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miércoles, 17 de febrero de 2016

Analizando el Plan B

Hace unos días les compartíamos información acerca de la propuesta denominada Plan B para Europa que ha lanzado el hoy por hoy líder social griego Yanis Varoufakis quien recientemente diera a conocer en Alemania su proyecto conocido por el acrónimo DiEM25.

Al respecto se ha publicado un análisis (¿crítica?) por parte del Iñaki Gil de San Vicente (el de la entente chavisto-eta-podemista) en la página del Hurón de la que nos hemos enterado gracias al blog ASEH:

Europa Bulle

Iñaki Gil de San Vicente

La historia europea ha transitado por muchas fases de luchas clasistas, nacionales y sociales en general especialmente tensas, algunas de las cuales han llegado a abrir oleadas pre y revolucionarias seguidas por reacciones contrarrevolucionarias atroces, militaristas y fascistas. Sin esta panorámica histórica no entenderemos nada del presente. La ebullición social múltiple, polifacética y contradictoria en extremo no es sino el efecto del agravamiento de la «nueva» crisis mundial en las formas y contenidos que adquiere en la Unión Europea. Su expresión más inmediata y llamativa en estos momentos se expresa en el debate público que se va a celebrar en Madrid los próximos días 19, 20 y 21 de febrero bajo la convocatoria expresada en el documento «Un Plan B para Europa». Es un esfuerzo para aglutinar sectores críticos buscando la «democratización radical» de la UE aunque es probable que no lo logre. Al final volveremos a esta «probabilidad» imposible.

La sola aparición del Plan B, al margen de las críticas que puedan hacérsele o de las relativas esperanzas que suscite, muestra que determinadas fuerzas reformistas y algunas revolucionarias ya saben que hay que dar pasos fuera de la caja parlamentaria. Por su parte, otras corrientes radicales vienen coordinándose desde hace tiempo para fortalecer la lucha contra la Unión Europea como es el caso, entre otras, de la que se centraliza alrededor de la consigna de «Salir del euro». Desde esta posición, se apunta con plena razón a la creación de «estructuras populares para derrotar la Europa del capital» porque lo que está en juego es otro modelo de civilización, una no basada en la mercancía. Hay que evitar que se imponga el plan burgués: «La Unión Europea es el sistema más sofisticado del mundo para construir una civilización de mercado».

Desarrollar plenamente la civilización de mercado es la única garantía del capital mundial para mantenerse en el poder en medio de la crisis que le azota. Hemos visto cómo sectores reformistas y revolucionarios se coordinan para, de modos muy diferentes, enfrentarse al capital y a su plasmación en este istmo occidental de Eurasia que es la Unión Europea. Pero la derecha y la extrema derecha también se coordinan y se expanden por los mismos motivos. El choque entre dos modelos civilizatorios irreconciliables se agudiza aún más con la crisis. La derecha va acercándose a la extrema-derecha sin reconocerlo a viva voz y en medio del desconcertado silencio de un reformismo duro que a lo sumo que llega es a escribir un Plan B para la UE. Lo que está en juego realmente es un choque civilizacional entre el capital y el trabajo, no entre el cristianismo y el islamismo o cualquier otra clasificación.

En la mortal lucha entre la civilización del capital y la del trabajo que va agudizándose desde el siglo XIX, la respuesta a la pregunta sobre si se está desencadenando «la tormenta perfecta» lo decide todo en la coyuntura presente. Desde la lógica burguesa, son siete los focos que impulsan el temporal: uno, la saturación y volatilidad del mercado del petróleo; dos, el endurecimiento de la política económica de los EEUU; tres, el entorno de la economía mundial no es de recesión pero tampoco es un Santo Grial; cuatro, la economía europea no avanza lo esperado y la Banca retrocede inquietantemente: un 24,55% como media y es sabido que las crisis financieras son la antesala de una recesión; cinco, la gravedad del retroceso de China; seis, el aumento de la deuda no sólo dentro de la UE sino a escala mundial; y siete, la debilidad de la dirección socioeconómica del poder gubernativo.

Pero estudios realizados con rigor marxista, niegan el optimismo expresado en el punto tres de la lista de siete arriba expuesta, sobre todo insisten en las fuertes contradicciones que por ahora le impiden comenzar una fase expansiva nueva, e incluso argumentan sólidamente que tal recuperación es ya imposible porque el capitalismo mundial ha entrado en una fase declinante, de agotamiento por senilidad. Una vez más debemos volver a la ley tendencial de la caída de la tasa media de beneficio, o dicho en burgués: «la previsión de mejora de beneficio sólo ha sido más baja una vez en 25 años».

