viernes, 10 de mayo de 2019

Egaña | El Dinosaurio Estaba Ahí

Altamente recomendable la lectura de este texto acerca de la manipulación mediática con respecto a Vox, esa que nosotros hemos denunciado desde el primer día, la que nos dice que España se había librado de los muy europeos embates de la extrema derecha hasta el desembarco de Vox en Andalucía. El mismo ha sido publicado por Iñaki Egaña en su cuenta de Facebook:

El dinosaurio estaba ahí

Iñaki Egaña

Los politólogos nos han contado recientemente que los caladeros de la extrema derecha, sobre todo en Hego Euskal Herria, están ubicados en los cuarteles de la Policía y en las residencias militares, tanto del Ejército como de la Guardia Civil. Electoralmente les han adjudicado el voto a Vox, la marca dirigida por Santiago Abascal, el portavoz del neofranquismo y de esa denominada extrema derecha que niega el holocausto, la represión franquista, el feminicidio y el esclavismo moderno y resalta el carácter inexcusable, natural y sagrado del territorio español.

La formación marinada por policías, nostálgicos y militares, parece como si surgiera de la nada y estuviera acotada a unos nichos muy determinados. Porcentajes mínimos, en comparación con otros grupos políticos. Santiago Abascal, de familia con pedigrí y abuelo alcalde franquista, ya había creado la Fundación para la Defensa de la Nación Española con largo recorrido entre los medios, mientras sirvió como ariete contra los separatistas.

Tal y como la fundada hace poco más de una década con el nombre de Fundación para la Defensa de la Transición española. Que tuvo de presidente al general Andrés Cassinello, aquel que le contestó a un periodista que si él hubiera fundado los GAL y ese periodista lo hubiera descubierto, su vida no valdría un pimiento. Numerosas organizaciones y fundaciones, avaladas por el relato oficial de lo modélica que ha sido y es España democráticamente, han jalonado la política cotidiana. Con los mismos objetivos que Abascal. Y, sin embargo, hasta ahora nadie les había echado en cara que fueran de extrema derecha.

Por eso me tiene frito ese argumento de los supremacistas que, de repente, se enredan en las formas y descubren un distrito desconocido, el de los “fatxas”. Como si hasta ahora la pulcritud política hubiera sido la norma. Como si lo de Vox y algunos efectos colaterales llegaran con moda europea, y no autóctona, desde los puertos controlados por Marine Le Pen, Matteo Salvini o Viktor Orbán.
Y no es así. Por supuesto. Como dejó escrito el guatemalteco Augusto Monterroso, “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. De la misma forma que Abascal y sus secuaces reniegan de los valores democráticos y se reafirman en la tradición totalitaria, una pléyade de actores y también actrices políticas, sociales, judiciales, policiales, periodísticas, religiosas e institucionales llevan décadas explayándose en los mismos códigos que el ahora señalado. El dinosaurio no se había ido jamás.

Hoy, no sé si porque lo fue en los prolegómenos de la campaña electoral al Congreso hispano, la marabunta mediática se echaba las manos a la cabeza con el descubrimiento de una “policía patriótica” que trabajaba para el Gobierno de turno. Como si Villarejo fuera una excepción en un mar limpio de impurezas. La cuestión es justamente la contraria. Encuéntreme esa aguja en el pajar. Busquen esa época donde esa “policía patriótica”, con decenas de nombres del todo conocidos, no hubiera actuado. No la encontrarán.

Hoy, los diarios guipuzcoano y vizcaíno de Vocento han realizado una entrevista a una mujer que recientemente ha denunciado malos tratos por parte de la Erztaintza. ¿Una excepción? Efectivamente, pero la de los diarios monárquicos. Porque hasta ahora, han sido voceros precisamente de los negacionistas. Miles y miles de ocasiones perdidas. Más de trescientas en lo referente a la Policía Autónoma según el informe del Gobierno vasco. Entonces, cuando el Gobierno vasco hizo público su informe, la entrevista fue precisamente al delegado de un sindicato policial de la Ertzaintza que se despachó a gusto. Poco menos que señalando a las víctimas como si fueran verdugos.

¿Qué me dicen de los editoriales de esos mismos diarios hace unas semanas cuando los de Jusapol llegaron al Parlamento de Gasteiz para airear su negacionismo, para sacar pecho frente a las víctimas de la violencia policial y señalar, con un símbolo que parece el de una pistola (la fuerza y el monopolio de la violencia como argumento)? Aquellos policías que se escudan en la impunidad y en los medios que garantizan su relato fueron avalados en su pataleo por los diarios vascos de Vocento. Busquen en la hemeroteca.

La lista es bien extensa. En todas las ecuaciones paralelas, la presencia policial y militar es exhaustiva. Sin ellos, el tema estaría edulcorado. Narcotráfico, torturas, ejecuciones extrajudiciales, abusos de poder, golpes de estado, espionaje… Desde la Transición hasta esta mañana, las páginas de los diarios están llenas de toneladas de letras al respecto.

Toneladas de justificaciones mediáticas, con o sin fondos reservados de por medio, con o sin mandatos de los consejos de administración, con o sin el puesto de trabajo en suspenso según la modulación de la pluma. Siempre han estado aquí, lavados por un supuesto barniz democrático que era falso. Parte de ese gran teatro que es el escenario político.

Pero los ultras, los fanáticos de la españolidad y de sus genialidades, no han habitado únicamente en cuarteles. De eso soy testigo directo. Habitan en las iglesias y obispados, dando clases de decencia cuando su indecencia, su pederastia y su descaro habrían sido suficientes para condenarles al fuego eterno. Y cuando hablan de lo mundano y lo político se alinean con lo más retrogrado de la sociedad, la que mantiene el llamado Valle de los Caídos como icono.

Y qué me dicen de los consejos de administración de las empresas del Ibex, las que con aquel tufo de pernada medieval crearon la Marca España. ¿Y los jueces? Ya partiendo del hecho de que su asociación demócrata es una minoría de minoría. La capacidad de poder de cualquiera de los estrellas es capaz de sustituir a millones de votos. ¿Es eso símbolo de libertad, de democracia? Centenares de sentencias avalan la impunidad, el patriarcalismo, la sagrada unidad hispana, la división clasista… No es lo que reivindicaban como novedad los seguidores de Abascal. El dinosaurio estaba ahí.






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