domingo, 20 de diciembre de 2015

El Decálogo de «Ortzi»

Les compartimos este artículo de Gara en el que se hace un recuento de los puntos que Francisco Letamendia ha planteado frente al panorama político actual:


Francisco Letamendia «Ortzi», profesor de la UPV-EHU | Francisco Letamendia (Donostia,1944) es, además de un reputado profesor universitario y un prolífico escritor, una de las personas que mejor conoce y más ha teorizado sobre la política vasca. Referencia ineludible para abordar una cita como la de hoy, Ortzi admite que las expectativas abiertas sobre un cambio profundo en el Estado han menguado, en gran medida por la «marcha atrás» de Podemos en la crítica al marco constitucional, pero destaca que ocurra lo que ocurra en Madrid, la clave para Euskal Herria sigue estando aquí.

Iker Bizkarguenaga

Pocas personas conocen la historia reciente de Euskal Herria como Francisco Letamendia, con el plus añadido, cuando abordamos una campaña a Cortes, de haber vivido en primera persona el ambiente reinante en el Legislativo español. Han pasado casi cuatro décadas, sí, pero aquel «Gora Euskadi askatuta, gora Euskadi sozialista!», con el puño en alto en la tribuna de oradores, sigue siendo una imagen icónica para el espectro abertzale. Mucho ha llovido desde entonces, pero hay cosas que apenas han cambiado, y Ortzi recuerda que la clave para nuestro país, ocurra lo que ocurra en Madrid, sigue estando aquí.

Servirse de las instituciones

El profesor de la UPV-EHU coincide, ante la pregunta, en que por norma estas elecciones han sido complicadas para las fuerzas políticas de obediencia vasca, cuya posición, apostilla, es «complicada». Aunque señala también que muchas veces han sido ocasiones propicias para marcar posición política desde el Congreso, como fue su caso. «Es posible servirse de estas instituciones como altavoz» indica, pero teniendo claro siempre que en lo que respecta a Euskal Herria «lo importante es lo que se haga aquí». Cita entonces el concepto de unilateralidad.

Más aún cuando, a diferencia de lo que podía ocurrir hace apenas unos meses, en un momento en que parecía posible un cambio de escenario en Madrid y se hablaba de una segunda transición, esta opción es con el transcurso del tiempo «cada vez más difícil». ¿Y por qué ha ocurrido eso? «Pues porque los enemigos de la soberanía vasca, del proceso de paz y del cambio, también del cambio en Madrid, son poderosos y muy hábiles». «El sistema –prosigue– ha creado una marca blanca, una lista en apariencia limpia de polvo y paja que defiende lo mismo que los anteriores, en una estrategia apoyada por los medios y que les ha salido bien».

Esa marca blanca, obviamente es Ciudadanos. Por contra, del otro partido «emergente» –así es como les llaman–, Podemos, Letamendia destaca que «mucha gente había depositado su esperanza» en la formación del círculo morado, y también en Euskal Herria se pensaba que «podía ser un posible interlocutor», pero apostilla que en los últimos tiempos «ha reconducido su discurso de forma bastante clara». El profesor de la UPV, con todo, sí cree que «puede haber margen de acuerdo» con los de Pablo Iglesias, aunque «no para un cambio profundo de modelo», entre otras cosas porque observa «una marcha atrás en la crítica al marco constitucional» que es, en definitiva, «la madre del cordero».

Se explaya entonces en torno a lo que fue el periodo de la llamada Transición tanto en el marco político-institucional –«hay que decir las cosas como son: la Constitución del 78 fue un marco impuesto con una deserción de la izquierda personificada en Carrillo y en el PSOE»– y socioeconómico, e insiste en que «parecía que Podemos podía coger el toro por los cuernos, pero ahí ha dado marcha atrás».

También señala que el partido de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón «es fruto de las redes sociales, que también son volátiles, y además no es un grupo homogéneo y tiene contradicciones internas» en temas de calado.

De Podemos a Ciudadanos

¿Y cómo es posible que en menos de un año tanta gente haya pasado de decir que va a votar a Podemos a asegurar que su voto será para Ciudadanos?, preguntamos, apuntando que a primera vista ambos tienen programas muy diferentes. «Es algo llamativo, sí, pero no es inexplicable» responde Paco Letamendia, añadiendo que se trata de dos partidos que se han centrado principalmente en el tema de la corrupción, donde a primera vista ambos parecen limpios y “regeneradores”. «Pero si centras tu discurso en la corrupción –indica– tienes que ir más allá, a las raíces de esa corrupción, en qué es lo que la genera. Al no ir a la raíz, que es fundamentalmente la Constitución del 78 que abrió la puerta de par en par al neoliberalismo, no ha marcado brecha con Ciudadanos, que además ha tenido el apoyo de los medios».

