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domingo, 15 de septiembre de 2002

Ibarretxe Colaboró

Madrid ha terminado por mostrar su talante represivo, recurriendo a la falta de verdadero compromiso con su pueblo por parte del PNV en general y del lehendakari 3/7 en particular.

Efectivamente, Ibarretxe ha cedido a las presiones ejercidas por Garzón y Aznar, permitiendo que la Ertzaintza se abalanzara con toda su furia sobre quienes se manifestaron en Bilbo en contra del apartheid y a favor de las libertades y los derechos políticos del pueblo vasco.

Aquí lo que nos reporta La Jornada:


Reprime la policía vasca marcha en favor de Batasuna y contra Madrid

Garzón prohibió la manifestación; la Ertzaintza utilizó 20 furgones, dos tanquetas y helicópteros

Armando G. Tejeda | Corresponsal

Lo que comenzó como una manifestación pacífica, en la que decenas de miles de personas se congregaron en Bilbao para protestar por lo que consideraron la proscripción de sus derechos civiles, derivó en una auténtica batalla campal entre agentes de la policía autonómica vasca y simpatizantes y militantes de Batasuna.

Después de dos horas de enfrentamientos, la congregación se dispersó con saldo de más de 30 heridos y tres personas detenidas.

La protesta, que el gobierno nacionalista vasco se rehusó a prohibir en un primer momento, pese a presiones de Madrid, se convocó a raíz de decisiones judiciales adoptadas por el juez Baltasar Garzón, en el contexto de la proscripción de Batasuna, coalición vasca a la que el gobierno español acusa de ser brazo político de ETA.

La marcha convocada por diversos líderes de la izquierda abertzale fue objeto de polémica la semana pasada, ya que el gobierno de Juan José Ibarretxe autorizó la protesta, al ser convocada por un grupo de artistas, dirigentes sociales e intelectuales bajo el lema "Gora Euskal Herria (Viva el País Vasco)". En Madrid, Garzón ya había dictaminado que toda marcha "inspirada en Batasuna" era ilegal.

Ante la negativa del gobierno vasco de prohibir la marcha, Garzón emitió un nuevo auto judicial que dictaminó que detrás de la marcha estaba ETA y que por tanto carecía de legalidad.

Esta medida se sumó a las adoptadas en sus autos recientes, en los que además de suspender las actividades de Batasuna, cerrar sus locales y sedes y embargar sus cuentas bancarias, también declaró "ilegales" todas las protestas que estuvieran "impulsadas o inspiradas" en la formación independentista.

Bajo la incertidumbre sobre si la manifestación había sido o no autorizada, decenas de miles de personas se congregaron en la céntrica calle Autonomía de la capital vizcaína, encabezados por algunos de los convocantes, quienes portaban una enorme ikurriña (bandera).

Dos horas de reflexión

Unos metros más atrás marchaba la mesa nacional de Batasuna, en la que figuraban Jon Idígoras, Periko Salabarría, Arnaldo Otegi, Joseba Permanch y Jone Goirizelaia.

Después de avanzar unos 500 metros, en medio de aplausos y gritos a favor de la independencia, contra el Partido Nacionalista Vasco y el juez Garzón, la manifestación topó con un nutrido cordón policial, para el que el gobierno vasco movilizó decenas de agentes antidisturbios, 20 furgonetas, dos tanquetas con cisternas de agua y dos helicópteros que sobrevolaron la zona durante las dos horas que duró la protesta.

Fue precisamente el final de la citada calle, donde se abre una glorieta que da nombre a la plaza Zabalburu, el punto de conflicto.

Cuando era claro que la policía impediría el avance de los manifestantes, las abogadas de Batasuna, Jone Goirizelaia y Arantxa Zulueta, intentaron mediar con la policía, transcurridos escasos minutos de negociación los agentes, después de recibir algunos insultos (como zipayos, "perro" en euskera), repelieron con balas de goma y macanas a los manifestantes.

Fue entonces cuando la protesta derivó en enfrentamiento en el que la policía disparó balas de goma contra los manifestante, y lanzó chorros de agua azul verdosa, posiblemente tratada con químicos, que provocó irritación en los ojos y quemaduras en la piel.

Algunos manifestantes respondieron lanzando objetos, pero la mayoría se limitó a levantar los brazos y tirarse al suelo tapándose la cabeza.

