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domingo, 3 de enero de 2021

Alfredo Espinosa y Orive

Noticias de Gipuzkoa vincula de forma muy efectiva y afortunada lo recién vivido en nuestra anterior vuelta al sol con la memoria de un pueblo que se niega a dejar en el olvido los crímenes de lesa humanidad cometidos en su contra por el empequeñecido imperialismo españolista.

Lean por favor:


El ‘mártir’ del Gobierno Vasco

Alfredo Espinosa fue el único consejero del ejecutivo del lehendakari Aguirre que fue fusilado por los franquistas, tras la traición de un aviador en 1937

Iban Gorriti

El calendario del aciago 2020 ha cerrado año con la evidente importancia de la actuación de las sanitarios y sanitarios de Euskadi, así como del mundo entero, ante la pandemia del coronavirus. Durante la Guerra Civil también fueron imprescindibles, como los imprescindibles de los históricos versos de Bertold Brecht.

En aquel episodio bélico el consejero del lehendakari Aguirre fue Alfredo Espinosa y Orive. Y pasó a la historia como el único de los máximos representantes del Gobierno Vasco que fue fusilado por los golpistas de julio de 1936 y más adelante franquistas. Aconteció al día siguiente del fusilamiento del histórico periodista y escritor Esteban Erkiaga Lauaxeta. Asombra la sangre no fría sino helada de quien lo ejecutó. Lo detallaba el jesuita que les confesó antes de ser asesinados. "Lo que es la vida. El sargento que hace seis años y aún menos le había hecho la guardia a Espinosa, cuando este era gobernador civil de Burgos, hoy lo va a fusilar. El guardia lo comentó ayer con el mismo Espinosa, consejero bilbaino por el partido Unión Republicana". Así lo escribía letra por letra el sacerdote Alfonso Moreno.

Espinosa nació en Bilbao, el 6 de septiembre de 1903. Con 16 años se trasladó a Madrid, terminando la carrera de Medicina en 1926. En la Universidad tomó contacto con los grupos republicanos y desde muy joven comenzó a militar en la clandestina Unión Republicana, partido liberal de izquierda.

En abril de 1931 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao y más tarde sería nombrado gobernador civil de Burgos, y luego de Logroño. Durante el "bienio negro" regresó a Bilbao, dedicándose a impartir la medicina, entre las capas sociales más humildes. Espinosa era presidente de UR de Bizkaia cuando triunfó el Frente Popular y fue, a partir de agosto de 1936, comisario de Comunicaciones en la Junta de Defensa de Vizcaya.

Como responsable del departamento de Sanidad, Espinosa dedicó una prioritaria atención a los niños y niñas. Su labor durante aquel año fue inmensa. En mayo de 1937 se trasladó a Francia con objeto de buscar lugares de residencia que garantizaran la asistencia sanitaria ante la inminente evacuación de la población bilbaina. En París gestionó la adquisición de productos médicos, farmacéuticos y quirúrgicos que eran imprescindibles en el País Vasco.

El regreso a aquella Euskadi no era fácil. Intentó llegar desde Burdeos a Santander escondido en un barco, pero fue sorprendido y desembarcado. Finalmente, consiguió un avión para volar desde Toulouse hasta la capital cántabra. Durante el viaje fue víctima de la traición del piloto, el aviador Yangüas, que aterrizó en la playa de Zarautz, donde les estaban esperando las autoridades franquistas.

Cuando se conoció la traición, se inician una serie de contactos diplomáticos para tratar de salvarle la vida. El Gobierno de Euskadi ofreció canjear todos sus presos por Espinosa. A pesar de ello, el consejero fue trasladado a la prisión de Vitoria y juzgado dos días después sumarísimamente, condenado a muerte y ejecutado en la misma ciudad el 24 de junio de 1937.

Carlos Labra fue secretario general de la Consejería de Sanidad. Reivindicó su figura en Euzko Deya de Buenos Aires en junio de 1945: "Es ya hora que alguien se acuerde de este gran hombre que considero ha estado injustamente olvidado, pues mientras se hacían grandes elogios de otros caídos al servicio de nuestra causa, sobre el Dr. Espinosa se guardaba el más absoluto silencio que yo y otros no comprendíamos, teniendo en cuenta sus merecimientos".

Labra fue quien recibió los objetos personales del fusilado cuando aún se trataba de conseguir mantenerlo con vida ante los irracionales franquistas. "Pocas horas después de su muerte, en un hotel de Biarritz, se me entregaba por medio de un sacerdote los objetos de uso personal de Espinosa; su cartera (sin dinero, por supuesto) su reloj, un escapulario empapado de su sangre heroica y dos cartas, una para su señora e hijos y otra para mí. El choque recibido fue tremendo y se imaginará el dolor de su señora a quien yo tuve que comunicarle tan terrible noticia".

En la carta de despedida a su esposa, Espinosa firmó: "Si alguna vez el Gobierno de Euzkadi condena a muerte a alguien, vete de rodillas si es preciso hasta los pies del presidente José Antonio de Aguirre y pídele por mi memoria, el indulto". Labra le definió como "el mártir del Gobierno de Euzkadi".

Como responsable del departamento de Sanidad, dedicó una prioritaria atención a los niños y niñas; su labor fue inmensa.




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