miércoles, 29 de noviembre de 2006

Entrevista a ...

Esta entrevista nos llega desde la diáspora vasca en Argentina:

"A mi lo que me gusta es el licor de café”

Entrevista a Don Francisco Franco

A sus 113 años de edad y vestido con uniforme requeté flambeado con gasas y purpurinas, el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde ha accedido a conceder una entrevista a los reporteros de MundoCruel.com en una glorieta del Parque de la Ciudadela barcelonés.

Caudillo: Me agrada en sobremanera este paraje de asueto militar. Estamos a un tiro de piedra del zoológico municipal y siempre me ha gustado vivir rodeado de mulas, podencos y semovientes bien adiestrados. Cosas de lo castrense...

El Perro Katiusko: No se olvide Ud. que ya lleva 28 años criando malvas, Don Francisco. ¿Sabría decirnos la fecha concreta de su deceso? Se ha especulado tanto con ese dato...

C: Ya me gustaría, ya. Pero me tuvieron metido en un frigorífico, envuelto en bolsitas de calamares, ensaladilla y judías verdes. Cualquiera se acuerda de en que día me metieron. Pero ya estaba muerto, de eso estoy seguro.

EPK: Lleva razón, excelencia, le hieden los costurones a pezuña de toro. En la última entrevista que ha concedido a la revista cultural “Chuck Norris”, confiesa que, a pesar de estar fiambre, se da Ud. sus buenos garbeos por Barcelona. ¿Se siente atraído por el hecho diferencial catalán?

C: Barcelona es una ciudad que siempre me ha recibido con los brazos abiertos y hasta con las posaderas en pomposo cara al sol. Mire, justo ayer estuve paseando por el Fórum ese de la Cultura y me lo pasé cañón haciendo cabañas de mimbre, conversando con las tortuguitas y aplaudiendo a esos pobres niños malitos que bailan las danzas de la Mongolia. Joven, ¿no me negará Ud. que me han copiado todo el estilo gris, austero y cimentero del Valle de los Caídos? Me sentía como en casa.

EPK : Se diría que se siente arropado por el nuevo clima político que se vive en España.

C: Hombre, nuevo, lo que se dice nuevo, no es. Acuérdese de que Azaña también anunció un nuevo talante y eso a nosotros nos vino de perlas. ¿O se cree Ud. que no dejé atado y bien atado toda esta pamema de la democracia? Si aquí, en Europa, sólo votamos nosotros, los de derechas de toda la vida.

EPK: Ah, ¿pero vota Ud. aún, Don Francisco?

C: Bueno, allí en Galicia, todavía nos permiten el escrutinio y nos dejan mojar el churro de vez en cuando. Aunque, a mí, lo que de verdad me gusta es el licor de café. Tengo una manera muy rica de prepararlo, si se pasa por Ferrol le invitaré a un par de vasiños.

EPK: Muchas gracias. Oiga, Ud. que tan bien le hizo la guerra al moro...

C: No exagere, no exagere, que perdimos Annual y casi todo lo demás, pero fue culpa de la chusma anarquista. Que los moros bien le dieron después buen servicio a la Patria.

EPK: Allí hizo usted carrera y hasta salió en un filme francés.

C: Y bien que nos dieron de comer: caracoles, fritanga y avellanas.

EPK: ¡Menuda memoria! Pero, lo que yo quería pedirle es que nos diera su visión de estratega sobre la Guerra de Irak.

C: Ah, pero es que esos son moros más antiguos, de esos que se cuecen el pan horneándolo entre boñigas de camello. Yo, lo que haría en la Mesopotamia, bajo mi modesto punto de vista, sería retirar las tropas, colgarle una medalla al Ministro de Defensa y luego hincharme a hacer autopistas y pantanos...

EPK: ¿Autopistas o autopsias?

C: No, no, autopistas. Autopistas y pantanos y más autopistas y más pantanos... ¿A ver quién es el guapo que se queja luego, pudiendo ir a mojarse la barriga en un seiscientos de los de ahora, con viento artificial y todo?

EPK: Tiene su lógica, Generalísimo.

C: No, si lo que pasa es que me jubilaron pronto. Si no, ya vería lo bien que solucionaba la cosa esa del Norte. Es que parece mentira que no conozcan ustedes a los vascos, si son unos coñones.

EPK: ¿Dialogaría Ud. con ellos?

C: Claro, hombre, claro. Si son unos cachondos. Fíjese Ud., joven, que el idioma ese que parece tan raro, el que hablan en las iglesias y debajo de ese árbol de la Guernika...

EPK: El euskera.

C: ¡Ese! Pues lo inventamos mi amigo Sabino y yo cuando formábamos pareja de mus en una tasca de la Ría del Nervión. Lo hacíamos para que nadie nos entendiera. Y Sabino, que tenía todo el arte, se sacó del berrín que ya lo hablaban las matronas con bigote de las montañas en el año setecientos. ¡Y como los ha engañao el ladrón, que ahora hasta lo hablan los negros en las películas!

Me va disculpar, pero es la hora de la merienda y me están esperando.

EPK: Como no, Don Francisco. Pero permítame una pregunta de punto y final. ¿Es cierto eso de que al cabo de un mes de meterlo a usted bajo la losa, hubieron de destaparla para que los vermes y los ortópteros salieran a respirar y a echar las papas?

C: Ya le he dicho que a mí lo que me gusta es el licor de café.

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