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sábado, 2 de enero de 2021

Joseph Ygnacio de Urrutia

Para entender su actualidad los pueblos deben de tener un profundo conocimiento de su historia y el pueblo vasco no es la excepción.

Es por ello que desde las páginas de Deia traemos a ustedes este rescate histórico que nosotros consideramos primordial para entender la complejidad y diversidad del pueblo vasco al que la propaganda españolista ha intentado desdibujar para retratarlo como un pueblo atrasado, unidimensional, monofacético, sin mayores pretensiones que la defensa a ultranza de un lenguaje milenario  e inoperante.

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Joseph Ygnacio de Urrutia, una vida y una obra truncadas por el destino

La figura del lekeitiarra Joseph Ygnacio de Urrutia resulta una gran desconocida para la generalidad del país, pero en su corta trayectoria profesional, debido a su prematura muerte en el ejercicio de su profesión, dejó trabajos en cartografía, pintura, dibujo y arquitectura que bien merecen ser recordados

Jabier Aspuru | Exprofesor de Enseñanza Secundaria en el Instituto Zaraobe, de Amurrio

Hay personajes de nuestra historia que, aun siendo importantes, por un motivo u otro, no han sido tratados como se merecen. En el caso de Joseph Ygnacio de Urrutia (en adelante, José Ignacio de Urrutia) ello puede deberse a su súbita muerte, que provocó que su obra se quedase corta, aunque no exenta de importancia y simbolismo.

José Ignacio Urrutia y Chopitea nació en Lekeitio en 1750. Hijo de Joseph Agustín Urrutia Saraspe, natural de Irun, y de Michaela Chopitea Coscorrotza, de Lekeitio, su progenitor trabajó de tallista y ensamblador de retablos, además de realizar labores de peritaje junto al arquitecto durangarra Juan de Urquiza en la zona de Busturia, Lekeitio y Durango.

Poco se sabe de su formación académica. El que una de sus obras, el mapa de Durango, lo dibujase en Madrid, con 28 años, permite suponer que algún tipo de estudios realizó en la capital del reino. Sin embargo, su nombre no aparece entre las búsquedas efectuadas tanto en las academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando como en la Biblioteca Nacional.

En sus obras, José Ignacio Urrutia desarrolló las artes de la pintura, la arquitectura y el dibujo cartográfico. Sin embargo, el único título oficial reconocido del que se tiene referencia es el de maestro agrimensor, como queda reflejado en el siguiente documento de 1782:

Josef Ignacio de Urrutia humilde hijo de la Noble Villa de Lequeitio con la más profunda veneración. Diré que de algunos años a esta parte se ha dedicado al Arte y Pericia de medida de heredades y terrenos, reconocimiento de Mojones y Apeos, separación de casas, Molinos y otras fábricas y edificios y su valoración y deseando ejecutarlo en lo sucesivo con legítimo título.

Don Ignacio de Albiz vecino de Bilbao maestro de Náutica y Examinador general del Señorío€. Declaro haber examinado a Josef Ignacio de Urrutia y he hallado que el susodicho está hábil en la dimensión de tierras, valoración de ellas y circunstancias de Apeos y Mojones como también en la dimensión de edificios y maderamen y que siendo del agrado de los señores de la Diputación General podrán mandársele despache para los citados fines el correspondiente título".

En 1773, con 23 años, realizó una copia al óleo del cuadro de Francisco de Mendieta Jura de los Fueros de 1609, en un tamaño más reducido (114,5 x 200 centímetros) que el original, al que, además, modificó ligeramente el estilo de la cartela donde aparece el texto en euskera, en el que se explica el motivo de la pintura. Urrutia, para evitar confusiones, indicó claramente su autoría y expresó que se trataba de una copia, resaltando además la fecha de la réplica. Esta copia, actualmente, se encuentra en el despacho oficial de la Presidencia de las Juntas Generales de Bizkaia.

Esta obra de Urrutia no es la única réplica del original de Francisco de Mendieta (158 x 300 centímetros), actualmente en el salón de plenos de la Casa de Juntas de Gernika. En este sentido, cabe decir que de la pintura de Mendieta existen varias copias más, entre ellas, una de Enrique Nieto Ulibarri, de 1941 (170 x 260 centímetros), expuesta en el vestíbulo de la primera planta del Palacio Foral de Bizkaia, en Bilbao. Otra se halla en el vestíbulo del Palacio Foral de Gipuzkoa, en Donostia, junto a otra pintura de Mendieta titulada Boda en Begoña, pintada en 1600. En esta pintura de los esponsales de Begoña, al igual que en el cuadro de la jura, aparecen los tocados coniformes femeninos característicos de varias localidades vascas. Basándose en esta copia, el pintor de Hondarribia José Echenagusia pintó la obra Alfonso VIII jurando los fueros de Gipuzkoa en 1200, motivo que, llevado al vidrio, actualmente se puede contemplar en una vidriera que ocupa la escalera central del Palacio Foral.

