lunes, 14 de noviembre de 2016

El Món Entrevista a Otegi

Andan diciendo por ahí que la izquierda abertzale ha sido omisa en las muestras de solidaridad y acompañamiento al proceso independentista catalán, hoy bajo feroz asedio por parte del régimen borbónico franquista.

Habladurías.

Para demostrarlo, les compartimos esta entrevista concedida por Arnaldo Otegi a El Món:


El secretario general de Sortu asegura a El Món que “cuando se convoque el referéndum el Estado habrá perdido, tanto si lo prohíbe como si lo autoriza", y pide a JxSí y a la CUP que aparquen las diferencias hasta el final del proceso

Gemma Aguilera / Aurora Madaula

Arnaldo Otegi (Elgoibar, 1958) ha militado en la política vasca desde la calle, desde el Parlamento vasco y también entre rejas. En 1977, con sólo 19 años ingresa en ETA-pm, la rama político-militar de la organización armada vasca. En total, suma catorce años privado de libertad en cárceles españolas, los últimos 6 años y medio por el caso Bateragune, por el que fue condenarlo por el intento de reconstruir Batasuna bajo la tutela de ETA. Una sentencia que la izquierda abertzale ha interpretado como una maniobra de España para evitar la culminación del proceso de paz.

Con los acuerdos de Lizarra-Garazi en 1998, Otegi impulsa un giro en las posiciones de la izquierda abertzale para potenciar la resolución política y el abandono de las armas por parte de ETA. El cese definitivo de la violencia política lo celebra desde la cárcel de Logroño, el 20 de octubre de 2011. A pesar de que ha cumplido toda la condena, el secretario general de Sortu no ha podido representar a EH-Bildu en las elecciones del 25 de septiembre, porque la justicia española le mantiene la pena de inhabilitación. Recibe a El Món en la sede de Sortu en Donostia para tener una conversación larga, sin límite de tiempo y sin vigilancia de ningún equipo de prensa.

¿Quién es Arnaldo Otegi y quién quiere ser Arnaldo Otegi?

Es una buena pregunta! [Risas]. Soy una persona normal, comprometida con este país desde hace muchos años, soy un militante convencidamente marxista y un militante convencidamente independentista, y no tengo una ambición especial para saber dónde estaré. Siempre he dicho que estaré allí donde quiera la gente y hasta que quiera la gente.

Lo dicen todos los políticos convencionales.

Lo sé, pero yo espero ser alguien al que no le saquen la hemeroteca para decirle 'usted dijo esto' y que no lo haya cumplido. No tengo ambiciones especiales para llegar a un determinado lugar, pero sí tengo una ambición especial de legar a las siguientes generaciones un estado libre, una república vasca.

Usted lidera una candidatura de equipo para dirigir Sortu, pero su objetivo es poder ser candidato a Lehendakari?

Desde el punto de vista jurídico, en las próximas elecciones vascas la inhabilitación todavía estaría activa, pero nosotros trataremos de resolverlo, tanto por la vía de recurrir la providencia del TC como por lo que pueda decidir el Tribunal de Estrasburgo, que ya ha admitido a trámite nuestra petición. Hay que tener en cuenta que este tribunal admite a trámite aproximadamente un 3% de los recursos, lo que quiere decir que al menos ha visto debate jurídico. Sea como sea, dentro de cuatro años esperamos encontrarnos en otra fase del proceso de liberación nacional.

Por tanto, no renuncia a ser candidato a Lehendakari.

En absoluto, pero tampoco tengo una ambición especial de serlo. Dentro de cuatro años tendremos que poner sobre la mesa los pros y contras de esta candidatura, y lo importante no es que el candidato sea yo, sino que el independentismo gane de una vez las elecciones en este país. El trabajo de estos cuatro años es demostrar que estamos dispuestos al acuerdo, pero también que somos alternativa de gobierno. Yo podría liderar este proceso, pero si no lo hago, tampoco pasa nada.

