrado por PSE y Batasuna?

Hay que matizar. Una cosa es que haya habido contactos durante seis años y otra cosa es que en todo el tiempo hayamos estado hablando de modo formal. Lo que estamos intentando hacer, tanto con esas personas del PSOE como con el resto de formaciones del país, es intentar acordar bases, compromisos y metodología para poner en marcha un proceso de diálogo y negociación. Y el suelo del acuerdo tiene que ser reconocer la existencia de un conflicto político, aceptar que se debe resolver mediante el diálogo y negociación sin exclusión, y entender que la ciudadanía debe tener la última palabra.

­Se prevén dos trabas: hay quien no quiere sólo una mesa, y hay quien no asume el derecho a decidir como premisa.

No nos podemos sentar en una mesa para debatir la existencia de un pueblo, ni tampoco para hablar de autogobierno y competencias. Existe un pueblo en ambos lados del Pirineo negado por dos estados, y por tanto necesita una solución, no dos ni tres soluciones. Lo que hay que garantizar es que en ese proceso se ponen en marcha foros o mesas de carácter nacional. que abarquen al conjunto de la ciudadanía.

­¿Cómo valoran que partidos abertzales pidan más de una mesa?

Nos parece que hay formaciones políticas que le dan una importancia vital a la existencia de unas instituciones que provienen precisamente de los marcos autonómicos que nos niegan como pueblo y nos han dividido. Esas realidades existen y hay que tenerlas en cuenta, pero independientemente de eso existe un pueblo, un conflicto, una solución.

­¿Y el derecho a decidir? En el documento de Batasuna se subraya que hay un respaldo previo mayoritario. ¿No cabe por tanto sentarse en la mesa sin tenerlo atado de antemano?

En todo caso, a la hora de sentarnos no tiene sentido que no se acepte de antemano que el acuerdo debe ser refrendado por toda la ciudadanía vasca. Más que un planteamiento abertzale, es un planteamiento democrático.

­El PSE ha descalificado la mesa de Ibarretxe. Batasuna calla, ¿quiere decir eso que otorga?

No. Simplemente no nos hemos dedicado a responder a todos. Nos parece un gran error político empezar a poner fechas y condiciones, y hacer un debate público sin acuerdos previos entre las formaciones. Ibarretxe puede tener un papel como lehendakari de tres provincias, pero la dinámica principal para formar una mesa de resolución debe ir encabezada por las formaciones políticas del conjunto del país. Ibarretxe no puede hablar de una mesa para otoño, porque no sería capaz de garantizar que allí estuvieran AB, PSN, LCR, Les Verts, CDN o IUN. Hace falta un mecanismo entre todos para acordar todo.

­La mayor oposición al diálogo viene de UPN...

No es extraño. Se llama UPN precisamente para consagrar la partición territorial y se creó para gestionarla. Quienes ahora estamos dispuestos a avanzar debemos hacerlo, y el tiempo y la sociedad ya pondrán a cada uno en su sitio.

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