Un blog desde la diáspora y para la diáspora

sábado, 8 de octubre de 2005

Barcelona Contra la Tortura

Esto apareció en el diario vasco Gara:

Jorge BARUDY | Director de EXIL y organizador del encuentro en Barcelona de víctimas de la tortura

«Lo importante es no perder nunca de vista que eres víctima de una injusticia»


El centro EXIL, creado en Bélgica en 1976 por Jorge Barudy y un grupo de profesionales exiliados de América Latina para ofrecer atención médico-sicosocial a las personas que huían de la represión, ha organizado un primer encuentro de víctimas de la tortura que hoy finaliza en Barcelona. Siquiatra, director de EXIL y víctima también de la tortura en tiempos de Pinochet, explica en esta entrevista concedida a GARA los mecanismos de resistencia ante la tortura.

­¿Qué objetivos persigue este primer «Encuentro de víctimas de la tortura de ayer y hoy»?

El primero es ofrecer a las víctimas un espacio donde puedan compartir y expresar el sufrimiento y daño vivido durante la tortura. También queremos rendir un homenaje a la capacidad de resistir de las personas. El segundo objetivo es seguir sensibilizando a la opinión pública y apoyar la acción de las asociaciones y ONGs en su denuncia contra la tortura. Existe el riesgo de que se banalice su uso y se disfrace con términos ambiguos como «malos tratos» o se diga que responde a «comportamientos individuales», presentado la tortura como «un hecho aislado».

­En una de sus ponencias habla de las estrategias de resistencia ante la tortura. ¿Cuáles son?

Es importante reconocer que toda persona torturada es de por sí resistente. Sus vínculos afectivos y recursos personales, así como su adhesión a valores y creencias que le dan sentido a la lucha que le llevó a ser detenido y torturado, son elementos que le permiten resistir. A pesar del dolor y la fatiga, podrá diferenciar al torturador como representante de un régimen que oprime y verse a sí mismo como víctima de sus convicciones y compromiso con un movimiento que desea una sociedad más justa y diferente.

La resistencia tiene mucho que ver con el sentimiento de pertenencia a una red familiar, afectiva. Sentirse querido en su entorno familiar le da a la persona una consistencia sicológica e, incluso, física, mientras que su adhesión a valores se contrapone a la ideología de quienes le torturan. Existe un tercer elemento que no está presente en todas las circunstancias, y es el vínculo que se establece en los centros de detención entre las personas que están siendo torturadas. Esto no es algo generalizado porque los sistemas represores tienden justamente a mantener al sujeto aislado, como una forma de debilitar este mecanismo de resistencia. Son situaciones extremas, límites, en las que cada uno resiste como puede con los recursos que tiene. El instinto de supervivencia le lleva a desarrollar estrategias a veces inesperadas para la propia persona. Lo importante es no perder nunca de vista que tú eres víctima de una violencia y una injusticia. Eso es lo que te permite afrontar la detención. Pero los sistemas de tortura se han ido perfeccionando e intentan romper esa parte y crear una relación de dependencia de la víctima con una parte del equipo torturador. Eso explica la disociación que con mucha frecuencia encontramos entre el torturador que golpea, aplica electricidad, y el que, si bien pertenece al equipo, trata de convencer, ofrece ayuda, da auxilio... Esa estrategia tiende a confundir, a disolver la frontera entre la víctima y su opresor. A veces, desgraciadamente, tiene éxito y la persona, ante ese grado de confusión, se siente vulnerable, sicológicamente en manos del torturador, y sale con un sentimiento de vergüenza y culpabilidad. Deben entender que, en situaciones extremas, los comportamientos mos- trados durante la detención, como por ejemplo haber llorado, no tienen nada que ver con la falta de valor o la traición, sino que son respuestas coherentes con la situación de dependencia y debilidad.

­¿Cómo puede el torturado reconstruir su dignidad, autoestima y, en definitiva, su «yo»?

Cuando encuentra un contexto que le respeta incondicionalmente y le permite ser reconocido como víctima. Por tanto, podrá reconstruirse siempre y cuando exista la solidaridad del entorno, de la comunidad, lo que nosotros llamamos «el valor terapéutico de la solidaridad». Pero al mismo tiempo se requiere justicia y que las víctimas sean reconocidas como tal, y que tanto el sistema judicial como el estado asuma su responsabilidad y, de alguna manera, penalice la actuación y existencia de este terrible delito.

