sábado, 15 de marzo de 2008

Deporte y Autodeterminación

Este interesante artículo llega a nosotros cortesía de 12 Página:


Cuando el fútbol se convierte en una herramienta para dar batalla

En las últimas seis décadas, el deporte sirvió de instrumento para enarbolar banderas en diferentes causas políticas. Desde el exilio, muchos refugiados armaron sus propios clubes para mantener viva su esperanza.

Leonardo Castillo

Un equipo de fútbol puede representar muchas cosas: un sentimiento, una clase social, una colectividad e, incluso, ser también la bandera de una nación que lucha por su independencia o su autonomía. Desde la derrota de la República a manos del franquismo en la Guerra Civil española hasta nuestros días, los exiliados han creado distintos equipos de fútbol como una forma de mantener viva la causa que consideran justa, y éste parece ser un fenómeno que abarca todas las consignas políticas y étnicas y que tiene antecedentes en las últimas seis décadas de historia.

México fue, junto con la Unión Soviética, uno de los pocos países que se mostró solidario con la República Española durante la Guerra Civil y tras la victoria de Franco. El país, que en ese entonces era gobernado por el general Lázaro Cárdenas, recibió un numeroso contingente de exiliados. Una de las primeras cosas que hicieron fue crear clubes de fútbol. Uno de ellos fue el Asturias, que representaba el sentimiento antifascista de la gran mayoría de los españoles exiliados en México. Este equipo se encargó además de fichar a finales de los años ‘30 a varios jugadores españoles de Primera División, que debieron escapar tras la guerra. Con ellos, este conjunto ganó varios campeonatos de la Liga mexicana durante los años cuarenta hasta que diez años después desapareció de las competencias oficiales.

Pero no fue el único caso que se produjo en México. Como una forma de reclutar apoyos a su causa, el Gobierno Autónomo de Euskadi (País Vasco) envió de gira por México una selección de fútbol a que jugara partidos con el propósito de recaudar fondos para la adquisición de pertrechos bélicos. En 1937, el País Vasco fue tomado por las tropas de Franco y el equipo quedó varado al otro lado del océano Atlántico. Los futbolistas vascos decidieron entonces formar un club y participar del campeonato mexicano y estuvieron cerca de ganarlo en la temporada de 1939-40, precisamente ante el Asturias.

En los años 50, Hungría era una de las potencias del fútbol mundial y estuvo muy cerca de ganar el Campeonato Mundial de Suiza en 1954, que resignó ante Alemania. Con la conducción de Puskas, Kubala, Kocsis, los húngaros parecían haber formado un verdadero ballet que lucía un fútbol de alto vuelo técnico y estético. Pero la invasión soviética a Hungría en 1956 determinó el final de aquel formidable conjunto. Sus integrantes emigraron de su país y se refugiaron en distintos clubes de Europa occidental, pero la gran mayoría recaló en España. Puskas se sumó al Real Madrid, donde actuaba Alfredo Di Stéfano, y Kubala pasó al Barcelona. Ambos impulsaron allí la formación de una selección húngara en el exilio que jugó varios partidos contra distintos equipos españoles.

Las luchas por la liberación anticolonial no estuvieron desvinculadas del fútbol. Los integrantes del argelino Frente de Liberación Nacional (FNL), que peleaban contra la dominación francesa, armaron en los años sesenta un equipo de fútbol entre sus militantes y combatientes que jugó en aquellos años varios partidos contra equipos de países del norte de Africa y del este de Europa. Tras la independencia de Argelia, estos jugadores fueron condecorados como héroes de la triunfante revolución que había terminado con dos siglos de dominación francesa.

Las dictaduras militares de Argentina y Chile crearon un gran contingente de exiliados que debió buscar refugio en Europa. En Francia, representantes de esas comunidades comenzaron a juntarse para jugar al fútbol, como una forma de generar una sana convivencia latinoamericana. De esos partidos surgió un club integrado por jugadores de ambos países que se denominó Salvador Allende, en memoria del presidente chileno derrocado por Pinochet en 1973. El equipo intervino en ligas amateurs e incluso llegó a las semifinales de la Copa de Francia en 1978.

El Tíbet es una nación ocupada por China, que desde hace años reclama su independencia, territorial y futbolística. Jugadores de esa nacionalidad, que residen en Nepal y la India, crearon un seleccionado que, además de reclamar la autonomía política de su pueblo, pretende que la FIFA loacepte como miembro permanente. China se opone, ya que un representativo nacional tibetano significaría un reconocimiento de soberanía política más que deportiva. Tashi Tshering, un futbolista de este equipo, señaló a fin de año a la Agencia EFE que “jugar en este equipo es una forma de decirle al mundo que nuestro país existe y quiere ser libre”. Una muestra de que el fútbol es más que una pelota.


.... ... .

No hay comentarios.:

Publicar un comentario