martes, 15 de agosto de 2017

Es Un Estadounidense Ejemplar

Con respecto a lo acontecido en la localidad de Charlottesville en horas recientes, les compartimos este texto dado a conocer por la Izquierda Castellana en su página de Facebook no sin antes mencionar que diferimos un tanto cuanto de lo expuesto por los compas: Trump no es un nazi, es un estadounidense congruente con el origen de su estado-nación espurio.

Estados Unidos, ese engendro europeo implantado en el continente americano, fue creado con un solo fin, tener acceso a las tierras que aún ocupaban los pueblos originarios quienes se había visto beneficiados por los balances de poder negociados por Francia, Inglaterra y España. George Washington, esclavista, lo tenía claro, se tenía cheque en blanco para exterminar a los siempre indómitos "pieles rojas" pues la fuerza de trabajo necesaria para el desarrollo económico del área podía ser fácilmente importada... de África. 

Esa y no otra es la génesis de ese estado-nación que ni siquiera nombre tiene pues las prisas por parte de sus fundadores yacían en otras prioridades: invadir, asesinar, arrebatar tierras. Entre más pronto mejor.

Así que tanto Donald Trump como la caterva de intolerantes que se ha estado manifestando en Charlottesville no hunden sus raíces sus raíces dogmáticas en el nazismo, no, esa ideología aparecería sobre la faz de la tierra siglos después de muertos Washington, Jefferson, Franklin, Henry, Hancock, Adams y compañía. Por el contrario, Trump et al están siendo congruentes con el fundamento ideológico detrás de la creación de Yankilandia, son pues, para que lo entendamos, estadounidenses ejemplares.

¿Y qué hay de quienes se han enfrentado a las demostraciones de odio e intolerancia?

Malas noticias, esos pobres estadounidenses aunque bien intencionados en realidad actúan en base a los mitos que se han inventado con respecto a los Estados Unidos, la propaganda que tuvo que ser acuñada para justificar los muchos crímenes de lesa humanidad cometidos durante la gestación del gigante político-económico-militar que hoy extiende sus tentáculos imperialistas lo mismo en Yemen que en Venezuela.

Ellos, los que se creen eso de la democracia, de la libertad con respecto a la tiranía inglesa, de la tierra de los libres y el hogar de los valientes, del melting pot, del sueño americano... son ellos los que están equivocados.

Esperemos que algún día se den cuenta.

Mientras no lo hagan, estarán muriendo muertes nobles sí, pero seguirán muriendo en vano.

Aquí el texto prometido:


En nuestras editoriales del 21 de noviembre y 7 de diciembre de 2016, cuando se produjo el ascenso de Trump a la Presidencia de los Estados Unidos, caracterizamos a su proyecto político y a él mismo como un proyecto netamente nazi, en su sentido estricto y desgraciadamente posible en las actuales circunstancias históricas de su país.

Trump, a pesar de la imagen que muchos medios de comunicación nos quieren vender, no es un loco, o al menos ese no es su principal problema desde un punto de vista socio-político. Trump es un fascista, con unos rasgos personales y con un proyecto que tiene muchas similitudes con Hitler y el proyecto nazi que él lideró.

El nazi-fascismo, tal como la historia de la humanidad nos enseña, es posible en determinadas circunstancias. Y hoy desgraciadamente en Estados Unidos están presentes muchas de esas circunstancias, que el señor Obama contribuyó a crear durante sus mandatos presidenciales. Sin embargo, aunque es posible, no es fácilmente sostenible porque las condiciones de la sociedad americana, especialmente su gran heterogeneidad étnica y cultural, no se lo ponen fácil. Por otro lado, la capacidad de resistencia de amplios sectores populares tal y como se está comprobando puede dar lugar a un amplio movimiento antifascista y anticapitalista en los Estados Unidos.

Las últimas declaraciones de Trump sobre Corea y Venezuela o su actitud ante los hechos de Charlottesville (Virginia) de clara complicidad con los fascistas -los supremacistas blancos, que denominan algunos medios de comunicación- y el desprecio a los antifascistas que salieron a la calle a defender la libertad y la dignidad humana, son claras expresiones de cuál es la visión del mundo y de la sociedad de ese personaje.

Es también muy ilustrativo de sus concepciones la exhibición morbosa de su familia y del funcionamiento de ésta; nos imaginamos que para que sea un modelo a imitar. Una familia patriarcal donde las haya, perfectamente jerarquizada desde el punto de vista de género, desde el punto de vista etario y por supuesto desde el punto de vista del poder económico. Obviamente esa exhibición obscena no es inocente, tiene una gran carga de mensaje ideológico.

En cuanto a su visión de las relaciones internacionales con respecto al continente americano, la ha dejado clara y sin rodeos. Ha dicho lo que otros muchos piensan pero no se atrevían a decir: que la intervención militar en Venezuela es una opción que está sobre la mesa. De momento las cancillerías de algunos países de Latinoamérica que estaban haciendo una labor tendente a acabar en una solución como la planteada por Trump, se han echado las manos a la cabeza en un claro gesto de hipocresía, pero veremos cuanto les dura ese rechazo verbal a tal cuestión.

Las declaraciones de Trump sobre Corea del Norte son asimismo la nítida expresión de ese belicismo instrumental tan característico del nazismo.
Estamos ante una situación de enorme gravedad, tal como han comprendido los/las manifestantes resistentes de Virginia; quienes, por cierto, entre su simbología incorporaron la bandera republicana bajo el formato de las Brigadas Internacionales, lo cual es expresión de que la resistencia antifascista de los pueblos del Estado español en los años 30 del pasado siglo y las Brigadas siguen siendo una referencia importante para el movimiento progresista en muchos lugares del mundo.

El proyecto nazi-fascista fue derrotado en los años 40 del pasado siglo por la vía militar, especialmente por la contribución de la URSS. El primer ministro británico de la época, Chamberlain, estaba convencido de que Hitler no quería realmente la guerra hasta pocas semanas antes de que ésta, la Segunda Guerra Mundial, estallara. Hitler se mofaba en privado de ello.

La guerra contra el fascismo supuso un gran coste humano y material, muy especialmente para el pueblo ruso y los pueblos del Estado español. Sería muy importante que la movilización popular en Estados Unidos y en el mundo en general sea capaz de neutralizar la política guerrerista del nazi Trump. Las movilizaciones de Charlottesville son una expresión de que sectores de la sociedad en Estados Unidos así lo entienden.






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