domingo, 9 de agosto de 2015

El Alto Coste de la Dispersión

Madrid no se conforma con hostigar, torturar y encarcelar a cuanto independentista vasco le pueda poner las garras encima, además, busca las formas de castigar también a las familias y a la sociedad vasca en general.

Ejemplo de ellos son las enormes cantidades de dinero que se tienen que gastar para poder visitar a las víctimas de la draconiana medida punitiva conocida como "dispersión". Dinero que se podría utilizar para solventar las necesidades del día a día, para unas vacaciones, para una mejora a la casa, para ahorrar en prevención de la precariedad laboral y el embate neoliberal a los derechos sociales.

Dinero que se pudiera utilizar como donativo para las campañas a favor del euskera, del deporte, de la mejora de la salud, de la equidad de género y de un largo etcétera.

Al respecto pues, les compartimos este reportaje publicado en Gara:

Ver a los presos alejados cuesta a las familias de 900 a 1.500 euros al mes

El informe entregado por Etxerat en Loiola refleja en datos reales el enorme coste de la dispersión para las familias de los presos. Completar las visitas mensuales en la cárceles más alejadas del Estado español requiere casi 900 euros, y cerca de 1.500 en el caso del francés. Completar su manutención o higiene viene a suponer otros 200 euros.

Ramón Sola

Etxerat ha denunciado reiteradamente los riesgos físicos de la política de dispersión, que se ha cobrado dieciséis víctimas mortales en accidentes, pero ahora pone el foco además sobre otra sangría: la económica. El informe que entregó el 1 de agosto en Loiola a la representante de Lakua, Arantxa Tapia, y el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, detalla todo lo que deben gastar las familias para visitar a los presos alejados en ocasiones hasta más de mil kilómetros. Una auténtica hipoteca que, además, en ocasiones se prolonga más allá del cuarto de siglo, provocando el empobrecimiento severo y continuado de las familias afectadas.

El desglose se resume en el cuadro adjunto. Por ejemplo un viaje de dos familiares desde Iruñea a Algeciras para realizar en un mismo día la visita semanal y el vis a vis mensual supone 310 euros en la opción más barata (en este caso el autobús a Andalucía de Etxerat) y 630 en la más cara. Tomando como base la más económica, si se le suman las otras tres visitas semanales del mes y a ellas acude solamente una sola persona (lo que supone un coste aproximado de 185 euros cada vez), la cifra total de las cuatro visitas y el vis a vis asciende a 865,80 euros. Etxerat ha cifrado igualmente la factura mensual de las visitas a otra cárcel del sur español, en este caso sudeste, Almería, y el resultante es muy similar: 898 euros.

Por lo que respecta al Estado francés, los gastos aumentan por los mayores costes del transporte o el alojamiento, además de la imposibilidad de fletar un autobús conjunto como el de Andalucía. Se detalla el caso de Bapaume, donde cumplimentar las cuatro visitas mensuales obliga a gastar 1.475 euros (cerca de 515 en el caso de la de dos personas y 325 en las otras tres unipersonales). También el de Liancourt, adonde un solo viaje de tres familiares viene a suponer 643 euros.

Teniendo en cuenta los últimos datos estadísticos que apuntan a que el sueldo mensual medio en Euskal Herria está algo por debajo de los 2.000 euros, ello significa que las familias deben destinar por término medio entre el 50 y el 75% de un salario solo para poder ver a sus allegados, por culpa exclusivamente de la dispersión. Obviamente existen muchos casos más graves, en que los sueldos son mileuristas... o sencillamente no existen.

Los ejemplos incluidos en este trabajo son reales, es decir, no se basan en proyecciones ni estimaciones, sino en facturas contantes y sonantes de billetes de autobús, tren o metro; gastos de combustible y peaje, cuando se viaja en coche propio; alimentación básica en el recorrido; y una noche de alojamiento.

Lógicamente este cálculo deja fuera otros costes imposibles de medir en euros: los del riesgo y el cansancio, porque en todos los casos el trayecto de ida y vuelta, se haga en el medio de transporte que sea, requiere recorrer más de 2.000 kilómetros y emplear más de 24 horas.

Tampoco se pueden computar, añaden, «la tensión del viaje a realizar, siempre a contrarreloj para no perder la visita; el nerviosismo a la entrada de la prisión, siempre temiendo que nos digan que la visita ‘no consta’ y tengamos que volver sin haberla realizado; el agotamiento físico resultante de tener que ponernos en carretera sin descanso entre la jornada laboral y el viaje; la carga física y síquica que exige realizar estos viajes con bebés y menores de edad y lo que estos viajes significan para ellos; la penalidad que estos desplazamientos suponen para personas de edad avanzada o con movilidad reducida…»

El autobús y Mirentxin

Etxerat desgrana también los recursos que ha conseguido desarrollar, hace ya muchos años, para intentar paliar esta situación. Uno es el autobús a Andalucía, que cada fin de semana desplaza a familiares y amigos hasta la otra punta de la Península: Puerto de Santa María y Algeciras (Cádiz). Los allegados de los presos de Sevilla también recurren a él, si bien luego tienen que completar la ruta con otro autobús o un coche de alquiler.

Luego están las archiconocidas furgonetas de Mirentxin, fruto de la solidaridad popular; personas voluntarias que se encargan de llevar a familiares y amigos hasta las cárceles más alejadas, en viajes que comienzan el viernes y cuyo retorno concluye el sábado o el domingo. En la actualidad hay nueve furgonetas, tres de las cuales viajan cada fin de semana a Huelva, Almería y Granada. Las seis restantes se desplazan, por turnos, hasta Córdoba, Murcia, Alicante, Valencia, Castellón, Pontevedra, Herrera de la Mancha (Ciudad Real), Lyon, Roanne, Poitiers, Saint Maur y Clairvaux. Todo ello en un auténtico encaje de bolillos, porque por ejemplo los familiares de las presas en Valencia no pueden utilizarla dado que sus visitas se fijan los viernes y domingos a la tarde, y no los sábados, que es cuando se concentran las de los módulos masculinos.

El precio del billete oscila en función del recorrido. En el caso del autobús se cifra en 110-125 euros y en el de Mirentxin entre 65 y 120. Para aliviar la carga económica de quienes tienen niños, a estos no se les cobra el viaje.

Dado que las plazas son limitadas en ambos casos (en las furgonetas hay capacidad para siete personas además de los dos conductores), se concede prioridad a quienes tienen vis a vis. Esto provoca en la práctica que habitualmente solo se pueda desplazar a una persona por visita en el caso del resto.





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