Que en estos cuatro años el independentismo crezca, ¿dependerá de qué gobierno y qué políticas nacionales esté dispuesto a hacer el PNV?

El PNV no tiene un proyecto independentista, de ninguna manera, independientemente de los discursos que haga en el Alderdi Eguna. Nuestra previsión es que habrá un gobierno de coalición con el PSE, pero no está cómodo con la perspectiva de pasarse cuatro años dependiendo no sólo del PSE sino también del PP, e intentarán hacer una cuadratura del círculo para buscar alianzas puntuales con el resto de fuerzas. En cualquier caso, en esta legislatura se deben producir pasos cualitativos en términos de liberación nacional. No podemos estar cuatro años más mareando la perdiz, porque tengo la impresión de que hace 25 años que discutimos de lo mismo. Ya sabemos qué piensa cada uno y quien está a favor del derecho a decidir y quién no.

De hecho, ustedes propusieron en campaña electoral un frente nacional PNV-EH-Bildu y Podemos-Ahal Dugu. ¿Aún confían en este frente para avanzar con el derecho a decidir?

En el Parlamento vasco hay 57 de 75 escaños que consideran que Euskadi es una nación y que tiene derecho a decidir. Ya tenemos esa mayoría amplia, y ahora nosotros trabajaremos para que se lleve a la práctica.

La propuesta de EH-Bildu recuerda a las conversaciones de Txiberta de 1977. Entonces, las principales fuerzas del arco abertzale-nacionalista, entre las cuales, el PNV y ETA, intentaron un frente nacional para presentarse a las primeras elecciones españolas, que finalmente no se materializó.

Esta mayoría nacional ya existe y difícilmente será más amplia, pero también proponíamos un frente social para parar los recortes, en el que también puede estar el PNV si gira a la izquierda, y finalmente, en términos de paz y convivencia estábamos abiertos a un gran pacto, donde, con mucha imaginación, podríamos llegar a incluir al PSE si es capaz de transitar por otros caminos. Pero somos conscientes de que el PNV irá a un tripartito con el PSE y el PP para 'las cosas de comer', que para el PNV son la alta velocidad, los presupuestos y los recortes, pero intentará llegar a acuerdos con EH-Bildu en términos de paz y convivencia seguro, y quizás también en términos nacionales. El acuerdo es posible, pero lo que no sabemos es cómo hará el PNV para sostener acuerdos con el PSE y al mismo tiempo avanzar nacionalmente.

Históricamente, Euskal Herria se ha defendido nacionalmente desde derecha con el PNV y desde la izquierda con la izquierda abertzale. Pero cuando usted sale de la cárcel el 1 de marzo de 2016, se encuentra que, en una situación sin violencia, Podemos se ha comido una buena parte del terreno de EH-Bildu. ¿Por qué la izquierda abertzale ha perdido este espacio que debería ser suyo?

Podemos surge en una sociedad que está traumatizada por la crisis económica, pero también por la crisis de la monarquía y del bipartidismo del régimen del 78.  Cuando la izquierda independentista cambia de estrategia y desaparece la lucha armada de ETA del panorama político, todos los encajes del 78 comienzan a saltar, a falta de un enemigo, las contradicciones internas del Estado empiezan a estallar. En este contexto, el Estado pone en marcha una operación para salvar el régimen, y surge un Podemos que inicialmente tiene posiciones muy radicales como el proceso constituyente o poner en cuestión el régimen. En Euskadi ocupa el espacio de una cierta indignación, muy penetrante a nivel comunicativo a través de las cadenas de televisión del Estado, y que, sin un papel relevante de la televisión pública vasca, quien ocupa este espacio es La Sexta, Cuatro y Tele5.

Muchos votantes de la izquierda abertzale votaron a Podemos en las elecciones españolas. De otra manera, no salen los números.

