viernes, 24 de mayo de 2019

Cuatro Décadas del Dhaulagiri

Desde Noticias de Gipuzkoa traemos a ustedes este artículo acerca de la primer gran hazaña del montañismo vasco:


Se cumplen 40 años de la expedición navarra que en 1979 alcanzó la cima del Dhaulagiri

Lander Santamaría

El 12 de mayo de 1979, a las 14.00 horas, la Expedición Navarra al Himalaya logró su trabajado y sufrido objetivo y conquistó la cima del Dhaulagiri (8.172 m), lo que significó el primer ochomil de la historia del montañismo vasco. La ascensión constituyó todo un acontecimiento en Navarra, que se había volcado como nunca antes con una expedición, y sus 18 miembros.

La conquista del Dhaulagiri tardó una semana en conocerse, hasta el 19 de mayo, cuando la prensa recibió y publicó el telex que comenzaba así: “Con profunda emoción y gran alegría comunicamos la mejor noticia”, decía el texto que desde Katmandú escribió seis días después del éxito Gregorio Ariz, el jefe de la expedición. “No había móviles ni ordenadores, las cosas eran mucho más precarias entonces”, recuerda Gregorio, que, en cierto modo, reconoce que aquel primer ochomil representó “un antes y un después para nuestro montañismo”.

En efecto, hasta entonces solo se contaban tres ochomiles en el Estado, y la anterior intentona vasca por lograr el primero, la expedición Tximist al Everest de 1974, se vio obligada a abandonar debido a las malas condiciones meteorológicas. Por todo ello, la consecución de la cima del Dhaulagiri constituyó un hito trascendental en la historia del montañismo vasco.

Los preparativos

La primera elección recayó en el Annapurna (8.078 metros), aunque también antes se habían barajado las catorce cimas existentes con más de 8.000 metros, que se fueron descartando una a una. Finalmente, los expedicionarios se decidieron por un monte cuyo nombre se deriva de Dhawala, que significa blanco en sánscrito, y de Giri, que quiere decir montaña, y de donde se forma Dhaulagiri para los nepalís, la montaña blanca.

También es conocida como la “montaña de las tormentas” porque casi siempre está rodeada por un viento fortísimo y lleva fama de complicada, quizás de las más difíciles de la cordillera del Himalaya. De hecho, todavía hoy solo seis expediciones de 28 que lo han intentado han coronado su cima, y quedan las palabras de Lionel Terray, miembro de la gran expedición francesa que tras la Segunda Guerra Mundial intentó escalar el primer ochomil de la historia y tuvo renunciar: “No volveré a poner los pies en aquella montaña, el Dhaulagiri no se conquistará nunca”.

La expedición navarra trabajó tres años para reunir conocimientos y equipo humano. Se sabían toda la estrategia del ataque, los alimentos y cantidades, el equipo, las tiendas, cuerdas y el oxígeno. Y otros aspectos como el médico, fotográfico, cinematográfico y administrativo “desde la primera gestión en el Palacio de Navarra para obtener ayuda hasta el contacto con un conservero de garbanzos de la Ribera”. Todo hasta completar los 7.000 kilos de carga (250 bidones) y afrontar incluso con créditos personales los diez millones de pesetas del presupuesto.

La partida...

El primero en partir fue Gerardo Plaza, para ocuparse de los trámites en Bombay y conseguir que la mercancía siguiera por toda la India hasta Nepal. Y el día 8 de marzo, después de serles impuesto en el Ayuntamiento de Pamplona el pañuelico de San Fermín que la mayoría llevó al cuello durante toda la expedición, y recibir el cariño de una multitud que acudió a despedirles, partieron los expedicionarios.

Fueron Gregorio Ariz, Iñaki Aldaya, Javier Garayoa, Trini Cornellana, Javier Garreta, José Ignacio Ariz, Juan Mari Eguillor, Ángel Martínez, Mari Abrego, Agustín Setuain, Pili Ganuza, Javier Sorozabal, Ángel Irigoyen y los catalanes Jordi Colomer, Ramón Bramona, Juan Massons y Jordi Pons. Permanecieron varios días desesperantes por la lenta burocracia en Katmandú, disfrutando eso sí de un país pobre pero bello y exótico a más no poder, hasta que consiguieron finalizar todos los trámites y partir en busca de la montaña blanca.

¡...Y la cima!

El altímetro marcaba 2.330 metros cuando por primera vez apareció ante ellos el Dhaulagiri, resplandeciente, el objetivo soñado. Y el campo base se instaló a 4.600 metros, al pie de la cara norte, al que siguieron otros cinco hasta el último (7.600 m) desde el que se atacó la cumbre y que, tras bastantes horas de esfuerzo, y después de que el vendaval les arrebatara una de las tiendas, decidieron instalar las otras dos y esperar el momento propicio. Era el día 9 de mayo.

Al día siguiente, decidieron el ataque definitivo. Un equipo subió del Campo IV al V y otro lo hizo hasta el IV, de forma que, si fallaba el primero, el segundo sería el que lo intentara. En total diez personas en condiciones de llegar a la cima, un número elevado y con un tiempo radiante. Pero el viento no dejaba avanzar, igual que el día 11, con buen tiempo pero con ráfagas de viento que sobrepasaban los 200 kilómetros por hora.

Al caer la tarde cedió el vendaval y reinó una calma desacostumbrada. El sherpa Ang Rita salió fuera, echó puñados de arroz al cielo y dijo: “Mañana no habrá viento, mañana haremos la cumbre”. Por fin, tras once largas horas para ascender los últimos 580 metros, un metro por minuto, Iñaki Aldaya, Javier Garayoa, Gerardo Plaza, Jordi Pons y el sherpa Ang Rita hicieron brillar “unos ojos húmedos y alegres por la conquista” y por esa ley de honor no escrita en ellos se concentró todo el esfuerzo y el mérito de toda la Expedición Navarra al Himalaya’79.

Un acontecimiento histórico y un logro que fortaleció un imborrable vínculo de amistad. De los 18 expedicionarios, solo faltan Gerardo Plaza, fallecido en 1980, y Mari Abrego, que murió en 2018, que les sonreirán desde la cima eterna.






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