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lunes, 3 de agosto de 2015

Los Vasco-Estadounidenses

La adhesión de diferentes personalidades de la sociedad estadounidense a la campaña por la liberación de Arnaldo Otegi no ha pasado desapercibida y desde el portal de el portal La Tribuna del País Vasco traemos a ustedes este artículo acerca de la visión que se tiene en la caverna de la diáspora vasca asentada en los Estados Unidos:


Claudia Martínez Toledo

La presencia vasca en los Estados Unidos ha sido y es muy destacable, en todos los sentidos. Un ejemplo diáfano lo hallamos en Boise, la capital del estado de Idaho. Diversas fuentes afirman que en el área metropolitana de esta ciudad residen alrededor de 20.000 vascos. Incluso su actual alcalde, David H. Bieter, es de ascendencia vasca. La importancia del grupo vasco en Boise es tal que, en zonas próximas al centro de la localidad, existen un sinfín de restaurantes y establecimientos regentados por personas procedentes de esa región española que reciben el nombre de “Basque Block”.

A diferencia del resto de españoles que marcharon a hacer las Américas, los vascos no se han desperdigado a lo largo y ancho de Norteamérica, sino que han confluido y permanecido estables en zonas muy concretas. En 1975, Douglass y Bilbao realizaron una interesante investigación sociológica titulada “Amerikanuak” (“Los americanos”). Como objetivo, buscaban determinar en qué Estados de la Unión residían los inmigrantes vascos así como los norteamericanos de tal ascendencia. Los resultados fueron clarificadores en este sentido y arrojaban como resultado el hecho de que la comunidad vasca se asentaba esencialmente en los Estados del Oeste.

Sin embargo, fue sorprendente constatar que existía, asimismo, una subdivisión interna. Vascofranceses y navarros se habían instalado en los estados de California, Arizona, Nuevo México, Colorado y Wyoming. Por su parte, el grupo vascongado –es decir, los originarios de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya- se localizaba preferentemente en Idaho y Oregón. Tan sólo existía una cierta mezcolanza de las tres comunidades en Utah y Nevada. Al igual que en sus tierras de origen, los vascos no mostraban una unidad en el sentido más amplio del término. La historia volvía a repetirse. Algunos autores explican el hecho en una serie de factores que dificultaron la existencia de los vascos como un grupo diferenciado como, por ejemplo, la implicación de los vascos norteamericanos en la floreciente industria del ganado ovino que exigía la trashumancia en no pocas ocasiones.

A pesar de estas interpretaciones, los vascos que vivían en Estados Unidos no manifestaron ningún interés en generar efectivamente una unidad política e, incluso, social. Simplemente, se dedicaron a trabajar con ahínco, en esforzarse a participar en la vida de sus comunidades e integrarse en una tierra que les ofrecía –a diferencia del País Vasco hasta finales del siglo XIX- oportunidades de prosperidad. Rápidamente, fueron copando responsabilidades y prestigio entre sus nuevos compatriotas.

En España, la derrota del bando republicano en el Frente del Norte en la Guerra Civil Española (1936-1939) provocó el exilió de vascos que habían apoyado –en mayor o menor grado- a la coalición frentepopulista. Si bien eligieron como nuevos lugares de acogida Francia e Iberoamérica, muchos de ellos marcharon a Estados Unidos, más concretamente a las zonas con eminente presencia vasca como las ya mencionadas. Precisamente, es en este contexto histórico cuando se inician las primeras maniobras por generar una unidad –inexistente, como acabamos de analizar- entre los vascos en los Estados Unidos.

Muchos de los vascos exiliados provenían de organizaciones políticas de marcado carácter nacionalista y vieron en estas nuevas tierras de libertad y acogida la ocasión de realizar proselitismo con vistas a generar grupos de presión que forzaran al gobierno federal a cambiar su política con respecto a España y al presunto problema vasco.






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