Clarísimamente, sí. Porque Podemos se convierte en un referente, también para unas 70.000 personas de la izquierda abertzale que nunca votaban en las elecciones españolas y con Podemos lo hicieron. ¿Por qué? Porque pensaban que no tenemos interlocutores en Madrid, que Pablo Iglesias podía hacer algo por los presos, y que si había un partido en Madrid que podría hacer algo por los vascos sería Podemos.

Desde Catalunya, algunos sectores plantean que con la derecha no se puede construir un estado porque no puede haber revolución social. ¿Desde EH Bildu se ha reflexionado sobre esta cuestión, respecto al PNV?

Ni en Catalunya ni en Euskadi se alcanzará la independencia sólo con un frente de izquierdas. Sólo sería viable si las fuerzas independentistas de izquierdas tuvieran un nivel de penetración social cercano al 60%, pero hacer la suma de las izquierdas tanto en Catalunya como en Euskadi quiere decir que tienes que conseguir que el PSE y el PSC se hagan independentistas, ya no sólo Podemos. Para la izquierda abertzale nunca ha sido un problema relevante contar con la burguesía nacional en el proceso de liberación nacional. Es más, en todos los procesos de liberación nacional del mundo la burguesía nacional ha jugado un papel. El proceso que te conduce a constituirte en un estado es un proceso interclasista, y como tal, que la burguesía se sume no es un problema. Al contrario, la lógica te lleva a trabajar juntos en un objetivo común.

Otra cosa es que los graves problemas de corrupción que han afectado a CiU y los recortes sociales te lleven a marcar una posición más de izquierdas. Pero con sinceridad, ya nos gustaría tener un PNV en las posiciones de Carles Puigdemont. No tendríamos ningún problema en trabajar juntos. Y eso no quiere decir que no criticásemos la corrupción y que no quisiéramos construir un estado desde posiciones de izquierdas, pero en democracia, este estado se pondrá al servicio o no de las clases populares del país en la medida en que la izquierda sea ​​hegemónica y las urnas les otorguen esa hegemonía. Pero primero hay que tener el Estado, ¿verdad?

¿En la izquierda abertzale este debate sobre la conveniencia o no de sumar el PNV en el proceso de liberación nacional también se produce?

Sí, hay sectores que identifican al PNV con la oligarquía vasca, lo que en mi opinión es absolutamente contradictorio con la historia. El PNV nunca ha representado la oligarquía vasca, que ha sido siempre española y de derechas. Este partido representa a las clases medias y medias-altas y al empresariado pequeño y mediano del país, y este es el gran sector social que en Catalunya se ha sumado al proceso. Sin esta parte sustancial de la sociedad catalana y vasca no construyes mayorías. Y al margen de que la izquierda sumara una mayoría holgada, queremos un país para todos. Y por parte de la izquierda abertzale, nadie duda de que queremos un estado y que estamos dispuestos a ir a la cárcel, pero hay gente que cree que hay un camino más amable. Y ese es el camino que deben trabajar otros sectores, como el PNV, para dar confianza a la pequeña y mediana burguesía del país.


En Catalunya también hay gente dispuesta a ir a la cárcel, no sólo de la izquierda. De hecho, el Estado empieza a utilizar la misma estrategia que en Euskadi para intentar evitar el debate político democrático, judicializar la política y llevar a los cargos electos ante la justicia con amenazas de inhabilitación.

En el momento en el que al Estado se le ocurra utilizar la fuerza, en la expresión que sea, o enviando a la cárcel a algún político, habrán perdido definitivamente. Es cierto que en un momento determinado la gente se puede asustar si envían a prisión a un político, pero en términos internacionales y de relación con el Estado, es un punto de no retorno; el Estado será un maltratador. Y eso es lo que se avecina. Si la clase política mantiene el pulso, y sobre todo, si es capaz de poner a la gente en la calle, el Estado no tiene salida. Es fundamental la calle, porque entonces el Estado no tiene donde agarrarse.

De hecho, el expresidente de la Generalitat Artur Mas considera que la movilización debe ser permanente. ¿La independencia se ganará más en la calle que desde las instituciones?

