domingo, 15 de diciembre de 2002

Algunos Vascos Dicen Si a Marcos

Respuesta a la invitación del subcomandante insurgente Marcos

Le escribimos en nombre de miles y miles de ciudadanos y ciudadanas vascas que, tras la suspensión de la formación política Batasuna por parte del juez Baltasar Garzón en las cuatro provincias vascas bajo la administración española, han quedado desposeídos de sus derechos civiles y políticos más fundamentales, como son el derecho a organizarse políticamente, el derecho a la libre manifestación, el derecho a reunión, e incluso el derecho a la libertad de expresión. Esta ilegalización se añade, además, a una suma de ilegalizaciones anteriores, la del periódico y la radio Egin; la de la revista Ardi Beltza; la del movimiento pro-amnistía, en dos ocasiones; la del movimiento juvenil, en tres ocasiones, además de la criminalización de las escuelas vascas, de la asociación de la alfabetización de adultos, del movimiento de desobediencia civil, de los sectores populares disidentes en general...

No nos cabe la menor duda a la hora de afirmar que dicha actuación judicial, así como la tramitación de la Ley de Partidos Políticos en el Parlamento español, con el objetivo públicamente manifestado, y reconocido incluso por el propio presidente del gobierno español, José María Aznar, de ilegalizar a Batasuna a comienzos del año 2003, responde al clima internacional propiciado por la iniciativa supuestamente antiterrorista del presidente estadunidense Bush, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

No es que el 11 de septiembre empezara nada nuevo, sino que dichos atentados han servido al imperialismo para acelerar sus planes agresionistas destinados a crear un nuevo orden internacional, fundamentado en la dominación del poderoso sobre el débil, del pensamiento único neoliberal donde la izquierda y las naciones sin estado no tengan sitio.

El caso vasco no ha sido, además, el único botón de muestra de este tipo de actuación política antidemocrática en el mundo. Es evidente que el gobernante israelí Sharon ha incrementado su agresión en contra del pueblo palestino. El presidente ruso Putin ha hecho lo mismo en Chechenia. La actuación del presidente Uribe, en Colombia, es similar, donde los movimientos guerrilleros han pasado a ser movimientos terroristas. Y no digamos nada del anunciado ataque a Irak, de la pasada agresión militar a Afganistán... Y son muchos más los ejemplos que se podrían dar a través del mundo.

Pero esa actuación no atañe únicamente a los movimientos de liberación nacional de los pueblos oprimidos. En la propia Unión Europea, el movimiento contrario a la globalización y al neoliberalismo también sufre una clara criminalización política, como lo demuestran la detención y el encarcelamiento de numerosos militantes italianos por orden del gobierno de Berlusconi.

Dicho de otra manera, todos aquellos que se oponen al pensamiento único y al orden neoliberal establecido, en defensa de su identidad como pueblo o de su condición de clase, son perseguidos sistemáticamente en todo el planeta. La agresión política, militar, cultural, económica, ecológica y de género, incluso de manera violenta, es legitimada por los Estados, y la autodefensa de los agredidos, sea violenta o no, es perseguida. Tal y como lo dijimos en Génova en la contracumbre al G8, lo que no puede ser es que ocho impongan por la fuerza de las armas su proyecto globalizador a 6 mil millones de habitantes.

La aspiración de todos los pueblos del planeta a poder vivir en paz en un orden social justo donde la riqueza no sea sólo el patrimonio de unos pocos y donde no impere la fuerza de la imposición, sino la razón, la solidaridad entre los pueblos y entre las personas, nunca había sido tan ferozmente reprimida y acallada por los centros de poder militar, económico y mediático. Es, como decía el Che Guevara, la imposición, la opresión y la filosofía del despojo del débil, lo que alimenta la filosofía de la guerra. Cese la injusticia social y el dominio del poderoso y pondremos bases firmes para la paz.