­Pero muchas veces los estados niegan que se torture.

No es bueno para la democracia negar la existencia de estos atropellos a la dignidad y a los derechos humanos. La negación de la existencia de este fenómeno puede responder a una razón de estado, pero el estado somos también la sociedad civil y ésta tiene la obligación y derecho de crear estos espacios para que las personas puedan entregar su testimonio y recibir apoyo. -



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viernes, 7 de octubre de 2005

Anulan Expulsión Contra Lariz Iriondo

Esta noticia va a hacer que le arda el esfínter a payasos macabros como el Juez Baltasar Garzón, en franquista de hueso colorado José María Aznar y hasta al perrito faldero del PP en los medios noticiosos mexicanos de nombre Sergio Sarmiento.

Llega desde Uruguay via La República:


Vázquez anula expulsión del vasco Iriondo
El presidente de la República Tabaré Vázquez anulará un decreto del anterior gobierno mediante el cual se expulsó al ciudadano español Jesús María Lariz Iriondo, actualmente detenido en la República Argentina.

La decisión del Presidente será anunciada en el próximo encuentro del Consejo de Ministros, según transmitió ayer el propio mandatario a una delegación de la Federación de Funcionarios de la Salud Pública.

Vázquez señaló que el proyecto de decreto aún no había llegado a la Presidencia y que estaba en la órbita del Ministerio del Interior. El dirigente de la FFSP Alfredo Silva dijo que el Presidente se comprometió con la Federación a darle curso "inmediato" a ese decreto.

Lariz Iriondo fue expulsado de Uruguay en noviembre de 2002, a partir de un dudoso operativo policial mediante un decreto del Poder Ejecutivo, entonces presidido por Jorge Batlle. Su abogado, el doctor Juan Fagúndez, había anunciado que demandará al Estado por varios "cientos de miles de dólares" por "abuso de poder". El penalista también había manifestado que su defendido, luego que la Corte Suprema de Justicia de Argentina rechazó un pedido de extradición a España, analiza la posibilidad de radicarse en Montevideo para vivir con su señora Juanita Tarallo, quien actualmente se encuentra en la ciudad de Buenos Aires. La demanda "es por responsabilidad basada en el abuso de poder, que ejerció el Estado cuando la expulsión de él", indicó Fagúndez.

Lariz Iriondo es reclamado por el juez Baltasar Garzón, que lo acusa de participar en la voladura de un vehículo policial en el País Vasco en 1984 que dejó dos heridos. La Audiencia Nacional Española, a su vez, tiene abiertas contra él una causa por estragos y detención ilegal, y otra por tenencia ilícita de explosivos y armas.




Ya estará la comunidad vasca más tranquila cuando Lariz Iriondo esté de vuelta sano y salvo en el Uruguay, lejos de las garras vengativas de los fascistas españoles.

Esperemos que en México finalmente prive la justicia y ya salgan libres los seis vascos perseguidos políticos y víctimas de los mismos mequetrefes Garzón y Aznar.





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jueves, 6 de octubre de 2005

Lo Que Dice en la Pared


Cortesía de Diáspora Vasca (¡con nuevo formato!).

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Ciro Pregunta

Este artículo nos llega vía la página Seis de México.

Apareció originalmente en la página del Grupo Fórmula:

¿Qué pasa con los seis vascos presos en México?
Ciro Gómez Leyva

Ernesto Alberdi, Jon Artola, Asier Arronategi, Félix García, Asunción Gorrotxategi y José María Urkijo llevan 27 meses en cárceles mexicanas. El estado español, que acusa a estos seis vascos de formar parte de ETA, exige que sean deportados.

A primera vista, las razones del juez Baltasar Garzón parecen irrebatibles. Pero si se revisan los expedientes y las biografías, esas razones palidecen.

El 18 de julio de 2003, las policías de México y España detuvieron a diez presuntos integrantes de ETA, nueve de ellos en nuestro territorio. Cuatro fueron puestos en libertad semanas adelante (los mexicanos Noé Camarillo, Pedro Castro y Pilar Sosa, y el vasco Mikel Arronategi, padre de Asier). Se les acusó de cuatro delitos: asociación ilícita e integración en organización terrorista, allegamiento de fondos con fines terroristas, blanqueo de capitales procedentes de actividades terroristas y falsedad de documentos.

