viernes, 18 de enero de 2019

Valencia | Orain Presoak

Desde las páginas de Gara traemos a ustedes esta reflexión con respecto a las movilizaciones multitudinarias del pasado fin de semana en Baiona y Bilbo:


Jesús Valencia

Bilbao y Bayona fueron escenarios de dos manifestaciones masivas y simultáneas que secundaron un lema ambiguo: Orain presoak. ¿Se trataba de un reconocimiento implícito de que las cárceles han estado relegadas en el ranquin de nuestras prioridades? ¿O era el compromiso público de que la violencia carcelaria va a ocupar, a partir de ahora, la prioridad que merece en nuestra agenda política y social? En cualquier de ambas interpretaciones, el 12 de enero marcaría el comienzo de una etapa nueva y mucho más comprometida.

En el acto de clausura se nos dijo, una vez más, que no podemos descansar hasta acabar con las consecuencias del conflicto. El comportamiento de la España imperial me plantea dudas. ¿El encarcelamiento de patriotas es consecuencia de un conflicto o parte nuclear del mismo? El puedo y no quiero del PP o el digo y no hago del PSE dejan al descubierto su percepción del tema. El encarcelamiento de patriotas es la reafirmación de su poder colonial y la advertencia del futuro que les espera a quienes cuestionan la soberanía exclusiva de la metrópoli. La excarcelación de un preso político la viven como respaldo a sus ideas corrosivas; el ongi etorri que le dedican sus paisanos, como ultraje a la unidad patria; reclamar la libertad de quienes continúan encarceladas, como un intolerable desafío. Jueces, carceleros, periodistas, calzan el mismo zapato que sus referentes políticos. Y no digamos nada de las chusmas fanatizadas; evocan la histeria colectiva que se desató en España contra los patriotas cubanos y, posteriormente, los rifeños. No se andan en remilgos ni distinguen etiquetas: arrancan lazos amarillos en Catalunya, disparan contra la bandera maldita en Amurrio o amenazan con arrasar el simulacro de celda en Iruña.

Contemplar desde una acera de Bilbao a la variopinta multitud que desfilaba era impresionante. Gentes de muchas edades, diferentes procedencias y variadas sensibilidades caminaban en la misma dirección y por la misma causa. Es probable que algunos de los asistentes hubieran puesto reservas al comunicado final, pero no habían acudido a la convocatoria para hacer comentarios de texto. Por encima de diferencias y matices, primó la confluencia en aras a un objetivo común: liberar a los cautivos. Y suelen ser estos, precisamente, quienes más apelan a la confluencia; quizá porque conocen mejor que nadie la brutalidad y el poder de sus captores. Los presos palestinos gestaron un documento al que se le ha llamado “Documento de Unidad Nacional”; Oscar Pérez Rivera, expreso portorriqueño que ha pasado más de treinta años en cárceles yanquis afirmaba tras su excarcelación: «La férrea unidad del pueblo boricua, más allá de las diferencias, ha podido arrancar de las cárceles yanquis a uno de sus hijos». Daniel Ruiz, trabajador argentino ahora encarcelado, lanzaba hace pocos días parecido mensaje: «El único camino que nos queda es enfrentarnos unidos a esta política»

Las multitudinarias movilizaciones del 12 de enero tendrían que actuar como necesario revulsivo. No podemos permitirnos el lujo del desaliento cuando cientos de paisanos y paisanas –probablemente, las mejores– siguen secuestradas. Recojo el mensaje ilusionante y optimista que nos lanzó recientemente Itziar Aizpurua: «Aurre egingo diogun zalantzarik ez dut. Lehen, gutxi izanda, aurre egin bagenion, orain nola ez?» (GARA, 05.01.19). Y si tenemos dudas sobre cómo llevar adelante la tarea, escuchemos la sugerencia de otro maestro inapelable, Che Gevara: «Es el heroísmo del pueblo en lucha el que impone las soluciones».

Que cada cual elija la estrategia que considere más acertada. Todas ellas son respetables y, como en las marchas del día 12, pudieran ser acumulativas. Pero que el compromiso a favor de los presos se mantenga intensamente activo los 365 días del año.






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