sábado, 4 de noviembre de 2006

El Otro Herrialde

No importa si usted lo considera el séptimo (como yo pues Navarra solo hay una) o el octavo (si usted prefiere el Zazpiak Bat), pero de que existe, existe.

He aquí un interesante ensayo al respecto:

El séptimo herrialde

Jon Nikolas - Patrono de Euskaria Fundazioa

Es ilustrativo conocer que existen más de cuatro millones de personas de origen vasco dispersas por todo el mundo. Pero resulta difícil aplicar el término de Séptimo Herrialde a estas gentes de la diáspora sin caer en la trampa que ofrece un romanticismo contemplativo que se inmoviliza en su propia añoranza estéril. Arturo Campión escribió “El ultimo tamborilero de Rahondo” donde el protagonista decide rechazar la vida en medio de la gran familia que habían construido en Argentina porque era muy fuerte la añoranza de su aldea natal. De estas grandes haciendas vascas de la diáspora, o de otros lugares donde les había favorecido su tesón volvían los indianos ricos para morir en su lugar de origen.

El término diáspora es palabra aglutinada de los griegos que significa ‘dispersión’. La diáspora es el resultado de huidas, éxodos que siguieron a las conquistas de Palestina. La diáspora designa históricamente la dispersión de los judíos en el s. VIII a. C con la caída de Samaria en poder de los asirios; fue muy anterior en el tiempo al judío errante de la maldición cristiana. En el pasado la dispersión la sufrieron los israelitas, en el presente son sus primos palestinos desplazados por el establecimiento de un Estado teocrático quienes claman por sus derechos.

El fenómeno así llamado imprime una definición que nos permite generalizar el uso de esta palabra a todas las situaciones de crisis humanitarias donde se arrastran migraciones de evasión. Se proyecta sobre un gran número de puntos de asilo y refugio en casi todos los continentes. Está asociado con las salidas de refugiados que huyen de las persecuciones en las masacres de las guerras con invasiones sanguinarias. También engloba las circunstancias a donde migraciones diferentes acudieron por la llamada de nuevos horizontes de colonización, nuevos núcleos de actividad o, simplemente, como tránsito temporal.

Para la mayoría de emigrantes, la diáspora implica la separación y la segregación etnocultural con respecto al entorno que le recibe. La diáspora judía conservó sus creencias con las prácticas religiosas de su cultura; pasó del uso y la referencia hebrea a expresarse con un dialecto propio: el yiddish de las comunidades de Europa Central y el sefardí de Al-Andalus, la Europa mediterránea y el Norte africano. La endogamia en su propia colectividad le dio a la diáspora judía una unidad cultural a la que siguen aferrados.

Como se trata de comunidades que viven principalmente, si no exclusivamente, de sus recursos, del artesanado, del comercio inclusivo y asociado, de las profesiones liberales, mantienen su apego a una identidad histórica. Esta actividad colectiva y gremial ha creado sus núcleos desde donde han desarrollado los contactos adecuados con las poblaciones circundantes de su entorno. Salvo las comunidades implantadas entre los eslavos, los elementos de la diáspora son ajenos a la sociedad rural; en general, se trata de asentamientos urbanos en el interior de las ciudades extranjeras.

Además del paradigma judío, tenemos el caso de las distintas diásporas de comerciantes griegos y libaneses desde tiempos históricos que cubren el continente africano. También en los últimos siglos, América del Sur y más discretamente las grandes aglomeraciones norteamericanas. Por razones de opresión y genocidio sistemático del Estado turco, la diáspora armenia, con más de un millón de personas, se ha extendido en Europa, América del Norte y América del Sur.

Frente a la entidad de las relaciones que estos pueblos han generado, nuestra realidad acoge una pequeña muestra dentro de esos cuatro millones de vascos dispersos, por América principalmente. Pero, sin duda, hasta la diáspora judía tampoco puede compararse a la más numerosa y dispersa geográficamente que representa la diáspora china. La lectura de Pramoedya Amanta Toer (Editorial Txalaparta) ilustra la instalación china con sus principales elementos situados en el Sudeste de Asia e Indonesia; sin olvidar que sus vanguardias se han implantado en América desde el siglo XIX y principios del XX.

Las colectividades vascas son muy diversas debido a su distribución geográfica, movilidad y forma de vincularse en consideración a su aceptación en países multiculturales de migraciones muy distintas. La comparación con la diáspora judía, aun en el caso de que se reproduzcan ciertas condiciones etnoculturales (como en EEUU, Argentina, Venezuela, México, y otros puntos de Centro América) se acomoda al entorno de Euskal Etxea(s) con su referencia de actividades culturales.

La diáspora vasca comenzó a tener entidad cuando el Estado vasco de Navarra fue conquistado a principios de la Edad Moderna por las tropas españolas y se abrió la emigración hacia las Indias. En el continente americano formaron sus comunidades en el Perú de los incas y defendieron su identidad agrupándose en torno a su lengua vascongada. Perdieron ante el poder real español y dejaron de apoyarse entre sí, olvidando que era su lengua vizcaína y navarra el lazo que les unía.

El mestizaje no aportó nada nuevo a la cultura indígena; porque cuando hay asimilación a los modos imperantes de la colonización en las áreas de localización, el ánimo solidario se disuelve en el individualismo. La historia recoge los ecos de apellidos encerrados en su historia particular que han dejado su huella unida a situaciones de corrupción y dictadura en sus países de adopción. Con la ruptura de los vínculos materiales y afectivos de la solidaridad propia de la comunidad de origen deja de existir la diáspora.

La interacción en un proceso inverso tuvo la figura destacada de Simón Bolívar con la grandeza del compromiso frente a la explotación de los oprimidos. Un empeño revolucionario que le llevó a ser considerado el verdadero Libertador de América, a cuya sombra se acogieron miles de vascos procedentes de las derrotas de los siglos XIX y XX en Euskal Herria. La diáspora se mantiene con la esperanza abierta mientras existe la conservación de signos de solidaridad que se materializan en la ayuda mutua. El ejemplo de otros pueblos con sus señas de identidad vivas simboliza la pertenencia a una colectividad y las relaciones entre los núcleos de la diáspora y el foco de origen de cada nacionalidad.

La referencia de la diáspora es válida si se consolida la comunidad capaz de mantener vivo el AUZOLAN, como un factor de solidaridad, levantando una trama de intereses y responsabilidades de solidez humana.

En EUSKARIA FUNDAZIOA estamos preparando para los meses de Noviembre y Diciembre unas jornadas para profundizar en los movimientos migratorios, la memoria histórica y la diáspora. El Séptimo Herrialde debe ser agente activo en el reconocimiento de los derechos políticos de Euskal Herria y su derecho a decidir.


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