martes, 9 de diciembre de 2014

Entrevista a Igor Calzada

Les presentamos esta muy interesante entrevista publicada en Noticias de Álava:



“La consulta es un instrumento de regeneración democrática que favorece a todos”

Defiende la viabilidad de nuevos territorios independientes dentro de la UE pero cree que en Euskal Herria queda trabajo por hacer para afrontar un referéndum con base sólida.

Elena Urabayen

El investigador vasco Igor Calazada (San Sebastián, 1975) ha sido testigo directo del proceso de consulta escocés. Más allá del resultado, destaca los beneficios que la participación directa aporta a la democracia y considera que en el Estado habría que cambiar el chip y no ver las consultas a la ciudadanía como un ataque, sino como una forma de ahondar en una democracia de calidad. La pasada semana desgranó las claves de su ultimo libro, Postindependencia, en la Universidad Pública, de la mano de la fundación Alkartasuna (EA).

Catalunya ha iniciado ya el camino para su consulta, ¿cómo ve a la sociedad vasca y navarra para abordar la celebración de un referéndum?

-El sí y el no ahora aquí no tiene toda la base de reflexión que debiera. No me parece que es una deliberación meditada. El sí y el no no es algo que se plantea de un día a otro. En eso el Estado español, Navarra, la CAV, Catalunya, Andalucía... por la cultura democrática que hemos recibido, la ciudadanía está muy alejada de esa posibilidad. Hay que preparar muchísimo a la ciudadanía, dotarla de información, socializar la idea de qué es el sí y qué es el no Es decir, asegurar la idea de que la gente este informada.

¿Qué aporta la capacidad de decisión a una sociedad?

-Creo que un posible referéndum ayuda mucho a garantizar la propia democracia, porque a la gente le haces pensar, pero lo cierto es que en general, al 99% de la población no le interesa la política. No se puede hablar de que la política va a salvar los problemas, cuando a la gente le interesa el fútbol, las vacaciones, el txikiteo. Por eso, los catalanes, ni los vascos ni los navarros estamos preparados para eso.

¿Cómo se convence a una persona que no quiere la independencia de que es importante un referéndum?

-Hay que hacerle ver que el referéndum es sinónimo de democracia. Yo le diría que abriera los ojos, que mire más allá de las fronteras del Estado y se dará cuenta de que esto es muy normal en Europa. Le diría que fuera crítico y que aprendiera que esto se puede hacer de una forma pacífica, democrática. Luego la decisión que se adopte a la hora de la votación es otra cosa pero una consulta es un instrumento de regeneración democrática que favorece a todos.

Pero después de una votación alguien gana y alguien pierde ¿cómo se reconcilian las posturas?

-Cada cultura es diferente, por eso la normalidad con la que se ha vivido en Escocia es difícil que se diera aquí. No se trata de decir: la verdad es la mía y te la voy a imponer a ti, sino que acepto que cada uno tiene sus justificaciones pero dame la libertad para defender mi sí y mi no.

El hecho de que en Escocia se haya dicho no, ¿puede contribuir a que los Estados que niegan el derecho a decidir se abran?

-Es más truculento que eso. Que un Estado deje o no deje está dentro de su estrategia. Si Cameron dejó es porque creía que el no iba a ganar. Si Rajoy dice que no... por algo será. Lo que está claro es que, con su actitud, Rajoy le está haciendo un gran favor al independentismo catalán.

¿Se sostiene el argumento de que la consulta es ilegal?

-No, no tiene ni pies ni cabeza. Que Rajoy, el Estado, esté en una postura de inmovilismo estatal permanente a mí me hace pensar que lo que quiere es la independencia de Catalunya. No se atiende a razones de que una legalidad o una constitución o se modifica, o se cambia, o hay otros mecanismos, eso es bueno para la convivencia de diferentes. Hay mucha gente que todavía no ha aceptado que esto va de democracia y que va de aceptar un derecho. El Estado español nunca ha aceptado ni ha puesto en valor la diversidad interna que tenía y como ejemplo están los idiomas.

¿Cómo se articularía un referéndum en Euskal Herria?

-Para empezar, creo que habría que plantear dos procesos en paralelo. Uno para la CAV y otro para Navarra, con contenidos similares en algunas cosas como por ejemplo cómo podría cambiar el estatus político con el Amejoramiento y con el Estatuto de Gernika. En el libro planteo que al menos harían falta cinco años para un referéndum, para prepararlo. Lo que creo es que hay que trabajar en esa línea. Aquí está Gure Esku Dago que moviliza a la ciudadanía, tenemos una situación de paz, tenemos partidos políticos que empiezan a hablar entre ellos y hay que ponerse a trabajar.

Eso es muy bonito, pero en Navarra quien tiene la mayoría está en el extremo totalmente opuesto a eso

-La actitud del Gobierno de Navarra me parece lamentable, predemocrática. Es más fácil defender el sí al derecho a decidir que el no desde cualquier punto de vista. No es concebible desde un plano objetivo que dos territorios con características históricas, culturales, lingüísticas similares, artificialmente y políticamente estén tan separadas, es inaceptable. Es como coger una tribu y partirla por la mitad.

UPN dice que detrás del derecho a decidir está el deseo de que Navarra desaparezca.

-Los procesos paralelos no llevarían a una dominación de la CAV frente a Navarra. Se trata de casar un modelo de convivencia entre los dos territorios si las partes lo quieren. Hay que trabajar mucho por ejemplo en pensar cómo se quiere gestionar, la gestión política es lo que hace falta y no la negación de un derecho. Lo que el Gobierno de Navarra está haciendo en muchos aspectos es inaceptable, lamentable.

Alegan que ya se vota cada cuatro años para negar más votaciones.

-En ciencias políticas a cualquiera le explican que una cosa es la democracia representativa y otra cosa la democracia deliberativa o directa. Esta última es la del referéndum, que es la que se usa para cuestiones puntuales. A las personas que defienden tanto la vía formal y la legalidad les diría lo que decía Baltasar Gracián, que, las leyes inútiles evitan las necesarias. La legalidad por la legalidad es la mayor estupidez que se le puede decir de la democracia a la ciudadanía. Las normas están para ser cambiadas no para perpetuarse. Lo que pasa es que hay una oligarquía que se mantiene en el poder al amparo de las leyes actuales.

Sostiene en su libro que la ciudadanía con anhelos independentistas debe tener actitudes como si realmente se fuera independiente, es decir, que el hecho nos dé el derecho. ¿Hasta que punto la ciudadanía puede hacer su camino?

-La sociedad debería de dejar la obsesión de que no nos dejan ser en detrimento de un actuar como si ya fuéramos independientes. Hay una sociedad activa para muchas cosas, gente que considera que la democracia es más que los partidos y habría que incorporar a gente muy valida.

¿Es optimista respecto al futuro?

-Claro, soy optimista. Habrá quien piense que soy demasiado iluso hablando de postindependencia pero le diría que se olvidan de que en la CAV y en Navarra ha habido bombas, se han cerrado periódicos, ha habido gente que ha asesinado, gualdaespaldas... y de eso no hace tanto. En Euskal Herria tenemos un montón de recursos. El euskera es el mejor ejemplo, lo hemos encarrilado. Si con el euskera se ha podido hacer, si con la pacificación se ha podido hacer, ¿no nos vamos a poner de acuerdo con el derecho a decidir? Yo creo que sí.





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