martes, 22 de diciembre de 2015

En Manos de Podemos

Con respecto a las reacciones que ha suscitado el estruendoso tiunfo de Podemos en Euskal Herria, aquí les compartimos la opinión de Alberto Pradilla al respecto, misma que ha sido publicada en Gara:
El éxito de Podemos en naciones sin Estado impulsa el derecho a decidir

Podemos sitúa la celebración de una consulta en Catalunya como condición «sine qua non» para llegar a acuerdos con el PSOE. Lo dijo la víspera Pablo Iglesias y ayer fue todavía más contundente. Más de la mitad de sus diputados los obtuvo en naciones sin Estado. El número de parlamentarios favorables al derecho a decidir llega a 96 de 350. Inédito.

Alberto Pradilla
«No entender la plurinacionalidad (del Estado español) es entregar el gobierno a Mariano Rajoy. Que el PSOE no cuente con nosotros para entregar el gobierno al PP». Más tajante incluso que la víspera, Pablo Iglesias dejó claro ayer que la celebración de un referéndum en Catalunya es una «línea roja» a la hora de negociar con el PSOE. La consulta es una de las cinco reformas constitucionales que el partido morado pone como base para empezar a hablar. Se trata de la primera ocasión en la que una fuerza estatal con el peso parlamentario de Podemos se erige como defensora del derecho a decidir y lo sitúa como condición sine qua non para abordar un diálogo que, por el momento, ubica en el terreno programático y no en el de la investidura. Todavía más inédito es que casi un tercio del Congreso español esté ocupado por diputados que defienden que naciones sin Estado como Catalunya, Euskal Herria o Galiza puedan decidir su estatus político a través de las urnas.

La clave es la irrupción de Podemos, con 69 escaños. A ellos se le suman los nueve de ERC, los ocho de Democracia i Llibertat, los seis del PNV, los dos de EH Bildu y los dos de Unidad Popular. En total, 96 de 350 parlamentarios. El caso de la formación de Iglesias es especialmente relevante. Ahí tiene un gran peso la confluencia catalana, En Comú Podem, liderada por Ada Colau y que le ha servido para imponerse en el Principat con el derecho a decidir por bandera. Tampoco se puede desdeñar el hecho de que 36 de sus 69 representantes proceden de naciones sin Estado: Euskal Herria (con nombre propio), aporta 6; Països Catalans un total de 23 (repartidos entre En Comú Podem, Compromis y con siglas propias en Illes Balears) y Galiza, donde las Mareas se llevan 6. De hecho, llegan más escaños desde estos territorios que del resto del Estado.

Con estos datos parece evidente que quienes más han comprado el mensaje de reforma estatal que promueve Podemos son los habitantes de las naciones no reconocidas. Y eso que la formación morada reivindica el derecho a decidir como «pegamento» para mantener la «unidad de España» con un carácter «plurinacional».

Premisa de «mínimos» y veto

Se da la paradoja de que la reivindicación soberanista catalana, que ha estado alejada del debate público durante la campaña, se reubica en el centro del debate como condición previa. Iglesias dejó claro que se trata de una premisa «de mínimos». que forma parte de la base de Podemos. Sin embargo, tanto PP como Ciudadanos, así como diversos barones del PSOE, situaron el independentismo como elemento de veto: es decir, que la «unidad de España» es la línea roja antes de hablar.

Todos tienen en su punto de mira a Pedro Sánchez, a quien quieren marcar terreno por si tuviese la tentación de buscar un difícilmente imaginable pacto con Podemos que necesitaría, al menos, del concurso de PNV y ERC. Abrieron fuego los propios compañeros del secretario general del PSOE antes de la Ejecutiva celebrada en Ferraz. «No se puede alcanzar pactos con nadie que defienda la independencia de Catalunya o la autodeterminación de los pueblos de España», planteó Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura. En la misma línea, Emiliano García-Page o Antonio Pradas se sumaban al mensaje de la presidenta andaluza, Susana Díaz.

