martes, 29 de diciembre de 2015

Del Bidasoa al Mississippi

Les presentamos este reportaje publicado en Deia que relata el más reciente proyecto de Fermín Muguruza:

Irun-Nueva Orleans, un viaje musical

Fermin Muguruza estrena documental y disco diez años después del Katrina

Andrés Portero

Siempre activo, Fermin Muguruza, a quien se le queda ya pequeño el apelativo de músico tras sus incursiones en el cine, en el documental y en la obra gráfica, realiza en Nola? Irun meets New Orleans (Talka), un emocionante viaje entre Euskal Herria y la ciudad estadounidense. Muguruza se planta allí diez años después del Katrina y comparte disco con músicos locales; además, incluye un documental que analiza la tragedia y la reconstrucción tras la inundación.

El de Irun lo mismo se sube a un escenario para celebrar un fiestón junto a Manu Chao que viaja a diferentes partes del mundo para presentar la exposición de su obra gráfica, Black is beltza, que mezcla crítica, teatro y canción en Guerra, su proyecto compartido con Albert Pla y Refree. Y a Muguruza le ha dado tiempo para viajar a Nueva Orleans con su proyecto Nola?, que toma el nombre de la abreviatura de New Orleans-Luisiana y al que ha añadido la interrogación para adaptarla a la grafía euskaldun, para que tome significado de ¿cómo?.

“Buenos días, Nueva Orleans. Diez años después del Katrina seguimos aquí, cabrones”. Son las primeras palabras que se oyen en el documental. Las dice el Dj George Ingmire justo antes de anunciar el viaje de Muguruza y su encuentro con músicos locales. Previamente, se ven imágenes dantescas con algunos afectados subidos a un tejado pidiendo ayuda. No hay muchas más imágenes de la catástrofe, ya que el documental da el protagonismo a los músicos y activistas, que cuentan en él cómo vivieron la reconstrucción comunitaria y el papel esencial de la música como signo identitario y en la celebración de la vida.

Irun meets New Orleans, que alterna las declaraciones de los músicos y de la grabación junto a Muguruza, combina aspectos musicales y sociales. Y contextualiza ambos, ya que es una ciudad en la que la vegetación te “envuelve como una manta caliente”, según el batería Doug Belote. “Así es la música. Despreocupada pero muy contundente y con un ritmo muy sólido”, aclara. El clima y el aire espeso afectan a su latido. Viajar a las ciénagas y estar rodeado de naturaleza le sirve al acordeonista Sunpie Barnes para “escribir sobre la vida”. La crítica rezuma en cada imagen, ya que el huracán inundó el 80% de la ciudad en “uno de los episodios más duros de la historia americana”, según Ingmire, que acusa a “la desigualdad socioeconómica y la desidia gubernamental” de “una crisis que se convirtió en tragedia”. Y lo peor es que “los medios nos trataron como refugiados en nuestro país”. La falta de una respuesta humanitaria adecuada y sus consecuencias económicas, físicas, psíquicas y artísticas también las analiza Muguruza.
Zona de guerra
Apenas un mes después, la música volvió. “La calle estaba abarrotada, fue impresionante”, rememora un miembro de la Preservation Hall Jazz Band, residente de un local que unió a blancos y negros hace más de medio siglo. “Se conjugaron la tristeza y la emoción”, dice Rick Trolsen. “Los músicos se mantuvieron unidos y conscientes, lo que fortaleció a la ciudad”, dice Joe Lastie Jr. “Fue como tocar jazz en un funeral, solo que esta vez era de nuestra ciudad”. El documental, en el que se cita al pirata Jean Lafitte (Biarritz), “figura romántica aquí aunque se dedicó al tráfico de esclavos”, pone el dedo en la llaga sobre la reconstrucción, que minó a los sindicatos, liberalizó la fuerza de trabajo, recortó la educación, acabó con los pisos sociales y favoreció la especulación… La represión de los resistentes también se cuenta en primera persona. Al final, “la idea de comunidad” obró el milagro y la vuelta del Carnaval.

El CD compartido evidencia la conexión con África, Puerto Príncipe y Cuba de Nueva Orleans, como muestra Charlie Gabriel, saxofonista de origen latino que tocó con John Lee Hooker y Aretha Franklin. Muguruza disfruta envolviéndose en una explosión rítmica de metales, pianos saltarines, baterías, contrabajos… Alterna la crítica antirracista y antifascista con el hedonismo, de Kolore bizia e Inkomunikazioa a Dub Manifest, con rescates de Kortatu y Negu Gorriak y versiones de Mess around y un When I die que dedica a Amaia Apaolaza, su manager, fallecida hace poco. Jazz, gospel, soul, r&b, swing, zydeco, hip hop… Un canto solidario a la muerte y la vida. Y a una ciudad de nuevo en marcha, impulsada por sus vecinos, por la “segunda línea”.



Y de todo lo descrito con respecto a Katrina y Nueva Orleans, no olvidar que esta tragedia fue utilizada por el über-fascista George W. Bush para sacarse de la manga otra medida para atacar a Cuba, una en especial dolorosa pues va en conta del funcionamiento del servicio de salud público en la Isla.




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