jueves, 21 de febrero de 2008

Busqueda Espiritual

Hay que reconocerlo, Sergio Sarmiento nos ha dejado con el coloquial ojo "cuadrado". En este texto de su autoría publicado en Reforma y justo cuando parecía que se metía en un berenjenal de pronto deja caer un párrafo a la vez bello y devastador. Este es el texto:

Sergio Sarmiento

Independencia


"La independencia siempre fue mi deseo; la dependencia siempre fue mi destino"
Paul Verlaine


La decisión del parlamento kosovar de declarar la independencia de Kosovo ha generado una división profunda entre las naciones del mundo. No sólo Serbia, el país del cual Kosovo ha formado parte durante décadas, ha rechazado esta declaración, sino también Rusia y España, que tienen temor de que se establezca un precedente que justifique los movimientos independentistas de Chechenia y el País Vasco.

Francia, Turquía y Estados Unidos mantienen la posición de que Kosovo tiene derecho a la independencia, no sólo porque ése es el aparente deseo de la mayoría de los kosovares sino porque la guerra genocida que desató en su contra el gobierno serbio de Slobodan Milosevic hace muy difícil, si no imposible, que Kosovo, de población mayoritariamente albanesa, pueda vivir tranquilamente bajo la soberanía serbia.

No hay reglas claras en el derecho internacional acerca de cuándo un pueblo puede declararse independiente. Los gobiernos, que tienden a proteger sus derechos adquiridos, pueden aceptar la independencia de territorios de otros países pero no de los propios. Son innumerables, sin embargo, los países que se han independizado de algún imperio o de otro país y que hoy son parte respetable de la comunidad internacional.

La democracia, el reconocimiento de los derechos de las minorías, la internacionalización de la economía y el surgimiento de entidades supranacionales, como la Unión Europea, han cambiado las reglas de convivencia de los pueblos. Hoy es más fácil ser una minoría étnica o cultural dentro de un país democrático. Cataluña, el País Vasco y Galicia en España son ejemplo de cómo pueblos distintos pueden encontrar cabida en un país multicultural con pleno respeto a sus lenguas y tradiciones.

Esto no significa, sin embargo, que desaparezca el sueño de la independencia. Poco importa que se diga a los independentistas vascos que en la España democrática gozan de todas las libertades y además de ventajas económicas. La independencia no se persigue necesariamente por razones de conveniencia. Es una búsqueda espiritual.

Si bien el principio de autodeterminación de los pueblos está establecido en la Carta de las Naciones Unidas, así como en diversos convenios internacionales, los gobiernos e instituciones multilaterales han buscado siempre limitarlo con el fin de no provocar una constante fragmentación de los países.

En ocasión del quincuagésimo aniversario de la Organización de las Naciones Unidas, el 24 de octubre de 1995, la Asamblea General determinó en su resolución 50/6 -con su típico lenguaje burocrático- que el derecho a la autodeterminación de los pueblos no "se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta acción alguna encaminada a quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial o la unidad política de Estados soberanos e independientes que se conduzcan de conformidad con el principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos y estén, por tanto, dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción alguna".

Las actitudes de los gobiernos ante los intentos de secesión de minorías fundamentados en el principio de autodeterminación han sido muy distintas. Canadá, por ejemplo, ha reconocido implícitamente el derecho de la provincia de Quebec a independizarse si así lo determina la mayoría de los quebequenses a través de un referéndum. Dos referendos, sin embargo, se han quedado cortos en el intento por obtener un voto mayoritario a favor de la independencia por lo que la provincia se mantiene dentro de la federación canadiense. Por otra parte, el gobierno español niega, sobre la base "de la indisoluble unidad de la Nación española" que establece la Constitución de 1978, el derecho de cualquier parte de su territorio a separarse. El gobierno de la antigua Checoslovaquia no se opuso a la separación de Eslovaquia, a pesar de que el gobierno eslovaco no realizó un referéndum; pero el de Yugoslavia y el de Serbia, su sucesor, mandaron tropas para tratar de retener por la fuerza a distintas partes de la vieja federación yugoslava.

Uno puede entender que los gobiernos traten de mantener la integridad de sus territorios. En caso de que prevalezca la independencia de Kosovo habrá que preguntarnos si la minoría serbia de Kosovo tendría derecho a independizarse o a unirse a Serbia. Hay circunstancias, sin embargo, que justifican la independencia de un pueblo.

México declaró de manera unilateral y sin recurrir a un referéndum su independencia de España en 1821. El gobierno español no la aceptó entonces, pero lo hizo con el tiempo. No podemos así cerrar los ojos a los sueños de independencia de otros pueblos. Sin embargo, en 1836, cuando Texas declaró su independencia de México, nosotros la rechazamos, aunque tuvimos que reconocerla por la fuerza de las armas.


El concepto tan pobre que teníamos de Sergio Sarmiento a mejorado y mucho. Esto sí es periodismo objetivo señor Sarmiento.

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