Esto deja al PSOE en una posición que tiene difícil explicación por sí misma. Su secretario de Organización, César Luena, insistió en que no votarían «a Rajoy y al PP», pero no presentó alternativas. Es decir, que si se sigue con este guión y Ferraz no cambia, deberían celebrarse nuevas elecciones. Claro que una cosa es la retórica y otra la política. En el PSOE hay grandes maestros en el arte de retorcer las palabras y el «de entrada, el PP no» puede dar paso a una abstención «por responsabilidad de Estado». En Ferraz todavía no quieren mostrar sus cartas y se limitan a ubicarse «en la oposición», lo que no tiene recorrido más allá de primavera.

Mientras, PP y Ciudadanos insisten para que Sánchez deje gobernar a Rajoy, aunque fuese por omisión. «El PSOE debe decidir si España es un país gobernable», remarcó Albert Rivera. «Debemos ofrecer certidumbre», insistió Mariano Rajoy, apelando a la bandera. El PP cuenta con la ventaja de que los presupuestos de 2016 los aprobó con la legislatura casi agotada, así que disfrutaría de un año relativamente tranquilo. La clave está en los cálculos y las obligaciones que tenga Ferraz.

Sánchez y Rajoy quieren seguir como líderes pese al desplome

Tanto Pedro Sánchez como Mariano Rajoy quieren seguir al frente de PSOE y PP. Los dos lo anunciaron ayer, justo el día en el que sus partidos asimilaban el desplome del sistema bipartidista español, que apenas llega al 50% de representación. El primero que lo dejó claro fue el secretario general de Ferraz, que llegaba a la Ejecutiva en mejor posición de lo que vaticinaban las encuestas. Fue el único de todos los principales líderes políticos que no dio la cara y dejó que fuese su secretario de Organización, César Luena, quien anunció que habrá procesos congresuales «en primavera» y que Sánchez, que se hizo con el liderazgo de Ferraz hace apenas año y medio, quiere repetir. El calendario, no obstante, no está cerrado. Depende de que se llegue a acuerdos de investidura. En caso contrario, si se repitiesen los comicios, todo quedaría pospuesto. Ante la difícil disyuntiva en la que se encuentra Sánchez, es muy posible que llegue a la reelección tocado, haga lo que haga.

Quien fue más cuestionado es Mariano Rajoy. Su mentor, José María Aznar, reconvertido en archienemigo, hizo acto de presencia en la Ejecutiva Nacional en Génova casi cuatro años después de su última asistencia. Llegó para cuestionar el liderazgo de Rajoy y plantear la necesidad de un «congreso abierto». El presidente español dijo que lo habrá («como siempre») y que se presentará. También, a la espera de resolver la investidura.

Fechas clave: de enero a primavera

Las matemáticas han dejado un Parlamento muy complejo y sin pactos claros para la investidura. De hecho, no se descarta que en primavera puedan llegarse a unas nuevas elecciones. Todavía falta mucho. Por el momento, da la sensación de que los partidos van a enfriar el debate hasta que entre el nuevo año. Es momento de descanso, reflexión y conversaciones discretas. La próxima fecha clave es el 13 de enero. Ese día se constituirán las Cortes y tocará saber si hay pactos a la hora de constituir la Mesa del Congreso. A partir de entonces, los representantes de cada uno de los partidos que han obtenido algún escaño serán recibidos por Felipe de Borbón, jefe del Estado español, dentro de una ronda de consultas antes de que uno de ellos tenga que formar gobierno. La lógica dice que sea el PP, el partido más votado, el que tome la iniciativa. El PSOE ya ha dejado claro que le dejará vía libre.

Una vez que se inicie este proceso tendrá lugar la primera sesión de investidura. No hay fecha fija, pero todo apunta a que sería a finales de enero. Si todo sigue tal y como los partidos han previsto, no habrá quorum. En este momento comienza la cuenta atrás para la repetición de los comicios. Según la Constitución española, los partidos tienen dos meses para alcanzar un acuerdo y formar Gobierno. En caso de que no se alcanzase ningún pacto, los ciudadanos del Estado deberían volver a las urnas en primavera. Aquí es relevante ver a quién beneficia. Podemos ya ha dejado claro que no le desagrada la idea. Ciudadanos podría desplomarse y PP recuperar sus votos.





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