En mi opinión, es fundamental no jugar esta partida sólo en términos institucionales, porque trabajar sólo desde las instituciones no garantiza el avance del proceso, debe estar combinado con una fuerte presencia popular en las calles. Aunque una movilización permanente, si dura demasiado cansa a la gente, es un factor a tener en cuenta. Nosotros hemos mantenido a la gente activa en la calle durante muchos años, y es un desgaste permanente. Hemos tenido épocas en que casi no había un fin de semana sin manifestaciones, y llega un momento en que, si no das un paso adelante, la gente afloja. En mi opinión, Catalunya debe estar preparada para que, cuando haga el referéndum y el Estado responda, pueda sacar a la calle a uno o dos millones de personas. Si lo hace, gana.

Entonces, ¿cuál cree que puede ser la reacción del Estado si Catalunya, tal y como se ha comprometido el presidente Puigdemont y el Parlament, celebra el referéndum de independencia en Septiembre de 2017?

Con Catalunya, el Estado ha pasado una primera fase de escepticismo, que también se ha visto en algunos sectores de Euskadi, y es que pensaban que los catalanes llegarían a un pacto económico y que todo era una escenografía de CiU. Desde la prisión, en cambio, estábamos ya convencidos de que "estos se pirarán y que Dios coja confesado al que se quede". Y nuestra reflexión desde la prisión era, 'cómo es posible que haya un avance nacional tan potente en Catalunya y nosotros estemos atascados en los presos?'.

¿Qué cree que está dispuesto a hacer el Estado para detener el proceso?

Está dispuesto a todo, no tenemos ninguna duda. ¿Pero lo puede hacer todo? Es la gran duda que tenemos.

Concrete este "todo", por favor.

Nadie se imagina a la Legión entrando por la Diagonal, no porque el Estado no lo quiera, sino porque no es tan fácil en el contexto europeo. Ya nadie tiene todos los instrumentos para conseguir sus objetivos, y tampoco el Estado. En cualquier caso, el Estado ya tiene un problema gravísimo, y es que en el momento en el que se convoque el referéndum en Catalunya, el Estado ha perdido. Si lo deja hacer, es evidente que ha habido una victoria de los valores democráticos, y si lo prohíbe, también ha perdido, porque su posición en el contexto internacional y en términos democráticos sale absolutamente erosionada. Además, claro, cualquier relación entre Catalunya y España a partir de entonces queda rota. La estrategia de los catalanes es una estrategia ganadora en la medida en la que ha situado al Estado en una tesitura en la cual haga lo que haga perderá. Y entonces, será el momento en el que el Estado irá a fondo con los funcionarios, a instalar el miedo en este colectivo.

¿La judicialización de la política también es una estrategia del miedo?

Sí, absolutamente. Pero es un juego arriesgado. Estoy seguro de que si el Estado actúa por la vía penal y envía a Carme Forcadell a prisión o la inhabilita, será lo último que haga el Estado en Catalunya. No descarto que esto ocurra, pero entonces sí que debe tener claro que se acaba la historia. ¿Tú vas a la comunidad internacional a explicar que han encarcelado a la presidenta del Parlament porque permite debatir en un parlamento, y esa comunidad internacional te pide que negocies con el Estado igualmente?

La prisión es más improbable, pero no una inhabilitación.

La vía de la cárcel se la pensarán muchas veces, pero no es imposible. Sea como sea, su inhabilitación no dependerá tanto de las instancias judiciales españolas como de la voluntad democrática del Parlament de Catalunya. En el momento de la inhabilitación, el Parlament debería plantear una posición de firmeza y de convicciones democráticas y mantener a Carme Forcadell, independientemente de lo que digan las instituciones jurídicas españolas. Y al día siguiente, Carme Forcadell va a trabajar como cualquier otro día. Es lo que yo haría, sin que quiera dar consejos a los catalanes.

Usted ha estado encarcelado durante seis años y medio por intentar reconstruir un partido, con el cual la izquierda abertzale pretendía poner fin a la lucha armada. La comunidad internacional no protestó.

