martes, 18 de septiembre de 2007

España Medieval del S. XXI

Esta nota les va a dar una mejor idea de lo retrógrada que como pueblo son los españoles, digo, no olvidemos cuantos votaron por el Partido Popular aún cuando Aznar y sus secuaces habían sido pescador in fragantti mintiendo a diestra y siniestra, también recordemos cuantos de ellos votan al PSOE por que de socialista solo tiene la etiqueta.

Bien, aquí un escrito acerca del país que no es democrático por una simple razón, en pleno siglo XXI aún tiene un rey. Disfrútenlo:

Jaime Richart

Situación en España

Unos cuantos muchachos queman en Gerona fotografías del rey de España con ocasión de su visita. El país oficialista se ha levantado en armas contra ellos, y adivinar qué les tiene preparada la Justicia...

No sabíamos que la quema de imágenes en pleno siglo XXI y en plena democracia fuera un ofensa y menos un delito. El que quema una foto, al fin y al cabo una representación más, lo único que hace es decir plásticamente que experimenta repulsa contra lo que la foto representa.

Se oye últimamente con frecuencia y sin empacho por esas televisiones de Dios, cada día, el grito de ¡Muera Castro!, y nadie aquí, pese a tratarse de un jefe de Estado, se escandaliza ni procede la Fiscalía contra esos canallescos personajillos de medio pelo que buscan facilona popularidad a costa de ese grito necrófilo. Se le oye afirmar desvergonzadamente en el Congreso que el presidente del gobierno es un “bobo solemne”, y lo mismo, ni se inmutan las fiscalías ni los jueces ni los medios. Como si semejante frase no fuese constitutiva de una ofensa pública nada menos que al jefe del Ejecutivo... Y en cambio, prender fuego a la efigie photoshop de una figura artificial sin solera, sin prestigio, sin buena fama, como es la de este rey, levanta ronchas de indignación y pone en marcha amenazas del Averno contra quienes se manifiestan contra él.

Yo, en el caso del sofisticadamente campechano monarca, lo que hubiera hecho es mandar a un emisario en el momento que procedía esos juerguistas a la quema de mi foto, con una caja repleta de más fotografías mías para que prosiguieran con la incendiaria protesta. No sólo eso, hubiera enviado con ellas un Manifiesto para ser leído públicamente in situ, proclamando que tampoco yo estaba de acuerdo ni con la monarquía, una institución a todas luces antediluviana, ni con quienes, como yo, la representan en este país. Y no sólo eso, sino que yo también estaba deseando un referéndum para saber de una vez por todas si los españoles me querían o me aborrecían.

¿Se imaginan ustedes el efecto que hubiera producido semejante e inesperado proceder? Impensable. En España todo es previsible. Y es porque la vulgaridad y la ramplonería son en realidad lo que reina de verdad...

Y sin embargo, lo más seguro es que hubiera puesto al país en pie dando de ese modo un vuelco a la general hostilidad que existe contra ese mostrenco aparato que es la 'Corona'. Incluso me hubiera convertido así en el personaje de ese cuento del rey desnudo pero al revés, y en héroe nacional: héroe, un título mucho más grandioso y duradero para la posteridad que ser el más inmundo parásito de un pueblo y el más triste títere en manos de un grupito listillo pero descerebrado de titititeros.


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