martes, 4 de marzo de 2008

Risa Enlutada

En referencia al triste espectáculo electorero que se avecina en el estado español ha sido publicado este escrito en inSurGente:



El gran carnaval (elecciones 9 de marzo)

Carlos Tena

Un pedazo de la Europa comunitaria, en poder de más de cien empresas multinacionales, se dispone de nuevo a celebrar ese baile de disfraces que se conoce como elecciones generales, de las que surgirán 350 diputados (los senadores más bien son como las bolitas navideñas en el árbol del descaro y la manipulación), adscritos a otras corporaciones económicas que se agrupan bajo nombres tan pomposos como Partido Socialista Obrero Español, sin que Jota Luís Zapatero o María Teresa Barbie de la Vega, enrojezcan, ante la violación en sesión continua que se hace del verdadero PSOE, que fundara Pablo Iglesias hace más de un siglo.

Ya sé que es manido aquello de “Si levantara la cabeza…”, pero constato con cierta pesadumbre que la frase vale para casi toda la izquierda española, que se ha entregado al juego con la complicidad y la aceptación de un reglamento jurídicamente insostenible en un verdadero estado democrático. No podemos afirmar lo mismo del Partido Popular, que cumple los mínimos para ser el auténtico heredero del franquismo más casposo y repugnante, hermano en la sombra del terrorismo fascista, que se encarna en otros partidos, cuyos militantes salen a la calle a gritar consignas asesinas, sin que los jueces ilegalicen esas formaciones, que en nada tienen que envidiar a las juventudes hitlerianas o a las mesnadas del fascio musoliniano. Es el llamado terrorismo bueno, comprensible, que los miembros del Tribunal Supremo o el Constitucional no condenarán jamás. El mismo con el que comulgan José María Aznar o Javier Solana (aunque él lo niegue), en el que retozan sin cargo alguno en su contra George W. Bush o Álvaro Uribe, mamporrero este último de la célebre DEA (Drug Enforcement Administration), a la que proporciona miles de toneladas de cocaína, siempre a través de la legación de EEUU en Bogotá (donde William Wood, actual embajador, es famoso por sus fiestas en las que corre el polvo blanco), para que sea distribuía por el FBI y la CIA. Ambos organismos, a su vez, la reparten entre decenas de personalidades, que se rompen los cuernos maquinando desde la Casa Blanca el próximo asesinato de miles de inocentes, que viven sobre un subsuelo donde existen yacimientos de gas o petróleo. Y de ahí, a los representantes de la voluntad popular, es decir, a los miembros de los Consejos de Administración de cien multinacionales (leáse EXXON, TEXACO, IBM, MICROSOFT), que controlan una cantidad de dinero cuyo monto supera con creces el producto interior bruto de diez naciones latinoamericanas juntas.

El mundo de hoy es como el del imperio egipcio o romano de hace 3000 ó 2000 años, o como el hispano de hace 500, como el norteamericano de hace 2 días. Pero, de la misma forma que “A todo puerco le llega su San Martín”, podríamos parafrasear “A todo Bush le llega su fin”, y tras él, a sus compañeros de cloacas y porqueriza, Uribe, Alan García, Sarkozy o Rajoy.

Hoy, España no da pena. Es un chiste de humor negro. Da risa enlutada. Una risa con rictus amargo, ése que se produce cuando uno contempla el sufrimiento de millones de personas a quienes no les interesa en absoluto quiénes van a fabricarse el traje de representantes legales de la voluntad popular, porque ninguno de ellos es lo suficientemente representativo como para ocuparse de las cuestiones que en verdad inquietan a la ciudadanía. Los auténticos no tienen asiento en las Cortes generales, sino en pequeños ayuntamientos donde aún se conservan, como tesoros a punto de desaparecer, restos de verdadera democracia. Menos en Euskadi, donde más del 20% de la población no tiene derecho a ver a sus representantes, excepto en prisión, y para mayor escarnio, ocupan su lugar en las corporaciones quienes menos votos han logrado.

Votad, españoles, votad. Bailad, españoles, bailad… que antes de que llegue el verano estaréis en la calle, clamando de nuevo por una vivienda, un trabajo o un salario digno, o llorando por la muerte de otra mujer asesinada por su pareja, una niña violada y muerta, un crimen impune contra un inmigrante o un despido injustificable de miles de trabajadores. Para calmar la ansiedad, no hay otra forma más sutil de reflejar todo ello en la pequeña pantalla, y además patrocinarlo, durante miles de horas, por los mismos empresarios que hoy son dueños de la tierra, las fincas, las fábricas y los medios de comunicación, en esa televisión alucinante que os castiga desde hace lustros. Ganar miles de euros por hora, bombardeando al personal con las desgracias universales, convenientemente adornadas con anuncios de desodorantes y compresas, es una forma hermosa de vender democracia. Luego, los llamados representantes del pueblo, unidos a los que viven del sindicato CCOO o UGT, celebrarán de nuevo conversaciones en torno a una buena mesa con buen vino, café, postre y habano, para rebajar otra vez el salario, pero subir los impuestos, la luz, el gas, el alquiler, el transporte público, la gasolina y los alimentos.

Pero no todo serán malas noticias, porque España seguirá bien, cada vez mejor: a la cabeza del número de alcohólicos y consumidores de cocaína, en el número 1 de los países con espermatozoides más inútiles, en la cima de las naciones sin ética y moral, sin compromiso y honestidad. Votad, españoles, votad, que ya habrá tiempo de arrepentiros.



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