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martes, 15 de octubre de 2002

Vázquez Montalbán | La Triple B y Aznar

El catalán españolista Manuel Vázquez Montalbán nos sorprende con un texto lúcido acerca del encaje del tardofranquista José María Aznar en la Cruzada que está montando George W. Bush con sus fieles escuderos, el inglés Tony Blair y el italiano Silvio Berlusconi.

Solo un apunte de nuestra parte; la misma estrategia de contención contra la Unión Soviética que recurrió a Hitler fue reciclada con la figura de Francisco Franco en España, para lo cual las potencias occidentales recurrieron al blanqueamiento de la dictadura primero y al reconocimiento a eso que llaman gobiernos democráticos españoles tras la muerte de Franco.

Adelante con la lectura:


La triple B y Aznar

Manuel Vázquez Montalbán

Shröeder trata de reconciliarse con Bush y para ello ha requerido los buenos servicios de Blair, principal representante del imperio en Europa y el político destinado a encontrar los argumentos que fuercen a la Unión Europea a aceptar la intervención en Irak. De la misma manera que en el pasado funcionó la triple A como alianza contrarrevolucionaria actuante en diversos países, el imperio se mueve hoy a partir de la triple B compuesta por Bush, Blair y Berlusconi, los tres mosqueteros que, como siempre sucede, son cuatro. Hay que sumarles al jefe de gobierno español, José María Aznar, dispuesto a secundar la cruzada antiraquí a partir de un curioso silogismo: puesto que Saddam es malo y Bush es bueno, yo me sumo a la causa de los buenos. No es Aznar demasiado brillante en sus argumentaciones, aunque su formación poética ha mejorado mucho en los años recientes, hasta el punto de que algunos de sus hagiógrafos pronostican que puede dedicarse a la poesía una vez que haya abandonado el poder en 2004. Es sabido que uno de sus poemas predilectos es If, de Kiplig, muy adecuado para adolescentes sensibles e inseguros y para jefes de gobierno temerosos de su escasez de carisma y obligados a fingir estatura excesiva. Así se explica que en un momento de vacilación europea ante la belicosa actitud de Bush con respecto a Irak, Aznar se sume inmediatamente a la expedición del emperador.

En el caso de Blair su alineamiento junto a Estados Unidos obedece a la lógica de conducta imperial residual del Reino Unido, corresponsable del desorden reinante en Oriente Medio desde el final de la Primera Guerra Mundial y ávido de la inmediatez de los posibles beneficios derivados del control del lago subterráneo de petróleo que va desde Israel hasta Afganistán. Berlusconi es un oportunista situado al frente del bloque de poder italiano con vocación neoautoritaria y está en condiciones de sumarse a la conquista de Irak todavía con menos motivos de los utilizados por Mussolini para la de Abisinia.

La B más importante de la triple es la de Bush Jr., el emperador controlado por un lobby económico militarista en el que el ministro de Defensa tiene una curiosa biografía muy relacionada con Saddam Hussein. En tiempos en que la presidencia de Estados Unidos la ocupaba Bush padre, mister Rumsfeld fue el interlocutor de la administración estadunidense con el dictador iraquí, empeñado entonces en un enfrentamiento con Irán que mucho interesaba a Estados Unidos. La instigación y apoyo técnico de Rumsfeld a la fabricación de armas bioquímicas por parte de Bagdad tenía como objetivo que las empleara contra los iraníes, pero no se le reprochó que también las utilizara contra los kurdos sometidos a la soberanía iraquí. Los otros kurdos dependen de Turquía y no se conoce intervención alguna por parte de Estados Unidos para que la política turca con respecto a los kurdos sean diferentes y combinadas programaciones de limpieza étnica.

Respaldado por la tecnoindustria de guerra estadunidense, bien visto por Francia y el Reino Unido, Saddam Hussein llegó a ser quien es, y es lógico que Rumsfeld pueda sostener que Irak es un peligro, porque él contribuyó a que así fuera, por procedimientos convergentes con los empleados por diferentes estados democráticos para que Hitler creciera y fuera un dique contra el posible avance soviético. La débil argumentación del grupo Bush para justificar una inmediata agresión a Irak no ha merecido que cuajara una contra argumentación humanitaria, previsora de lo difícil que es matar terroristas incluso para los misiles más inteligentes y en cambio la masacre que han producido entre civiles las diferentes cruzadas imperiales de la posmodernidad, iniciadas en la no guerra del Golfo y continuadas en las no guerras de Yugoslavia. Basta contemplar el espectáculo de Afganistán remachacado ahora por la intervención militar de Estados Unidos y en paradero desconocido oscuros objetos del deseo bélico: Bin Laden y el jefe Omar, peligroso tuerto que escapó al sofisticado cerco de Estados Unidos valiéndose de una motocicleta, quién sabe si una vieja Lambretta.

A pesar del empeño de la triple B y el voluntarioso Aznar, el frente receloso de la intervención en Irak no lo han formado esta vez todavía las vanguardias antiglobalizatorias o los pacifistas biodegradables, sino políticas de Estado, inicialmente europeas, que temen el pantano sangriento en que puede convertirse Oriente Medio, así en Irak como en Palestina o en Afganistán, donde no está claro ni siquiera qué se hizo de tanto talibán, habida cuenta de que a Guantánamo sólo viajó una escasa representación de posibles integristas no homologados. También en Estados Unidos los demócratas quieren convertir la sumisión de Bush a los intereses de la política armamentista en su talón de Aquiles, forzado el presidente a atacar Irak, si no quiere dejar en el limbo la operación de desquite conocida como Libertad Duradera, desdichado significante, tal vez a la espera de que el talento poético de Aznar rehabilite el significado. 




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