sábado, 30 de septiembre de 2017

La Balcanización de Españistán

Desde siempre los mandamases en los estados nación centrales han utilizado el término separatista en contra de quienes se atreven a involucrarse en un proceso de autodeterminación de una nación histórica, de un pueblo sin estado.

En este artículo publicado en El Diario hacen ver que el doble rasero que han utilizado los países centrales con respecto a los diferentes movimientos de liberación alrededor del mundo ha sido lo que ha terminado por socavar su postura:


De España a Irak, los estados deben entender que reprimir el separatismo no funciona

Simon Jenkins | Traducción de Lucía Balducci

Olvidaos del Brexit. El referéndum que realmente importa se llevará a cabo este domingo en la rica comunidad española de Cataluña y su gran ciudad, Barcelona. Un voto de Cataluña a favor de la independencia de España podría provocar un voto de Euskal Herria, el País Vasco, en la misma línea y daría inicio a la desintegración de España. El resultado del referéndum es impredecible, por lo que el Gobierno de Madrid lo ha declarado ilegal y ha hecho todo lo que ha podido para impedir que se lleve a cabo.

Cualquiera que piense que la balcanización fue un fenómeno propio del siglo XIX está equivocado. A principios de este mes, los kurdos –"el mayor pueblo sin Estado"– votaron su separación de Irak, sin mencionar las regiones kurdas de Irán y Turquía. La secesión ha provocado dos estados de facto en Ucrania. Yemen lucha contra sí mismo. Myanmar está considerando la separación forzada de los rohingyas, que la mayoría de los birmanos no quiere en su tierra. En el Reino Unido, el Brexit es en sí mismo una forma de secesión.

Cuando estados soberanos ven que pierden poder pueden actuar irracionalmente. Los intentos del gobierno español de impedir la votación del domingo, mediante la actuación policial, la censura de medios de comunicación y policía antidisturbios, no podrían haber sido más contraproducentes. El nacionalismo escocés fue agitado en los ochenta por la torpe negación de Londres de traspasar competencias a Escocia. Y, en gran parte, la enorme acumulación de poder de la Unión Europea fue lo que precipitó el Brexit.

El problema es que cuando hablamos de democracia como “la voluntad del pueblo” no queda claro de qué pueblo se trata. El Reino Unido defendió el deseo de los habitantes de las Falklands (Malvinas) de ser británicos, pero no hizo lo mismo con los ciudadanos de Hong Kong o de la isla de Diego García. El Reino Unido hizo todo y más para que Bosnia y Kosovo se separaran de Yugoslavia y Serbia respectivamente. Al Reino Unido no le molestaría si Irlanda del Norte votara separarse y unirse a la República de Irlanda, pero a la vez se ha opuesto fanáticamente a la independencia de Escocia. El separatismo es un concepto carcomido por el doble rasero.

La única conclusión sensata es reconocer el derecho de los grupos territoriales a alguna forma de autogobierno. La libertad de un Estado democrático de impedir su propia desintegración está limitada por el derecho de sus provincias de decidir por sí mismas cómo y quién las gobierna. La pacífica división de Checoslovaquia es un caso de referencia. Cuando no se llega a un acuerdo, la separación es la única opción. La alternativa es el conflicto y, en los casos extremos, la violencia.

Por eso la cuestión no es el separatismo en sí mismo, sino el centralismo de los gobiernos que lo provoca. El conflicto entre Madrid y los vascos logró acabar en diálogo y en la concesión de algo de autonomía a la región. Esta sería una solución sensata al conflicto con Cataluña. La forma en que el poder superior maneja los derechos de los de abajo es la base de la política desde el principio de los tiempos. El traspaso de competencias no es una opción. Es una necesidad.






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