Pero en ese momento la excusa de ETA funcionaba. Es más fácil vender que encarcelas a alguien porque está al servicio de ETA, que ETA no se quiere disolver y que quiere seguir con la violencia armada. Nosotros ya sabíamos que nos intentarían meter en la cárcel desde el primer momento, y estábamos seguros de que el escenario de paz no gustaba al Estado, razón por la que nos quitaron del medio. Pero en el caso catalán, ¿cómo el Estado puede vender a la comunidad internacional un encarcelamiento o una inhabilitación de Carme Forcadell? ¿Una subversión del orden constitucional, un problema de sedición? Complicadísimo.

Salió de la cárcel hace unos meses y ha viajado a algunos países para explicar su caso. ¿Qué le han preguntado?

Tanto en Gran Bretaña como en Irlanda y Bruselas, todo el mundo habla de Catalunya y te pregunta sobre el proceso, y la conclusión a la que llego es que Europa tiene un problema si  deja caer a España. El Estado debe mucho dinero, y los banqueros europeos no quieren que España caiga porque quieren cobrar. Esta es su preocupación, y no la unidad de España. Y, por otra parte, no entienden cómo España no abre una vía de negociación, incluso para un referéndum pactado. Europa estaría dispuesta a apoyar una solución negociada y dialogada, porque si no hay acuerdo y Catalunya se marcha sin asumir parte de la deuda, el Estado español quiebra. Europa es pragmática, y si finalmente se vota, gana el sí y se sale a la calle, al final no tendrá más remedio que reconocer al pueblo catalán.

¿Por qué el PNV es tan reticente a apoyar el proceso democrático de Catalunya? ¿Es el mismo pragmatismo que demuestra Europa, que si Catalunya se marcha, alguien tiene que pagar la fiesta en España?

Si se marcha Cataluña, nos quedamos sin cupo ... El PNV necesita alimentar permanentemente la esperanza de la gente de que algún día será posible conseguir lo que queremos porque el Estado se democratizará. Si el PNV aceptara nuestra tesis de que no hay nada que hacer, tendrían que ir al modelo catalán. Eso sería terrible para ellos, porque no quieren enfrentarse al Estado y porque no quieren ser un estado independiente. Viven el proceso catalán con angustia. Es lo mismo que le pasa a Podemos, que cree que España se puede democratizar.

¿El PNV teme que se produzca un efecto espejo en la sociedad vasca que le arrastre como CiU hacia posiciones independentistas para sobrevivir?

Exacto. Si en esta legislatura ponemos en marcha un proceso de debate para crear un nuevo estatus que nos defina como una nación que tiene derecho a decidir, y a la vez meten en la cárcel o inhabilitan a Carme Forcadell, ¿iremos a Madrid a pedir que nos reconozcan que tenemos derecho a decidir? Este escenario crea pánico en el PNV.

Una parte del independentismo augura que cuando llegue el momento de la desconexión, el Gobierno catalán hará marcha atrás. ¿Ve determinación en Carles Puigdemont?

No conozco exactamente qué se cuece en el Gobierno catalán, pero cuando visité Catalunya, percibí una determinación absoluta para llegar hasta el final en todas las personas con las que me entrevisté. Y en cuanto a Puigdemont, es independentista desde siempre y estoy seguro de que llevará el proceso hasta el final, y por tanto no veo que nadie se tenga que descolgar.

¿El proceso termina con una única gran desobediencia, o hay que hacer muchas pequeñas desobediencias antes del día de la desconexión?

[Vuelve a reír], ya entiendo la pregunta ... Primero habría que ver de qué pequeñas desobediencias hablamos y de cuánta gente participa, porque hay desobediencias que se hacen desde elites militantes, y en el caso catalán pienso que convienen desobediencias masivas. Sea como sea, las pequeñas desobediencias son pedagógicas, preparas a la gente para lo que vendrá y das un mensaje muy claro al Estado, pero el gran momento es la desconexión. Y aquí el independentismo debe blindarse y estar totalmente unido.