Se nos presenta aquí una cuestión decisiva: la teoría marxista de la crisis que, sin mayores precisiones ahora, integra al menos cuatro contradicciones parciales –descenso del beneficio, desproporción entre el Sector I y el Sector II, infra-consumo y sobre-acumulación– que, a largo plazo, se rigen por la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia descubierta por Marx. Una de las características de esta ley tendencial es que inserta la acción humana consciente, la lucha entre el capital y el trabajo a nivel mundial, en los motores de su devenir.

Muy en síntesis, es esta ley tendencial y el conjunto de la teoría de la crisis, la que nos explica por qué el poderoso y temido Deutsche Bank o «banco fétido», ha retrocedido a niveles insospechados: su acciones que se cotizaban en 2008 a 100€ han caído ahora a sólo 17€, registrando las mayores pérdidas en sus 58 años de historia. El Eurogrupo reconoce «problemas» en algunos bancos pero descarta que estalle una crisis financiera como la anterior, que exigió de un desembolso de alrededor de 1,6 billones€ de fondos públicos para salvar la banca privada. ¿De dónde extraer más dinero para tapar tantos agujeros?

Solamente puede extraerse mediante un brutal incremento de la explotación de las clases y pueblos explotados, especialmente de las mujeres, y del aumento de las exigencias de las burguesías más fuertes a las más débiles para que estas se sacrifiquen en beneficio de aquellas. En el marco de la UE, ello multiplica las tensiones en la UE porque sus Estados sufren presiones por las fuerzas centrífugas de sus burguesías obsoletas y las superiores presiones centrípetas, hacia una mayor unidad, por parte de sus burguesías más potentes. Tenemos ahora mismo dos ejemplos paradigmáticos entre otros muchos, uno es el de la sobreproducción mundial de acero, excedentaria a todas luces lo que daña a muchos Estados de la UE que se han negado hasta ahora a cumplir el mandato de Bruselas sobre las tasas al acero chino. Las tensiones en el interior de la UE, en este y otros muchos casos, responden a la mundialización de la ley del valor y a la lenta y subterránea acción de la ley tendencial de la caída de la tasa media de beneficio, que azuza la lucha de clases y endurece las competencias interburguesas.

El otro ejemplo, idéntico a este pero diferente en su forma, es el famoso «Brexit» o salida de Gran Bretaña de la UE. Según el ministro británico de economía « Si la UE se reformula, no creo que Reino Unido pueda ser más rico fuera». O sea, seguir o no en la UE depende de la tasa de ganancia que obtenga la facción más poderosa de la burguesía británica dentro o fuera de la UE. Otros Estados más débiles y endeudados deben claudicar observando muy enfadados cómo los poderosos se reparten la tarta a costa suya, como en el caso de la ira de la una ex ministra española. Portugal ha recibido el plácet, el visto bueno de Bruselas sobre su «presupuesto nacional» recordándole que debe imponer más recortes sociales y más austeridad. La noticia es simultánea a otra sobre las exigencias del FMI para que apriete aún más el sangrado del pueblo portugués.

El gobierno portugués de centro reformista se enfrenta así a una situación muy parecida a la de Grecia, en donde tras un año en el Gobierno, Syriza «ha vendido su alma al poder» y al imperialismo negociando con Israel y bloqueando una declaración europea que cuestionaba las prácticas sionistas, lo que refuerza el cerco de la OTAN a Rusia. Significativamente, las fuerzas reformistas han «olvidado» la vergonzosa claudicación de Syriza pero también la «revolución traicionada» islandesa porque sus duras lecciones destruirían mucha mitología conformista. Tal vez sea por esto que un reformista duro como Y. Varoufakis intente convencernos de que la democratización de la UE facilitaría que Escocia y Euskal Herria pudiéramos disponer de Estados propios.

