viernes, 25 de noviembre de 2011

27 de Noviembre | Homenaje

Esta información nos ha llegado por correo electrónico:

Homenaje a los defensores de la independencia de Navarra que intentaron liberar Pamplona/Iruñea en 1512
La Asociación Xavier Mina de Estudios Históricos de Navarra convoca a la ciudadanía navarra al acto que tendrá lugar el próximo domingo día 27 de noviembre a las 13.00 horas en el Paseo del Doctor Arazuri, frente al Hotel 3 Reyes y en el que se rendirá homenaje a los muertos ese mismo día de 1512 cuando intentaban liberar la capital de Reino de Navarra de las tropas invasoras del duque de Alba. El acto consistirá en una ofrenda floral a los caídos en aquel combate y se procederá a la lectura del relato de esos acontecimientos realizado por Luis Correa, cronista del duque de Alba, que los presenció en persona y que fueron recogidos en su libro “Historia de la conquista del Reino de Navarra por el duque de Alba”.

Crónica de Correa del ataque del 27 de noviembre de 1512
Nos situamos en noviembre de 1512. El legítimo soberano de Navarra, Juan de Albret, ha lanzado una ofensiva contra los invasores castellanos para liberar su reino, conquistado en julio de ese mismo año, y ha conseguido llegar hasta las puertas de Pamplona, en la que se ha encerrado el duque de Alba con sus tropas para hacerle frente. 
El monarca navarro ha plantado su real ante el frente oeste de las murallas de la capital, en el lienzo que va entre la iglesia de San Lorenzo y la Torredonda, y justamente por esa zona va a lanzar su ataque para liberar la capital de los ocupantes españoles.
A continuación, cedemos la palabra a Luis Correa, cronista del duque de Alba y testigo presencial de estos hechos, para que nos narre en castellano de la época lo que ocurrió aquel sábado 27 de noviembre de 1512 en este mismo lugar.
El rey Don Juan como el pregón fue dado así como el  duque ordenaba de dentro para su defensa, así él proveía para la ofensa, en esta manera: puso en la delantera trescientos hombres de armas a pie con una bandera colorada, con ciertas bandas de oro en ella (Resulta evidente que habla de la bandera de Navarra aunque no la cite expresamente), a la cual todos aguardaban y juraron de no la desamparar. Estos caballeros eran de los gentiles hombres del rey Don Juan con muchos franceses que se apearon para tenelles compañía. A estos caballeros hacían espaldas todos los gascones, que sería un escuadrón de ocho mil ballesteros y escopeteros. A estos seguía el escuadrón de los alemanes que serían seis mil. La retaguardia de todo tenía Mosior de la Paliza con hasta tres mil hombres darmas asegurando el campo contra nuestro socorro. A los lados de estos escuadrones estaba mucha gente suelta de bearneses y gabachos, en número de más de seis mil hombres. Estos tenían a cargo las escalas y mantas para cuando menester fuese.
Ya sería hora de mediodía cuando todo fue ordenado y los alemanes, según costumbre hecha la oración, tocaron alarma. A la hora, el artillería jugó en un gran pedazo de muro que para estonce estaba guardado, el cual cayó con muy grande ruido y, no bien derribado, la gente se movió con buen continente, todos tras la bandera colorada. Y en llegando al bordo de la cava, esta bandera colorada y otra de alemanes, no tanto por el precio, cuanto por la honra, a gran priesa se juntaron con el reparo. Los hombres darmas siguiéndolas tuvieron lugar de cumplir sus votos y el de Mosior de la Paliza, juntándose con los nuestros a golpes de picas y de alabardas. Ellos nombraban Francia, Alemania, Navarra; los nuestros España, Castilla. Su artillería en esto no cesaba de jugar por lo alto, que a los nuestros gran daño hacía, no dejándolos mostrarse sobre los reparos, y los que con osadía se mostraban eran presa de los tiros, muriendo arrebatadamente. Y un tiro dio en una almena, y aquella haciendo pedazos, mató algunos y herió otros, entre los cuales fueron el comendador mayor de Castilla y el coronel Villalva, que entre la gente por los esforzar andaba; a los cuales, la sangre desparcida sobre las armas, hacía más señalados. Otro tiro dio en un pilar de una casa que cabe el abatería estaba, desde la cual valientemente defendía su estancia Don Pedro Manrique. Y como la casa no pudiese resistir a la fuerza del golpe, cayendo tomó debajo a Don Pedro Manrique, el cual, casi muerto, en una casa fue metido. Y en su lugar el contador mayor puso a Juan Ramírez de Segarra, caballero de la orden de Calatrava. En este tiempo Sancho Martínez de Leiva promptamente peleando, como anduviese señalado de un sayo a cuartos de brocado y carmesí raso, de un golpe de alabarda fue de los reparos en el suelo caído, el cual, siendo en la cabeza, más tiempo de lo que él quisiera estuvo desacordado. En su lugar su teniente se puso fasta que Sancho Martínez, vuelto en su acuerdo, al lugar tomó. El coronel Villava, con diez infantes de los viejos, andaba socorriendo a la mayor prisa, y aunque la herida le convidase a descansar no lo hizo viendo los enemigos tan cerca; antes echaba en medio dellos ollas de pólvora que malamente los escarmentaba.
La priesa era muy grande, porque los caballeros franceses, por cumplir sus votos, se trababan a los brazos con los nuestros, más como en bajo estuviesen, en balde a los nuestros subir tentaban, que de pesados golpes de espada eran derribados. A los de fuera incitaba la presa si la cibdad se ganase. A los de dentro ver su capitán general que era testigo de su bondad, y sobre todo el temor de la honra. Las saetas y piedras y escopetas volaban por el aire con gran ruido y muchedumbre. El humo del artillería quitaba la vista a los unos y a los otros de se tirar a donde deseaban. El estrépido suyo estorbaba el proveimiento de los capitanes que de los suyos no eran oídos. Mas ni por esto la batalla dejaba de andar furiosa, porque el comendador mayor de Castilla, mostrando a sus amigos la sangre, y a los enemigos el espada desnuda en la mano, les ponía a todos mayor deseo. El contador mayor Fonseca tanta prisa dio desde su portillo que los enemigos estaban suspensos, no sabiendo a cual parte tomar, porque atrás era vergonzoso y adelante peligroso. Mas al fin, tanto daño recebían sin poder ganar un palmo de tierra con la pólvora ardiendo, que habiéndolo porfiado más de una hora, se retiraron levando consigo diez y ocho cuerpos de hombres principales, dejando en la cava las primeras dos banderas, sus posesores abrazados con ellas muertos, y hasta cien compañeros, que por no desamparallas perdieron las vidas. De los nuestros seis muertos y treinta heridos hubo.
Idos los franceses y alemanes con harto daño recebido, porque fue en personas señaladas, de los nuestros eran rellamados que el ausete viniesen y a ellos, que cansados estaban, les tomasen lugares.



Para recuperar la soberanía de Nabarra, el estado histórico vasco, hay que aprender su historia.



°

No hay comentarios.:

Publicar un comentario