Hace unos días, los Mossos condujeron a la alcaldesa de Berga, Montserrat Venturós, frente a los juzgados para declarar por no haber descolgado una estelada del ayuntamiento durante una campaña electoral. A su entender, ¿los Mossos deben desobedecer, o deben cumplir con la legalidad española mientras sea vigente?

Si el mosso en cuestión estuviera dispuesto a desobedecer, adelante, sin lugar a dudas, pero también habría que tener en cuenta hasta qué punto las pequeñas desobediencias pueden entorpecer o facilitar el proceso. Por eso pienso que estas cuestiones tan relevantes JxSí y la CUP las tienen que arreglar juntos. Tengo la impresión de que hay una desconfianza importante por parte de la CUP sobre si JxSí será capaz o no de hacer la desconexión. Los procesos de liberación nacional son procesos interclasistas, y hay que entender que se conjugan intereses diferentes en favor de un objetivo común, que es la creación de un Estado. Lo importante no es que existan contradicciones, sino cómo se gestionan con inteligencia. Y yo sólo tengo una fórmula, que es sentarse en una mesa y exponer con honestidad cuáles son los límites de cada uno, dando prioridad siempre a lo que nos une sobre lo que nos separa. Junts pel Sí y la CUP deben hablar más y generar la confianza suficiente como para que todo el mundo entienda que se juega con honestidad, porque si no, es muy difícil seguir adelante. Y si la gente de la calle observa que hay una cierta desconfianza entre los propios independentistas, al final se retrae.

¿Considera que la sociedad vasca está dividida entre ganadores y perdedores?

Esto es algo que trabaja con bastante intensidad el Estado español, el esquema de perdedores y ganadores. Pero no percibo que este sentimiento exista en la sociedad vasca, si bien puede haber gente que se sienta frustrada en un lado y en el otro. Es una sociedad en la que, por parte del Estado, hay un interés permanente por recrear episodios del pasado, porque tiene interés en que esto termine en un esquema en el que unos ganan y otros pierden. Pero esta política, al PP le lleva a la marginalidad más absoluta en este país: 9 diputados en el Parlamento vasco y 1 diputado en el Parlamento de Navarra, mientras que EH-Bildu tiene 18 y 9. El mensaje de la sociedad vasca es muy claro.

¿La estrategia del gobierno español cuando había lucha armada es similar a la que desarrolla sin violencia?

Sin lugar a dudas, aquí el Estado intenta recrear escenarios virtuales en los que, por ejemplo, una trifulca de bar en Altsasua se ha convertido en poco menos que en un atentado de terroristas contra la Guardia Civil, con no sé cuantos minutos en los medios de comunicación. El Estado quiere hacer creer que ahora ya no hay terrorismo, pero que en la sociedad vasca hay odio. Porque el Estado tiene un problema grave, y es que se ha pasado la vida diciendo que sin violencia todos los objetivos eran posibles, y ahora tienen que deshacer esta mentira como sea. ¿Pero en Catalunya cuál es el argumento para decir que no pueden votar? El argumento es la ley, y llegan a una perversión total cuando dicen que la democracia es el respeto a la ley. La democracia es el respeto a lo que decida la gente. Pero para estos, que proceden del franquismo, lo importante es el la ley y el orden. Por lo tanto, necesitan recrear espacios virtuales de violencia en Euskadi y engrandecer detenciones de militantes de ETA, y ya lo empiezan a hacer en Catalunya, porque en el debate político no son capaces de desmontar los argumentos democráticos de las urnas.

Dos días después de tomar posesión, el nuevo gobierno español anunciaba la detención de ‘El último jefe de ETA’.

