miércoles, 15 de noviembre de 2017

La Inocencia de La Manada

Sencillo, el caso de los cinco angelitos que el año pasado se fueron de parranda a Iruñea por motivo de los Sanfermines ha quedado concluido nomas comenzar el juicio. 

Son todos inocentes, lo cinco.

La culpable es ella, la chica que tan injustamente les acusa de violación. Nos lo dice una compañía de investigadores privados que con atingencia nos han mostrado que nada, que la chica siguió actuando tan normal después del festivo encuentro con los cinco sevillanos. 

En días, semanas y meses posteriores se le ha visto feliz de la vida, sonriente, desparpajada. 

Lo mismo en la redes sociales.

¿Le indigna leer lo anterior?

No eres la única perona que piensa así, tal como nos muestra este texto publicado en El País:


Lo que no dicen es que, de cinco tíos como cinco Torres del Oro, ni uno tuvo una neurona activa o una célula de humanidad para acabar con la orgía, aunque tú se la hubieras pedido, como insinúan, casi de rodillas

Luz Sánchez-Mellado

Tienes 18 años. Estrenas mayoría de edad. Eres oficialmente adulta. Con cuerpo de mujer hecha y derecha, aunque en tu rostro y en tu mirada y en lo más hondo de tu seno, donde habita lo que llamamos alma, puede que aún seas, lo serás siempre, la niña de los ojos de los tuyos. Pero tú te crees muy mayor. Y capaz. Y libre. Lo eres, de hecho. Lo dice tu condición de ciudadana de pleno derecho. Estamos en julio. Empieza tu primer verano de libertad absoluta. Te quieres comer el mundo. Te vas a los Sanfermines. Bebes, bailas, te desmadras tanto o más que tus pares varones. Conoces a unos chicos en la calle a las tantas de la noche. Altos, guapos, simpáticos como ellos solos. Hombres, ellos sí, hechos y derechos que te sacan 10 años, 10 centímetros y mucho más que 10 kilos de envergadura por barba. Os divertís juntos. Jijí, jajá, selfis, picos, morritos, morreos. Puede que te des el lote con uno, o con varios, o con todos. Porque sí. Porque eres dueña de ti misma. Porque te da la gana y punto. Se ofrecen a acompañarte al coche. De camino, te meten en un portal y te penetran por donde quieren mientras se jalean, te graban en tal trance y se jactan de su hazaña ante sus colegas. Acaban, te roban el móvil y te dejan tirada en la escalera. Les denuncias. Les enchironan. Lloran. Patalean. Piden justicia. Dicen que son inocentes. Que tú consentiste. Que lo pasaste bomba, incluso. Pagan a un detective para que te siga y demuestre en el juicio que no eres una santa y que después del episodio estabas tan pancha. Entrabas, salías, vivías. Lo que no dicen es que, de cinco tíos como cinco Torres del Oro, ni uno tuvo una neurona activa o una célula de humanidad para acabar con la orgía, aunque tú se la hubieras pedido, como insinúan, casi de rodillas. Pero, claro, ellos son hombres y tienen sus urgencias. Y tú eres muy suelta. Ya se ve en el informe del detective. Lo que te pasa, te pasa por algo. Por puta.






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