viernes, 8 de enero de 2016

Cronopiando | En Algún Lugar de Esta Ciudad

En el texto que les presentamos a continuación, sustituya a Jack el Destripador con el "enemigo del estado" de su preferencia.

Les presentamos pues el más reciente Cronopiando de Koldo Campos:

Koldo Campos Sagaseta

En algún lugar de esta ciudad
El teniente Kojak, mientras paladea un caramelo, discute en su oficina con un extraño tipo el precio de la información y la garantía de no ser procesado.

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Cierto que no es ético el soborno, ni virtud la delación y tampoco está el teniente facultado para impartir justicia, pero en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
Al volante de su coche, Kojak persigue al sospechoso y a doscientos kilómetros por hora derrapa en una curva llevándose por delante a una anciana inoportuna.
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Cierto que el celo profesional en el cumplimiento del deber provoca a veces lamentables accidentes de muy dolorosas consecuencias, pero en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
En acto de servicio, Kojak patea los testículos del dueño del motel en que se aloja el sospechoso y le recuerda, incluso, sus atrasos con Hacienda y un viejo expediente que puede removerse si la colaboración no es generosa.

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Cierto que la coacción, las amenazas o la tortura no son métodos indagatorios propios de un estado de derecho que se respete o que lo disimule, pero en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
Kojak desaloja a los inquilinos de las habitaciones próximas a la 24. Una pareja de estudiantes corre semidesnuda. El niño de la 26 llora en el pasillo. Una joven mulata forcejea con varios detectives.
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Cierto que la defensa de la Ley y el Orden conlleva, con frecuencia, inconvenientes a terceras personas que no siempre agradecen la protección que se les brinda cuando, en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
El teniente Kojak desenfunda su revólver y carga con su hombro la puerta de la 24.
La puerta cede y Kojak aparece disparando seguido de sus hombres.
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Cierto que existen las órdenes de registro y los permisos de allanamiento y los ayudantes fiscales, pero es preciso actuar con rapidez y contundencia porque en algún lugar de esta ciudad Jack el Destripador se dispone a atacar.
La mesa se derrumba arrastrando la cena. Las llamas del televisor amenazan propagarse a las cortinas…en vano trato de incorporarme. Me siento sin fuerzas y apenas soy capaz de recordar…sólo los disparos y aquella voz tan familiar…La sangre empapa mi camisa.
Se está haciendo de noche y alguien a mi lado repone lentamente la munición de su revólver mientras paladea un caramelo… Se está haciendo de noche… no hay anuncios.




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