El Estado necesita tener a ETA permanentemente en el escenario y asegurar que ETA no ha dejado las armas, porque es la única manera de justificar su inmovilismo. Y en Catalunya ya verán qué pueden sacar. El Estado nunca ha tenido ningún interés en resolver el conflicto, y nosotros ya llegamos a la conclusión de que en cierto modo estábamos equivocados, no hay Estado español que sea capaz de evolucionar en términos democráticos hasta asumir la plurinacionalidad del Estado y el derecho a decidir. En el ADN de la cultura política española no existe ningún mecanismo de evolución de este nivel, y no lo habrá nunca. Porque si reconocen que España es un estado plurinacional y que los vascos, los catalanes, los canarios, e incluso los andaluces y los castellanos son una nación, España no existe. ¿Qué es España entonces? El problema de este Estado es que vive la solución democrática como una tragedia.

En Catalunya, la órbita de Podemos recupera las tesis de Solé Tura y defiende que el independentismo responde a un catalanismo conservador que no quiere representar a las clases populares. ¿A qué atribuye usted este intento de romper socialmente el catalanismo?

Esto es muy viejo en la izquierda española. Ellos plantean que una república catalana no acabaría con los recortes sociales. Bien, y la alternativa cuál es, ¿seguir siendo españoles? Y si seguimos siendo españoles, ¿no habrá recortes? Es un argumento absurdo, la república catalana será más de izquierdas o más de derechas según lo que quieran los catalanes en las urnas. Y si Catalunya acaba siendo una república burguesa y reaccionaria será porque la gente lo habrá votado, no? ¿Respetamos la democracia o no? El proyecto de dominación de las élites españolas se fundamenta en la indisoluble unidad del Estado. Yo una vez hice una lista de los que estaban en contra de la independencia en Cataluña, que es extrapolable a Euskadi: las grandes empresas y los banqueros. Y, ¿a favor? Los trabajadores, las mujeres, los estudiantes ... Pues no me cuadra nada con la idea de un proceso elitista y contra las clases populares. Los procesos constituyentes populares se dan en procesos independentistas, es una evidencia que construir la independencia no es de derechas. Por tanto, la conclusión es que, tristemente, piensan que “Antes morada que rota”.

¿Diría que ETA y la izquierda abertzale fueron una pieza clave en la evolución del nacionalismo étnico al nacionalismo cívico?

Sin lugar a dudas, sobre ETA y sobre la izquierda abertzale se pueden decir muchas cosas, pero es evidente que durante el franquismo se produjo la modernización del pensamiento nacionalista, de tal modo que se pasó de un nacionalismo con carácter etnicista e incluso xenófobo que defendía el PNV, a un nacionalismo planteado en términos revolucionarios y de izquierda. Y esto ha contribuido a generar una nueva cultura política en este país, por lo que ahora ya no nos reclamamos como nacionalistas sino como independentistas.

Desde el punto de vista ideológico, ¿la izquierda abertzale sigue reivindicando el zazpiak bat, es decir, la unión de los territorios de Euskadi, Nafarroa e Iparralde?

Somos muy conscientes de que tenemos un país dividido entre dos estados, y un país dividido entre dos comunidades aceptadas como autonomías en España, y tres territorios al norte. Nuestro objetivo final es construir un estado con los siete territorios, pero somos conscientes de que vamos en tres trenes diferentes, uno en el norte y dos en el sur, y los tres deben llegar a la misma estación, aunque van a velocidades diferentes.

De hecho, el laurak bat, la unidad de los territorios de Euskadi y Nafarroa, es una posibilidad reconocida en la Constitución española...

En una disposición transitoria, que en mi opinión está mal formulada, habla de la posibilidad de que Nafarroa se incorpore a la Comunidad Autónoma Vasca ... Hubiese sido más inteligente que fuera Euskadi quien se pudiera incorporar, porque ya haría treinta años que lo habríamos hecho. Curiosamente, ahora UPN plantea al PP una reforma constitucional para suprimir la disposición, porque en Nafarroa ahora hay una mayoría diferente. Esto es muy propio de los españoles, pero si finalmente hay una voluntad de crear un espacio confederal, el Estado no se saldrá con la suya.






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