La cuestión clave es, sin embargo, qué clase de Estado nos permitiría esa UE democrática: «protectorados» obedientes o Estados obreros independientes de la UE, por muy democrática que esta fuera. Debemos saber que Suecia retira su apoyo a la independencia del pueblo saharaui para recibir a cambio permiso de Marruecos para instalar una tienda de la multinacional sueca Ikea en Casablanca lo que supone un giro de 180º de la «izquierda sueca» que cuando estaba en la oposición en 2012 exigía el reconocimiento de la independencia del Sahara. Como Grecia con Israel, Suecia pacta con Marruecos, del mismo modo que los Estados francés y español venden armas y negocian con dictaduras.

Gran Bretaña es demasiado poderosa aún como para que la UE rompa con ella a costa de Escocia; el Estado español debe demasiado dinero como para empobrecerle más si la UE facilita la secesión vasca y catalana. Y el Estado francés, que ocupa territorios vascos y catalanes, es un aliado imprescindible de Alemania. Además, quienes mandan, los EEUU y el FMI, exigen que los Estados europeos sean sólidos y fiables, «buenos pagadores», y con recursos para multiplicar los gastos militares que exige la OTAN.

EEUU ha decidido multiplicar por cuatro estos gastos en el Este europeo porque prevé que la guerra silenciosa de Ucrania se endurezca en 2017. Inicialmente fue Alemania la que presionó a Ucrania para frenar su acercamiento a Rusia garantizando que el mercado ucraniano siguiera en buena medida en manos alemanas y francesas, pero esta primera fase se truncó cuando el «premio Nobel de la Paz», Obama, decidió endurecer el cerco a Rusia y quitarle buena parte del mercado ucraniano a Euroalemania.

En medio de estas tensiones, la oleada de refugiados ha cuarteado todavía más las frágiles estructuras internas de la UE. Los Estados los rechazan por los gastos que les originan y sus fuerzas más reaccionarias se vuelven más racistas para subir en votos. Con el cinismo y doble moral que caracteriza a la burguesía europea sectores de esta clase, sobre todo en Alemania, llevaban tiempo advirtiendo de la necesidad de atraer fuerza de trabajo cualificada, pero se ha visto desbordada por la cantidad de refugiados. La causa de su espectacular aumento radica en que, sin retroceder mucho en la historia, la ferocidad de la OTAN contra los pueblos es tal que una parte de su población busca refugio, en la UE que ha reaccionado con el racismo consustancial a la civilización europea. Dinamarca y Suecia, tenidas como epítomes de la democracia europea, han aplicado serias medidas para frenar la entrada de refugiados a sus países.

La doble moral burguesa se aprovecha de múltiples formas, siendo las sexuales las más inhumanas sobre todo con la esclavitud sexual de más de 10.000 niñas y niños refugiados «desaparecidos» delante de las narices de la Europol. Si la esclavitud sexual engorda el PIB, también lo hacen las ganancias de las mafias que los trasladan: en la «ruta griega» deben pagar hasta 20.000€ por persona. La «economía criminal», el capitalismo en sí, explota a las refugiadas y refugiados en todos los sentidos: trabajos descualificados, indefensos e ilegales, trabajos domésticos y de cuidado, reforzamiento de las mafias, etc. Un ejemplo, el billete de 500€, de uso casi exclusivo de las mafias, la burguesía y la economía sumergida –el 56% de las y los europeos nunca lo han visto- juega un rol importante en el PIB de la UE.

Veamos la magnitud del problema: « “En 2012, el Banco de Italia cifró el valor de lo que denomina “economía criminal” en 10,9% del PIB. Hace dos semanas, la Oficina de Estadísticas Nacionales de Reino Unido (ONS) informó que la prostitución, el tráfico de drogas y el contrabando suponen unos 12.300 millones de euros de la riqueza nacional, es decir, un 0,6% de su PIB. Y esta semana, España y Portugal también entregaron sus estimaciones. Así, el Instituto de Nacional de Estadística español (INE) calculó que el PIB aumentará entre un 2,7% y un 4,5 % (entre 27.000 y 45.000 millones de euros) incluyendo las actividades ilegales. En tanto, los responsables del INE portugués explicaron que este tipo de negocios elevan en un 0,4% el PIB nacional, o sea, unos 700 millones de euros” ».

Hemos visto realidades estructurales de la Unión Europea, esenciales y no accesorias para su funcionamiento diario. Aceptar incluso la remota posibilidad, por no hablar de probabilidad, de que el Plan B democratice radicalmente la UE y acabe con su esencia, es utópico. Es infinitamente más realista debatir sobre la actualización de la consigna de los Estados Unidos Socialistas de Europa. 






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