lunes, 21 de julio de 2008

Lecciones de Noain

La piedra angular del muro de mentiras que Madrid ha construido alrededor del derecho del pueblo vasco a su autodeterminación se llama Navarra. Dicen los eruditos que Navarra no es parte del Euskal Herria, que los independentistas vascos quieren anexionarse a Navarra con engaños.

Y hasta cierto punto tienen razón, Navarra no es parte de Euskal Herria, Navarra es Euskal Herria.

Dijo un antiguo estratega militar muy ducho en eso de conquistar pueblos por la fuerza de las armas, "divide y vencerás", y eso es precisamente lo que España con la invaluable asistencia de Francia ha estado haciendo, mantener a los vascos divididos. Pero no es París la única aliada en desplegar esta estrategia, resulta que dentro de Euskal Herria hay quienes se aseguran que esta división se implemente adecuadamente, por eso hablan de consultas que no incluyen a toda Navarra, o sea, a todo el País Vasco. Estos vascos faltos de visión se han encargado de cimentar la falsa idea de que el País Vasco está constituido por Araba, Gipuzkoa y Bizkaia solamente. Algunos supuestos abertzales incluso llegan a decir que efectivamente el País Vasco nunca ha sido una entidad política independiente y soberana por que unicamente Navarra existió como tal.

No señores, no nos confundamos, Navarra es el País Vasco, su pasado es denominado Baskonia, su identidad cultural es denominada Euskal Herria, el independentismo aranista la llama Euskadi, pero al final estos cinco términso son todos sinónimos, se refieren directamente al terruño que historicamente ha pertenecido, pertenece y pertenecerá al pueblo vasco.

Es por eso que les presento este texto publicado en Gara:


Jesus Valencia | Educador Social

¡Navarra vive, carajo!

La primavera de aquel lejano 1521 resultó especialmente sugestiva. El día 10 de mayo, las tropas navarras cruzaron la frontera dispuestas a reconquistar su reino. Catorce días más tarde, y tras haber fracasado en los intentos anteriores, ocuparon Iruñea. Pero la dicha fue breve. Las tropas españolas se reagruparon y volvieron de nuevo contra los navarros. En la tarde del 30 de junio, domingo trágico en nuestra historia, el ejército libertador quedó destrozado junto al castillo de Noain. Desde hace unos años, y siempre a finales de junio, las ruinas de aquel castillo vuelven a congregar a los suyos. Paredes desvencijadas de una fortaleza emblemática. Atalaya de valles cruzados por vías férreas, autopistas y canales de nueva factura. Confluencia de la Navarra antigua con la Navarra nueva. Testigo de una batalla perdida en aquellas campiñas que cubrió de rojo las mieses y de pesadumbre las almas.

La visita anual al castillo de Noain está cargada de futuro. Las paredes derruidas no son la versión navarra del muro de las lamentaciones; ni sus visitantes un club de nostálgicos que se aferran a una historia ya concluida. Por el contrario, son la expresión más activa de un pueblo que lentamente despierta y que va recuperando su historia. Los promotores de la marcha intuyeron que aquellas piedras abandonadas ocultaban el hálito de un pueblo que todavía sigue vivo. Noain es el símbolo de una historia ocultada, de una conciencia nacional que dio vida al Estado vasco y que sigue latiendo bajo una gruesa capa de cenizas y escombros.

En la calurosa tarde del 28 de junio una marcha abigarrada y colorista se hizo presente en Iruñea. Hacía su entrada oficial en la Plaza del Castillo la Plataforma Navarra Bizirik. Músicos, dantzaris, laialaris, ciudadanos de todos los herrialdes se dieron cita para pregonar a los cuatro vientos la evidencia que los congregaba. Proclama que encierra un doble y complementario mensaje. El primero, advierte que continúa aletargada la conciencia de muchos paisanos: creyeron a pies juntillas la versión conquistadora y asumen como finalizada y extinta nuestra historia nacional; ciudadanos de Euskal Herria que renunciaron a su identidad, convencidos de que su patria es la España que los sojuzgó. El segundo mensaje contiene una vibrante proyección de futuro: hay signos evidentes de que el corazón de nuestro pueblo, aunque débil y maltrecho, sigue latiendo. En Noain fue aniquilado nuestro ejército pero no quedó definitivamente asimilado nuestro pueblo. Hemos encontrado el hilo de una historia que sólo quedó interrumpida y a la que tenemos que darle continuidad. El renacimiento navarro del s. XIX estaba cargado de reivindicaciones foralistas; el del s. XXI se marca metas soberanistas.

En el reciente y soleado 28 de junio, la Navarra renaciente avanzaba con sencilla solemnidad. Le precedía una gran bandera de nuestro Estado. No era más que la puesta en escena de una campaña que se promete larga y apasionante. Vigilaban aquella irrupción de ilusiones cuatro furgonetas imperiales. Eran el contrapunto represivo -y evidentemente inútil- contra un pueblo que quiere recuperar su conciencia y su nación.


.... ... .

2 comentarios:

  1. Siempre aprendo algo más cuando visito el blog. Gràcias!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por tus visitas y tus comentarios Zel.

    Ya me gustaría enlazar a tu blog pero no se cual es el principal de los que tienes listados en tu perfil.

    Hasta la próxima.

    ResponderEliminar