lunes, 26 de octubre de 2015

Continúan Criminalizando la Eutanasia

A todxs lxs que nos ha tocado la dura pero a la vez gratificante experiencia de cuidar a un familiar preso de una enfermedad dolorosa y/o degenerativa en sus últimas etapas la opción de la eutanasia no nos parece algo que deba ser descartado tan santurronamente por los sistemas de salud.

Lxs que entendemos el verdadero valor de la vida también entendemos que una persona que ha vivido su vida con dignidad también tiene derecho a morir con dignidad. Ahorrarle dolor, sufrimiento, vergüenza y o desesperación se convierte en la prioridad de quienes le cuidan, tanto familiares como profesionales de la salud.

Es por eso que celebramos cuando de vez en cuando alguien (doctorxs, enfermerxs) desde un posicionamiento ético y profundamente humanista se opone a la hipocresía de la práctica moderna de la medicina y se decide por hacer lo correcto con respecto a estos pacientes.

Tal es el caso del doctor vasco Nicolas Bonnemaison quien ha sido crucificado por el estado francés.

Lean este reportaje publicado en Gara:


Bonnemaison no irá a prisión, pero es condenado por «envenenamiento»

El exmédico del Hospital de Baiona Nicolas Bonnemaison no irá a la cárcel, pero esa es la única buena noticia para él. El proceso se salda, además de con su expulsión de la profesión, con una condena por «envenenamiento» a pacientes terminales. La Fiscalía logra su objetivo en el segundo juicio: una condena sin cumplimiento, de dos años.

Tras más de cuatro años de proceso judicial por la muerte de siete enfermos terminales en el Hospital de Baiona, el entonces médico de urgencias Nicolas Bonnemaison acaba condenado. El jurado popular conformado en el Tribunal de lo Criminal de Angers, donde ha sido juzgado por segunda vez tras la absolución inicial en Pau, decretó ayer que es culpable de «envenenamiento». Se le impone una pena de cárcel de dos años, aunque exenta de cumplimiento.

La decisión final se corresponde básicamente con la petición de la Fiscalía, que forzó este segundo juicio, lejos de Euskal Herria, a través del recurso contra el primer fallo, que fue emitidio también por un jurado popular en la capital del Departamento de Pirineos Atlánticos. El Ministerio Público había propuesto en Angers una condena de cinco años sin cumplimiento, que ha sido reducida finalmente a dos, si bien la cantidad no es algo relevante debido a que no implicaba el ingreso en prisión.

Los hechos se produjeron en los años 2010 y 2011 y han provocado una enorme discusión, en todo el Estado francés, en torno a la eutanasia. El seguimiento mediático de esta segunda vista oral ha vuelto a ser muy importante, y hasta tres exministros han testificado.

Básicamente, la vista oral ha reproducido la inicial de Pau, si bien esta vez con un desenlace diferente. Mientras Nicolas Bonnemaison, natural de Hazparne, reivindicaba que solo actuó para acabar con el sufrimiento de los pacientes en situaciones terminales e irreversibles, la Fiscalía argumentó que su impresión personal sobre los casos no elimina la «intención criminal».

Para dar aún más complejidad al asunto, las familias de los siete pacientes fallecidos tras la intervención de Bonnemaison han mantenido opiniones abiertamente contradictorias: unas le exculpan e incluso le defiende, mientras otras han promovido la acusación.

Fiscal: «Omnipotente»

El dictamen de este jurado popular de Angers supone dar por buena la tesis del fiscal, Olivier Tcherkessoff, que sostuvo que Bonnemaison se saltó todas las barreras y controles impuestos a los profesionales para evitar abusos con los enfermos terminales, definidos legalmente como «personas especialmente vulnerables».

Así, Tcherkessoff destacó que el médico no anotaba nada del proceso, que no consultaba a las familias y que se hacía con los fármacos legales con secretismo. «¿Por qué ese silencio completo, si no es por la voluntad de esconder lo que prescribe y admistrarlo a escondidas?», se preguntó. Esgrimió igualmente el fiscal que «actuaba solo» y que se sentía «omnipotente» y «convencido de hacer el bien cuando hacía el mal».

Además de esta condena judicial, el caso le ha costado a Nicolas Bonnemaison la expulsión de la profesión, determinada por el Cólegio de Médicos del Estado francés en 2013, antes del primer juicio en Pau, y ratificada después pese a la absolución dictada entonces.

En la actualidad, Nicolas Bonnemaison sigue trabajando en el Hospital de Baiona, donde recibe el apoyo de la mayoría de sus colegas, aunque en labores de tipo administrativo, sin poder ejercer la medicina.



Nuestra solidaridad con el doctor Nicolas Bonnemaison.

Por el rescate de la dignidad al momento de morir.




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