Hablando de los medios de comunicación, parece que los programas televisivos determinan más que nunca el sentido del voto, mucho más que los programas electorales, y que para mucha gente una entrevista con Bertín Osborne o aparecer en el programa de María Teresa Campos pesa más que años de corrupción y recortes. «La cultura actual es audiovisual, es la cultura de lo instantáneo, de lo efímero, y así te pueden dar gato por liebre. No es una cultura de la lectura y la reflexión, como podía ser hace unos años», explica Ortzi, matizando de todos modos que «lo audiovisual también puede ponerse al servicio de la reivindicación y la protesta», sobre todo a través de las redes sociales. Pero sí, es evidente que «lo mayoritario es lo otro, que los medios están a favor del sistema». Y eso pesa.

El contexto de las elecciones

También lo hace, por supuesto, el contexto en el que se celebran las elecciones. Y en este caso, como ya se ha citado antes, hace unos meses los recortes y los casos de corrupción lo copaban todo. Sin embargo, en el último año la réplica españolista al proceso catalán y el discurso securócrata posterior a los atentados de París han relegado esos temas y han dibujado un panorama mucho más favorable para el partido en el Gobierno, el PP.

Siendo eso así, Letamendia matiza que aunque es cierto que el proceso catalán, con hitos como la declaración del Parlament, «ha puesto en guardia al españolismo», eso en absoluto puede significar que haya que dar «marcha atrás» en el procés. Al contrario, pues según Ortzi «el Estado no iba a ser más condescendiente» en ese caso, y señala lo ocurrido con el Estatut, es un momento en que «la mayoría de la ciudadanía catalana era estatuista y la actuación del Estado generó independentismo». «Si en ese momento se hubiera dado marcha atrás, no se habría avanzado como se ha hecho, al contrario», sostiene.

Y respecto al reforzamiento del mensaje securócrata tras los ataques del 13 de noviembre, opina que lo que hace falta es «presentar alternativas», como ocurrió en Noruega tras el atentado del ultra local Anders Breivik en 2011, que dejó un saldo de 77 muertos, la mayoría jóvenes de izquierda. «Noruega apostó entonces por más democracia. Hay que dejar claro que no es necesario recurrir a las barbaridades securócratas» apunta, recordando asimismo que en este ámbito, el de los ataques yihadistas, «quienes cometen los atentados son ciudadanos franceses, o británicos, en algunos casos de tercera generación, que se han visto reducidos a una situación de inferioridad social. Debe haber una mayor inserción social y cultural. La securocracia es pan para hoy y hambre para mañana».

Canalizar las mayorías en EH

Y Euskal Herria, ¿qué? Está totalmente fuera del debate en el Estado. Justo cuando las fuerzas abertzales más fuerza institucional y electoral tienen, parece que este país ha dejado de ser cuestión de Estado, al menos públicamente. Preguntamos por este tema a Ortzi, quien admite que «los vascos no estamos de moda», un hecho que «tiene que ver con nosotros. No estamos canalizando las mayorías políticas e institucionales en un programa de acción, estamos cometiendo un gran error». A su juicio, «deben darse pasos hacia una unidad de acción, pues de lo contrario nos mantendremos en la irrelevancia».

Unidad de acción, ¿en torno a qué? Letamendia cita tres frentes para el trabajo en común: «Soberanía vasca y empoderamiento, lucha contra el neoliberalismo –dos ámbitos que, subraya, deben ir de la mano– y que el proceso de paz sea un proceso de todos». También cree que «hay que poner énfasis en la cultura, en empoderarnos culturalmente», y remarca, a este respecto, que ese empoderamiento debe darse además «en el terreno de la producción teórica», y no solo en euskara –aunque considera que cuanto más se produzca en euskara mejor que mejor–, sino en todos los idiomas que se hablan en este país. Porque, en su opinión, «se están perdiendo aportaciones muy enriquecedoras» y se están generando problemas como, por ejemplo, «los que tiene la izquierda abertzale para entrar y crecer en el Gran Bilbao». Cree también que este es «un momento ideal para trazar cauces para integrar a fuerzas políticas y agentes sociales».

En Nafarroa, al 80%

No acaba la entrevista sin citar la situación generada en Nafarroa, donde ha sido posible consensuar una lista de las fuerzas del cambio al Senado, pero no al Congreso. Preguntado cómo valora este hecho, si ve el vaso medio lleno o medio vacío, el profesor responde sin duda: «Lo veo lleno al 80%». Va más allá de estos comicios y afirma que lo ocurrido en los últimos meses en Nafarroa «ha sido maravilloso», pues «ha conseguido saltar la losa del españolismo más rancio. La unión de fuerzas, de todas las del cambio, ha sido maravillosa». Y volviendo a la pregunta, cree que el que «no salga la lista del Congreso es bastante lógico, pero la del Senado recoge esa experiencia».






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