jueves, 16 de octubre de 2008

Una De Churchill

Siempre he afirmado que la diferencia entre Winston Churchill y Adolph Hitler es que el segundo contaba con una maquinaria bélica mucho más eficiente que el primero, de allí en fuera estos dos individuos siniestros estaban cortados con el mismo molde; supremacistas eurocéntricos, genocidas, racistas y peligrosamente belicistas. Lo que Hitler hizo en Europa ya lo había ensayado Churchill en sus aventuras colonialistas británicas.

Este artículo publicado en inSurGente arroja luz acerca de la poca estatura moral de Churchill que estuvo dispuesto a pagar cuantiosas sumas de dinero a miembros de una genocida dictadura militar con tal según él de evitar la entrada de España a la Segunda Guerra Mundial, aquí lo tienen:

Churchill sobornó a treinta generales franquistas para que España no entrase en la II Guerra Mundial

inSurGente.- En el verano de 1940, el primer ministro británico Winston Churchill estaba convencido de que España de Franco entraría en la II Guerra Mundial del lado de su aliado natural Adolf Hitler. Para evitarlo, decidió sobornar a los generales que estaban bajo las órdenes del dictador Francisco Franco y crear así toda una corriente militar de pensamiento en contra de la entrada de España en el conflicto. La pieza clave para ello fue el banquero mallorquín Juan March que actuó como agente secreto británico para organizar los pagos de esos sobornos de millones de dólares, que fueron a parara manos de una treintena de generales franquistas.

Agencias/ inSurGente.-

Esta revelación aparece en el libro ‘Juan March: El hombre más misterioso del mundo’, publicado recientemente por el escritor mallorquín Pere Ferrer Guasp, pero, paradójicamente, ha tenido que ser el diario británico ‘The Times’ quien ponga de manifiesto dicha red de sobornos.

Según informaciones del rotativo recogidas por otr/press, en el verano de 1940, pocos meses antes de la reunión entre Hitler y Franco en Hendaya, el primer ministro británico creía que España iba a entrar en la II Guerra Mundial del lado de Alemania.

Churchill había recibido informes de sus servicios secretos en torno a la intención de Franco y Hitler de invadir Gibraltar, punto estratégico para dominar el Mar Mediterráneo, y para evitar cualquier alineación de España con Alemania, decidió recurrir a una práctica, cuando menos, poco ortodoxa.

El oficial Alan Hillgarth sugirió la opción del soborno a los altos mandos del Ejército franquista, toda vez que su sueldo no era demasiado alto y eran susceptibles de recibir ‘pagos extras’ por sus servicios.

En una carta al entonces jefe de los servicios estratégicos británicos, J.Donovan, el agente de Estados Unidos en Portugal Robert Solborg sugería que «el español seleccionado para ser el instrumento interno para conseguir los favores políticos de esos generales es el rico banquero Juan March».

El empresario mallorquín, que había logrado amasar una gran fortuna gracias al contrabando de tabaco durante la I Guerra Mundial parecía, en principio, un aliado poco conveniente dado que, como se demostró posteriormente, financió el golpe de Franco.

En el libro, Ferrer deja la puerta abierta a que Juan March actuará como un doble agente. Según su investigación, los documentos británicos sugieren que el banquero podría haber permanecido bajo nómina de los alemanes al mismo tiempo que actúo para los británicos.

En cualquier caso, cuando estos últimos le ofrecieron actuar como organizador de los sobornos, aceptó, y logró que 30 generales de Franco cambiarán su simpatía por la Alemania nazi por un rechazo a cualquier tipo de colaboración en la II Guerra Mundial.

En 1940, se abrió una cuenta con 10 millones de dólares (7,3 millones de euros) en un banco de Nueva York para pagar los sobornos a los generales españoles. El plan casi fracasa debido a que el Departamento del Tesoro creía que Juan March estaba usando el dinero para financiar al Ejército nazi.

El embajador británico logró convencer al presidente Roosevelt de que de aquel dinero dependían los intereses británicos y, según Ferrer, sólo en 1942 los generales de Franco recibieron entre 3 y 5 millones de dólares.

Según el libro, no todos los generales franquistas necesitaron el aliciente del dinero para cambiar su opinión, si no que algunos de ellos odiaban al dictador.

El general Alfredo Kindelan, por ejemplo, escribió en sus memorias sobre Franco: «Podías sentir el vértigo en él por todo aquello, como los escaladores que han subido más de lo que pueden, se sentía mareado por haber alcanzado aquella altura con unas habilidades limitadas».


Esos treinta generales no cambiaron el curso de la historia, con la entrega de judíos y otros refugiados a la Gestapo por parte de la Guardia Civil de Franco, el envío de la División Azul a pelear en el frente ruso junto a los alemanes y la operación de distintos puertos españoles como puntos de avituallamiento para la marina de guerra alemana ha quedado demostrado que Franco sí actuó como aliado activo del Eje, o sea que Churchill desembolsó ese dinero no por idiota, sino por premiar a los esbirros de Franco, a quienes de seguro admiraba.

Y los españoles contentísimos, recibiendo dinero de los dos bandos.

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