Nuestro pueblo nunca ha sido un pueblo belicoso, pero sí un pueblo rebelde: rebelde ante la opresión, rebelde ante la injusticia, rebelde ante la imposición. Euskal Herria desea la paz, paz sólida, estable y duradera, sin injerencias ni imposiciones de los Estados que nos dominan y dividen en dos, hermanos del norte y del sur desgarrados por intereses políticos y los avatares del proceso histórico de configuración de las clases dominantes en el capitalismo emergente europeo.

Deseamos la convivencia pacífica con España y Francia en plano de igualdad y respeto mutuos; ansiamos la convivencia solidaria con los pueblos español y francés y con todos los pueblos de Europa y del mundo, y anhelamos, finalmente, un nuevo estadio de las relaciones sociales, donde la guerra, la violencia y la opresión no sean más que un mal recuerdo para el género humano.

A pesar de lo difundido por los medios de comunicación en todo el mundo, Batasuna nunca ha justificado ni fomentado el recurso a la lucha armada, ni en Euskal Herria ni fuera de nuestro país, pero sí considera que mientras no se den condiciones democráticas y justas para la resolución de los conflictos, aquí y en el resto del mundo, siempre habrá una parte de los oprimidos que recurra al uso de la violencia política como método de actuación. Es por ello que nos negamos a condenarla políticamente, porque la condena no resuelve el problema político de fondo, y nuestra responsabilidad y obligación como fuerza política de izquierda es precisamente buscar soluciones a los problemas de este mundo; porque otro mundo es posible, y si es socialista mucho mejor.

Por todo ello, agradecemos al subcomandante insurgente Marcos y al EZLN su interés, solidaridad y apoyo a la causa vasca, algo que es recíproco, ya que desde Euskal Herria seguimos la lucha justa del EZLN, motivo por el que numerosos vascos y vascas participamos en la marcha internacional zapatista o en brigadas de apoyo, como las organizadas por el grupo internacionalista vasco Askapena.

Nosotros también apostamos por el diálogo y el acuerdo entre todas las partes como método de resolución del conflicto y de construcción nacional y de cambio social. Incluso, creamos las condiciones políticas para una transición política en ausencia de violencia. En dicho proceso, ETA dio una tregua que se prolongó durante 20 meses para apoyar este proceso vasco sustentado por la mayoría social, sindical, institucional y política en Euskal Herria. Sin embargo, el gobierno de Madrid, en lugar de aprovechar dicha situación, tal y como lo hizo el gobierno británico en el caso irlandés, se dedicó a dinamitarlo. Aznar fue el principal responsable de la voladura de aquel proceso político que hubiera supuesto la resolución política y definitiva del contencioso. Y es que el objetivo del gobierno de Madrid no es la paz, es la liquidación del proceso soberanista vasco, aunque éste se ejercite de manera no violenta y democrática.

Pero los procesos sociales, y el proceso emancipador vasco no es excepción, pasa por encontrar fórmulas democráticas de resolución basadas en el reconocimiento del derecho a la libre determinación de nuestro pueblo en el conjunto de su territorio, porque es ese el escenario que desea la mayoría de los vascos. Los vascos queremos tomar la palabra en condiciones democráticas y queremos que todo el mundo respete dicha decisión, independientemente del resultado. Somos conscientes de que la sociedad vasca es plural, y queremos construir un país para todas y todos los ciudadanos vascos, sin exclusiones, un país de todos y para todos, un país que reconoce todos los derechos a todos y todas sus ciudadanas en todo el territorio vasco, desde el de autodeterminación hasta el de la vida, pasando por todos los demás derechos civiles, políticos, económicos y culturales.

Dicho escenario debe garantizar la igualdad de oportunidades para todos los proyectos políticos. Nosotros, con humildad y laboriosidad, aportaremos un proyecto para una Euskal Herria independiente y socialista.

Para finalizar, saludamos y estamos dispuestos a participar en cualquier iniciativa política que, con seriedad y base democrática, tenga por objetivo crear las condiciones políticas necesarias por parte de todos, con el objetivo de garantizar que los y las vascas podamos decidir libre y democráticamente el futuro de Euskal Herria. Un saludo fraternal y revolucionario.

¡Viva la solidaridad de los pueblos oprimidos!

Gora herria!

Euskal Herria, 12 de diciembre de 2002.

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