martes, 8 de noviembre de 2016

Estuvo, Está, Estará

Con respecto a la irracional negativa por parte de Madrid, secundada por París claro, de impedir el proceso ordenado de Desarme, Desmovilización y Reinserción de ETA, cuestión que afortunadamente ya le está generando críticas en la comunidad internacional, aquí les compartimos este texto publicado en Euskariaren Bloga:


Últimamente hemos asistido a un permanente emplazamiento a la izquierda abertzale, a la autocrítica y a declarar «que matar estuvo mal». En torno a esta cuestión, me surgen una serie de reflexiones y dudas.

Iñaki Goioaga | Abogado

La primera duda es la del tiempo verbal en la declaración: «estuvo» mal, «está» mal, «estará» mal. Es indudable que esta duda debe ser respondida por parte de quien o quienes hacen esa interpelación, sobre todo porque las consecuencias son diferentes.

No es lo mismo declararlo en un sentido pasado como sentido de culpabilidad y arrepentimiento, y por tanto, un mea culpa de todos los actores que han intervenido y matado: ETA, Estado, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado…. ¿O lo que se quiere decir es que solo ha matado ETA y los demás no? ¿O que en un caso está bien y en otro mal? ¿O que solo hay víctimas de una parte?

Si se planteara como presente, es evidente que en coherencia sería necesario tomar medidas para que esto no ocurra. Se plantearía la necesidad de un desarme y no solo de ETA, sino también de los diferentes cuerpos de seguridad del Estado (incluyo la Ertzantza) ya que las armas son para matar y, por supuesto, habría que abordar el cese de la ocupación militar.

Si se plantea como futuro, es necesaria la adopción de medidas que garanticen la no-repetición. En este sentido las declaraciones de «victoria» y «salida policial» no garantizan la paz en el futuro.

La segunda duda es, a quién va dirigido el emplazamiento: ¿A quienes han matado? ¿A quienes han propugnado una salida violenta a una situación política? ¿A quienes han dicho o declarado «que matar estuvo, está o estará bien»?

Nunca he oído, ni leído, que ETA dijera que «matar, está o estuvo bien». Desde su práctica armada, siempre han propugnado una solución compartida, negociada y dialogada. En los últimos años, y desde la unilateralidad, son los únicos que han reconocido el daño causado, han abandonado la lucha armada, apuestan por un desarme ordenado y apuestan por las vías políticas y democráticas para resolver los conflictos políticos.

Por otro lado, los héroes de “Hazañas bélicas”, los «novios de la muerte», los de la guerra al invasor (musulmán o francés), de la pena de muerte, del tirar a matar, del «dos a uno» (Martín Villa), los «cuneteros», los mata obreros (Manuel Fraga), los de «entrar con todo lo que tengáis a mano» o «entrar en el callejón», los de la tortura hasta la muerte, los de la celebración del genocidio indígena (¿lesa humanidad?) como fiesta de la Hispanidad, o los de “Todo por la Patria”… Estos, ¿tienen que declarar que «matar estuvo, está mal»? ¿O no?

La tercera duda es si el emplazamiento tiene una base ética o moral donde el derecho a la vida está por encima de todo y de todos, y por tanto «matar, siempre, está mal». O por el contrario, tiene una base política, según la cual todo depende de cómo se mate, de a quién se mate, de cuantos mates y de la legitimidad que tengas para matar. Quien nos metió en la OTAN, pese a que votamos que no, ¿tiene que declarar que matar estuvo y está mal? ¿O no? ¿Matar en nombre de la OTAN está bien? ¿Los que impulsaron e impulsan las guerras (Irak, Mali, Libia, Siria…) y los que apoyan a gobiernos genocidas (Marruecos o Israel), tienen que declarar que matar está-estuvo mal? ¿Y los empresarios vascos que fabrican armas que todos sabemos se emplean para matar también tienen que declarar que matar está mal? ¿O en estos casos resulta que matar está bien?

Esta duda, también tiene un desarrollo lógico en el planteamiento de la razón de Estado, como razón para matar (licencia para matar). Así desde una posición «amoral» o «inmoral» del propio estado (el Estado no tiene ética, ni moral) y alegando «razones de Estado», se crea, el Plan ZEN (Zona Especial Norte), el MULC (Mando Unificado de la Lucha Contraterrorista), los GAL, la legislación especial antiterrorista, la incomunicación, los tribunales especiales, los estados de excepción, la suspensión de derechos fundamentales…, y todo ello bendecido por los Pactos de Madrid y Ajuria Enea. ¿Existe una autocrítica o la razón de Estado sí legitima el matar?

La cuarta duda, y que no sería la última, es sobre la finalidad de la «exigencia» de dicha declaración. Ya que el planteamiento de «exigencia» se contrapone a la idea de convicción. Es decir, ¿una declaración se debe hacer porque te lo «exigen» (aunque sea la ley) o por convicción? ¿Por fuerza, interés o creencia?

La exigencia de la declaración de «matar estuvo, está mal» ¿se plantea con un objetivo de «paz» o de «victoria»? ¿Como planteamiento de resolución o de confrontación? ¿Como interés político social o como simple interés partidista?

Hay quien lo tiene claro. Aquí hay vencedores y vencidos, aquí hay una solución policial-militar al «problema vasco». Lo que queda es la unidad de España y de los españoles, el libre mercado y el ejército garante de ello («Yo, por la unidad de España mato» o “Todo por la Patria”). Yo no sé si son: «constitucionalistas», «transicionalistas», «franquistas reformados» o «monárquicos por designación franquista». Curiosamente estos no piden, ni exigen una declaración de «matar estuvo-está mal».

En otros casos es más complejo, ya que dicen buscar una «solución», una «convivencia» y una «normalización»; a veces incluso, la «reconciliación». Digo que es complejo, porque aunque sobre el papel el objetivo es la solución o incluso la solución política, las exigencias son siempre para el «otro», para el adversario político y se convierten en arma de bloqueo de cualquier solución.

El planteamiento de exigencia al «otro», de la «autocrítica» y exigencia de declaraciones, se plantea en un claro sentido de confrontación política más que en el marco de una solución política. Todo ello, en un conflicto político que perdura y que tiene, sigue teniendo, un componente militar a pesar del cese definitivo de la lucha armada por parte de ETA. Conflicto político, largo, doloroso, en el que nadie tiene el monopolio del sufrimiento y en el que nadie debería escamotear la responsabilidad, sea esta mayor o menor, tanto en su existencia, como en su resolución.

Reconocimiento del daño causado, reconocimiento de todas las víctimas, resolución de todas las consecuencias del conflicto y vías políticas de solución a las razones políticas del conflicto, son la garantía de no-repetición del mismo y este es un ejercicio colectivo en el que no caben las exigencias en clave de confrontación política.

La brutalidad de la confrontación bélica solo es superada por la crueldad en el bloqueo de una solución con garantías de no repetición.






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