Vista de Durango

Cronológicamente, su segunda obra más interesante por su valor cartográfico es un dibujo acuarelado sobre una vista elevada de todo el valle de Durango, realizada en Madrid en 1778, según consta en la cartela en la que se menciona su autoría. Lo tituló Vista de la Villa de Durango en el M. N. Y. M. L. Señorío de Vizcaya. En el dibujo ubica y describe en un faldón inferior 27 motivos de la villa: iglesias, conventos, plazas, ermitas, casas palaciegas, casas torre y puentes. Como fondo aparece el imponente cresterío del Duranguesado que envuelve al valle surcado por el río Ibaizabal. En el centro del dibujo, Urrutia representó el entramado urbano de Durango con sus calles alineadas. Muchos de los elementos que se reflejan en la pintura han desaparecido devorados por el desarrollo urbanístico y ello hace que el valor del documento sea excepcional. Para situar su importancia hay que tener en cuenta que por aquellas fechas Tomás López, cartógrafo bajo mandato de la corte, preocupado por el atraso de la cartografía hispana, hizo una solicitud mediante una encuesta dirigida a las parroquias para que fuera respondida por los escribanos y clérigos. Las respuestas de numerosos lugares de Bizkaia fue importante, aunque algunos de los bocetos y de los mapas remitidos fueran realizados por manos no adiestradas en la cartografía, lo que no mengua su interés y valor histórico. De esa época son también algunos interesantes planos y óleos de zonas de Bizkaia pintados por motivos litigiosos y de delimitaciones territoriales dirimidos en la Chancillería de Valladolid.

En este contexto, la vista de Durango de José Ignacio de Urrutia es una perla extraordinaria por su factura panorámica y precisión, lo que nos lleva a preguntarnos con más interés sobre los motivos que le llevaron a realizarla y de quién partió el encargo. En Bizkaia, solamente la villa de Bilbao, por su importancia comercial y de comunicación con Europa, dispone de vistas panorámicas de la ciudad anteriores y de semejante valor: Vista del Civitates, de 1544; Plano de Bawdin, de 1739, y Vista de Joseph Antonio de Rementería, de 1737. También de esa época y de un valor descriptivo importante, aunque en otro estilo y formato, contamos con el cuadro de Luis Paret del puerto de Bermeo, actualmente expuesto en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El mapa de Durango de José Ignacio de Urrutia ha sido un documento no muy conocido y sobre el que no abundan los estudios e investigaciones a pesar de lo extraordinario de la obra. Este hecho, tal vez se ha debido a que el cuadro se ha movido en manos privadas y muy exclusivas, además de no haber sido editado y publicado hasta el siglo XX. En el número 11 de la revista Vizcaya, editada por la Diputación, un número extraordinario correspondiente al segundo semestre de 1958, se incluye un desplegable a color del mapa. La reproducción se presentó en la revista como una cortesía del señor Rotaeche, director de Celulosas del Nervión. bajo el título: Panorámica, grabado siglo XVIII.

En 1989, el departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia dentro de la exposición Bizkaia 1789-1814, editó un libro y un catálogo con los elementos de la exposición en el que figura el mapa de Durango de Urrutia. Asimismo, en el año 2000, el museo de Arte e Historia de Durango hizo una segunda impresión en gran formato con vistas a su divulgación.

Una nueva reproducción del dibujo de Urrutia se halla en el cuaderno monográfico sobre la Cartografía histórica de la Merindad de Durango, editado por Gerediaga Elkartea en 2015. Junto a la citada vista de Urrutia, aparece otro importante plano en planta con mucho detalle del entramado urbano de Durango de 1772, con una cartela donde se describen quince edificios y lugares de Durango. El plano lleva la firma de Joseph Santos Calderón, presbítero ingeniero perteneciente a los ejércitos reales que participó en los proyectos y diseño de los caminos de acceso de Bilbao a la meseta por Orduña y por Urkiola. Al mismo ingeniero corresponden varios planos descriptivos del camino de Bilbao a Pancorbo, entre los que se encuentra el del puerto de Orduña, que se corresponde con el diseño de la carretera actual.

Arquitectura

Para terminar con otra faceta artística de José Ignacio de Urrutia, es necesario mencionar su dedicación a la arquitectura. En este sentido, diseñó y dirigió la obra de construcción del tabernáculo, sillería y colocación del órgano en la colegiata de Zenarrutza en el presbiterio, modificando el altar mayor. De esta obra, se conservan tres planos a color en acuarela firmados por Urrutia con fecha de 9 de febrero de 1782. Según Juan J. Mugartegui, con este nuevo proyecto desaparecía todo el retablo, la mesa del altar mayor y los dos altares colaterales, colocándose en su lugar una lujosa sillería. En el centro del presbiterio se levantaba un templete circular formado por ocho columnas pareadas con capiteles corintios.

Ese mismo año de 1782 fue construida la casa abacial. Según cuenta Juan R. de Iturriza, el 13 de mayo de 1783, hallándose en el balcón de esta, el abad Andrés Nabajas de Barrenengoa, en compañía del canónigo Juan Manuel Uriarte y Ansotegui y del maestro arquitecto José Ignacio de Urrutia, cayeron los tres, juntamente con el balcón, falleciendo en el acto José Ignacio de Urrutia, sepultado por el peso de las piedras. 17 horas después murió el abad Andrés Nabajas, habiendo tenido tiempo de testar y de recibir los sacramentos. El canónigo Juan Manuel Uriarte fue el único que salió del trance, aunque con varias fracturas, y fue quien reemplazó al abad fallecido. Los finados tenían 33 años de edad y fueron enterrados en Zenarrutza.

De esta forma tan traumática, en el ejercicio de su profesión, en su entorno y a una edad muy joven, murió José Ignacio de Urrutia, un personaje que de haber tenido una vida larga, habría aportado grandes obras a la historia de nuestro país. Aun así y a pesar de todo, su legado merece un recuerdo. A pesar de algunas incógnitas sobre su vida y obra, es seguro que habrá nuevas investigaciones que aportarán más luz sobre la importancia de la obra de José Ignacio de Urrutia.

 

 

 

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