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viernes, 7 de noviembre de 2025

La Nao San Juan al Agua

Desde Naiz traemos a ustedes  la reseña de un hito histórico muy particular, la botadura de la réplica de la Nao San Juan por parte de la Factoría Albaola ubicada en Pasai Donibane, lo cual nos ha proporcionado imágenes que se quedarán grabadas en el imaginario del pueblo vasco por mucho tiempo y que traemos a ustedes desde la página de Facebook de Noticias de Gipuzkoa.

Adelante con la información:


La nao San Juan surca las aguas de la bahía de Pasaia tras once años de paciente tarea

La réplica del ballenero vasco hundido en el siglo XVI en la costa de Canadá ha abandonado esta tarde los astilleros de Albaola en un acto de botadura que ha contado con una nutrida presencia institucional y que ha despertado una gran expectación a ambos lados de la bocana.

Imanol Intziarte

Aún no navega, pero ya flota. El trabajo de años en el astillero Albaola de Pasai San Pedro ha superado este viernes un nuevo hito con la botadura de la nao San Juan, una réplica del barco del mismo nombre que se hundió en el año 1565 en aguas de Labrador (Canadá), concretamente en la localidad de Red Bay.

El San Juan era un ballenero que partió de esta localidad guipuzcoana para no volver. Más de cuatro siglos después de irse al fondo, su pecio fue localizado en 1978 gracias a las pesquisas realizadas por la historiadora Selma Huxley. El Servicio de Arqueología Subacuática de Parks Canadá, dirigido por Robert Grenier, recuperó y catalogó una a unas 3.000 piezas, lo que permitió definir con precisión el casco y las técnicas constructivas del siglo XVI, convirtiéndolo en referencia internacional para la arqueología subacuática.

En 2014, Albaola abordó la construcción de esta réplica, tras recibir los planos, bajo la condición de que se respetaran los modos de la época. Como ha relatado en numerosas ocasiones Xabier Agote, presidente de Albaola, ha habido que recuperar oficios como la carpintería de ribera y conocimientos que se habían perdido en la memoria.

Madera de Sakana e Irati

Once años después, el casco, construido con robles de Sakana, estaba completado, y había llegado la hora de lanzarlo al agua. Para que el San Juan pueda cumplir su misión restan aún los mástiles –que se harán con abetos de Irati, toda la madera procederá de Nafarroa–, el velamen, las anclas y toda la cordelería, que sumará más de cuatro kilómetros de longitud. Para ello harán falta nuevas manos hábiles en coser, fundir, forjar o tejer.   

La botadura ha arrancado con un evento institucional que ha contado con la participación de numerosas autoridades e invitados. La música de Zaria Koru Eskola de Errenteria y los bertsos de Maialen Lujanbio, Aitor Mendiluze y Amets Arzallus han sido el prólogo a la larga lista de intervenciones, con Jon Maia y Maitena Salinas como maestros de ceremonias. 

El alcalde Teo Alberro ha subrayado que el de hoy es uno de esos momentos «que quedan en la memoria colectiva de un pueblo y que hablan de su personalidad», y ha señalado que la nao San Juan «es más que un barco histórico, es la memoria de nuestros pescadores, el conocimiento de nuestros artesanos, el respaldo de las instituciones y el trabajo de cientos de voluntarios».

El reportaje del ‘National Geographic’

A renglón seguido ha subido al estrado Xabier Agote, recordando cómo un reportaje publicado por la revista ‘National Geographic’ en 1985 despertó en su mente un sueño que se está haciendo realidad cuatro décadas más tarde. En su extensa lista de agradecimientos ha destacado la que ha trasladado al Gobierno canadiense, ya que gracias a su descubrimiento y a sus investigaciones «nos habéis devuelto el conocimiento, ha sido el mayor regalo que se ha hecho a Euskal Herria, gracias a vuestro trabajo los vascos hemos aprendido que hace 500 años éramos la tecnología naval más puntera del mundo».

También han tomado la palabra, entre otros, José Antonio Santano y Stéphane Dion en nombre de los gobiernos español y canadiense, Pablo Jiménez (Unesco) o Stephen Augustine, del pueblo indígena Mi'kmaq, que durante el siglo XVI mantuvo relaciones comerciales con los balleneros vascos, fruto de las cuales nació una forma de comunicarse conocida como el pidgin algonquino vasco.

La diputada general Eider Mendoza ha recordado que este año se conmemoran asimismo los mil años del primer testimonio escrito de Ipuscua (Gipuzkoa), mencionado en un documento de 1025 por el que el matrimonio formado por García Acenáriz (señor de Ipuscua) y Gayla donó a San Juan de la Peña la iglesia de San Salvador de Olazabal, en Altzo, así como otras propiedades de Tolosaldea y de Aia-Zarautz.

La danza tampoco ha faltado a la cita, con la bailarina zumaiarra Lucía Lacarra y el canadiense Matthew Goldwing interpretando ‘Itsasoa gara’, tema del grupo vizcaino Ken Zazpi. 

Pioneros en la navegación y el comercio

Como colofón, el lehendakari Imanol Pradales ha recordado que a principios de aquel siglo XVI Erasmo de Rotterdam publicó una obra titulada ‘Elogio de la locura’, una expresión que bien podría aplicarse a quienes se embarcaban en aquellos viajes transoceánicos arriesgando sus vidas para sacar adelante a sus familias. 

Una época marcada también por nombres propios como los de Elcano o Urdaneta. «Fuimos pioneros en la navegación y en el comercio. Tal fue nuestro grado de especialización que se promulgaron leyes para evitar que potencias extranjeras contratasen artesanos vascos», ha remarcado.

Terminado el acto, ha llegado la hora de salir al exterior para proceder a la botadura. Durante los últimos días, quien más quien menos ha recordado lo ocurrido en 1991 en Isla Cristina (Huelva), cuando la nao Victoria, construida con motivo de la Exposición Universal que se iba a celebrar un año más tarde en Sevilla, se recostó sobre un costado tras ser botada en marea baja y sin el suficiente lastre. Para evitar una circunstancia similar, la nao San Juan ha tocado el agua con marea alta y 50.000 kilos de piedras en sus bodegas.

Irrintzis y nervios

Ante la mirada de las miles de personas que se han dado cita en ambos lados de la bocana, Zaria Koru Eskola ha entonado el célebre ‘Jaiki, jaiki. Con Xabier Agote desde lo alto de la cubierta, Caroline Marchand, pareja del arqueólogo Robert Grenier, que no ha podido desplazarse hasta Pasaia por encontrarse enfermo, ha bautizado el casco con sidra, la bebida más usual en los barcos de aquella época. 

Centímetro a centímetro, las ruedas del soporte sobre el que se asentaba el San Juan han ido descendiendo hacia el agua, entre irrintzis, nervios y el sonido de los cuernos. Afortunadamente, todo ha salido a la perfección y después de unos veinte minutos de maniobra, el ballenero ha comenzado a balancearse, señal de que ya no se apoyaba sobre una superficie firme. 

Superada la prueba de fuego, y con mucho cuidado, uno de los remolcadores Facal del puerto ha llevado el barco hasta la dársena, donde se irá equipando con lo mucho que aún le falta. Este proceso tardará aproximadamente 18 meses, durante los cuales la nave se convertirá en un museo abierto al público para conocer en detalle la tecnología naval del siglo XVI y la vida a bordo. 

En la primavera o el verano de 2027 comenzará la singladura hasta Red Bay, que durará unos sesenta días. Pero esa será otra historia. Por ahora flota, que no es poco.








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