En medio del estruendo de los disparos, dos personas totalmente desnudas, que portaban una bandera en favor del acercamiento de los presos etarras a cárceles del País Vasco, fueron esposados y trasladados a dependencias policiales con el cuerpo ensangrentado. Posteriormente trascendió que entre los heridos figuran al menos tres eran periodistas, dos del diario Gara y otro de la televisora Tele 5.

El enfrentamiento se prolongó unos 30 minutos hasta que el sonido de los proyectiles desapareció y fue sustituido por cánticos y consignas; los manifestantes, lejos de dispersarse se mantuvieron con el puño en alto frente a los agentes.

Las negociaciones entre las abogadas de Batasuna y mandos de la Ertzaintza no avanzaron, al mantenerse firme la decisión de no permitir el paso a la protesta, al argumentar que era una orden dictada por Garzón y que, por tanto, "o se dispersan o podemos seguir así toda la tarde", dijo uno de los policías a las abogadas, quienes finalmente decidieron iniciar un acto político en plena calle, con los agentes apuntando con sus rifles de balas de goma y la tanqueta con líquido verdoso lista para ser utilizada de nuevo.

Si bien los choques, que después tuvieron un segundo episodio al arremeter un grupo de jóvenes contra miembros de la Ertzaintza y quemar algunos botes de basura, dejaron un saldo de 30 heridos de todas las edades -desde una niña de cuatro años hasta personas de más de 65-, algunos de ellos graves, como uno que sufrió una fractura de clavícula, otro con el riesgo de perder un ojo y muchos más con contusiones y quemaduras; fueron detenidas tres personas, acusadas de desórdenes públicos.

Amparo Laserasu, una de las convocantes, explicó que la "manifestación fue todo un éxito, a pesar de que el gobierno español quiso prohibirla por todos los medios a su alcance, desde el judicial hasta el policial. Eso quiere decir que luchar por los derechos de Euskal Herria no es sentimiento ni voluntad de unos pocos sino de gran parte de la sociedad. Este pueblo tiene la fuerza y la voluntad de seguir adelante y eso es lo que vamos hacer, seguir adelante en defensa de nuestros derechos".

Arnaldo Otegi también tomó la palabra en un improvisado discurso, en el que se refirió a la violenta carga policial, al apuntar que "ésta es la foto de la desesperación de un Estado que sabe que tiene perdida la mayor de las batallas, pues la de la soberanía es imparable. Nos han golpeado, mojado y lanzado pelotas de goma, algunas de las cuales llevaban escrito 'Otegi hijo de puta'. Pero es mejor ser un hijo de puta que un policía que apalea a su pueblo. Numerosos medios europeos y fuera de Europa están aquí, y ésta es la foto, en blanco y negro; ahora hay que dispersarse para que no nos cuelguen el sanbenito o el cartel de violentos y terroristas".

No al Estado agresor

Anteriormente, el legislador de Batasuna explicó con sorna a La Jornada que con las decenas de miles de personas que se manifestaron en Bilbao se "demuestra el nivel de aislamiento popular de la izquierda independentista; se demuestra que tenemos un pueblo que no está dispuesto a soportar ni un minuto más la agresión de España, y está decidido a conquistar su independencia. Juntos decimos que representamos a un movimiento popular antifascista que se opone a los planes de un Estado agresor, y estamos convencidos de que con este pueblo es imposible que los españoles culminen sus planes".

Añadió que están "convencidos de que el Estado ha roto definitivamente cualquier intento de comunicación con el pueblo vasco, que sabe que no puede haber otro pacto con ese Estado que no sea el que se pueda articular de nación a nación o de soberanía a soberanía. Estamos convencidos de que el proceso de liberación de este pueblo se está acelerando, entre otras cosas porque tenemos un Estado incapaz".

Cuando comenzó la dispersión de la protesta se produjo un nuevo enfrentamiento, de jóvenes independentistas encapuchados que empezaron a arrojar objetos a la policía y quemar unos 30 contenedores de basura, y rompieron algunos cristales de comercios y bancos.

Fue entonces cuando el estruendo de las balas de goma se apoderó de nuevo de la plaza Zabalburu, iniciándose una nueva batalla campal que finalizó sin detenciones, pero sí con más personas heridas.

Después, la calle Autonomía de Bilbao se fue quedando sola, al dispersarse poco a poco las decenas de miles de personas que, en la retirada, continuaron gritando consignas en favor de la independencia del País Vasco y contra las medidas adoptadas por el juez Garzón y el gobierno español de José María Aznar, de proscribir a Batasuna. 




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