“De acuerdo con el juez Garzón, cada uno de los seis es responsable de cada uno de los cuatro delitos, sin que exista un solo razonamiento del por qué se les imputa todo a todos”, dicen familiares de los presos. “Es inaceptable que no haya una individualización de cada persona. O sea, se da por descontado que todos son culpables de terrorismo y de falsear documentos”.

Ernesto Alberdi fue detenido en la ciudad de Puebla. Llegó a México en 1987. A pesar de que tenía un trabajo fijo, su situación migratoria era ilegal. En los años postreros del franquismo participó en actos a favor de las reivindicaciones de los vascos, por lo que fue apresado varias veces.

Jon Artola fue detenido en Puerto Escondido, en donde trabajaba en una empresa de tableros y chapas. Su situación migratoria era legal. Llegó a México con su esposa en 1992. Ya había pisado la cárcel en el País Vasco. Se le acusó de estar ligado a ETA, pero en su expediente no hay más que el haberse presentado tres veces como candidato del partido Herri Bastasuna al municipio de San Sebastián.

Asier Arronategui fue detenido en Monterrey. Era agente de ventas y es el único de los seis con la nacionalidad mexicana, pues sus hijos nacieron aquí. Estaba a punto de irse a vivir al País Vasco, en donde había estado, con documentos oficiales, meses antes de su detención.

Félix García fue detenido en Cuautitlán Izcalli, en donde trabajaba en una maderera. Su situación migratoria era legal. Estaba, incluso, en los trámites para obtener la nacionalidad mexicana. Tras ser detenido en 1979 y sometido a la ley antiterrorista, la fiscalía pidió 24 años de cárcel para él. El juez lo absolvió por esa causa, pero lo condenó a cuatro años y medio por robo de automóvil.

Asunción Gorrotxategi, esposa de Jon Artola, fue detenida con él en Puerto Escondido. Al igual que su esposo, tenía los papeles migratorios en regla. No trabajaba. En los reportes aparece como ama de casa.

José María Urkijo fue detenido en Cancún. Su situación migratoria era ilegal. Llegó a México en 1989. Fue encarcelado tres veces, entre 1981 y 1989, por estar vinculado a ETA.

“Se trata de gente inocente que vive en México en paz desde hace muchos años”, aseguran los familiares. “Son seis perseguidos políticos, como lo demuestra el hecho de que se hayan enviado desde el estado español documentos que los vinculan al movimiento independentista vasco.

En este sentido, las leyes mexicanas prohíben expresamente la celebración de tratados de extradición de reos políticos”.

Quizá por este último motivo, y a pesar de que México ha deportado a 25 presuntos miembros de ETA (el último, José Miguel Exteandia, el 5 de julio de 2003), la Suprema Corte de Justicia se ha tomado todo el tiempo para elaborar el proyecto de resolución. La sentencia, que se ha dicho podría presentarse en noviembre, marcará un antes y un después en el tema de la inconstitucionalidad de la extradición. Y en este caso, se quiera o no, se trata de seis personas con argumentos sólidos para demostrar que nada tienen que ver con ETA. Seis personas orgullosas de ser abersales (patriotas vascos), pero enemigas desde hace tiempo de los métodos de ETA.






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martes, 27 de septiembre de 2005

Arrondo | Los Presos Vascos

Una reflexión del profesor Arrondo:
Los presos vascos

Prof. César Arrondo | Universidad Nacional de La Plata (Argentina)

En estos días la prensa vasca y española ha evaluado desde diferentes ópticas la situación de los presos vascos. Cabe recordar que el colectivo de presos vascos está compuesto por más de 700 ciudadanos, los cuales en su mayoría se encuentran dispersos en el Estado español, a un promedio de 600 kilómetros de distancia de Euskalherría.

También existe un colectivo de presos en el exterior, como por ejemplo en México donde hay seis ciudadanos vascos detenidos.

La dispersión impuesta desde el Estado español, separa a los presos de sus familiares y amigos, violando diversas legislaciones, entre ellas la europea, que establece el derecho de los presos de cumplir sus condenas en las cárceles próximas a su domicilio.

La dispersión antes mencionada, se ha cobrado muchas víctimas entre parientes y amigos, los cuales han sufrido accidentes mortales en las carreteras del Estado español.

Los presos vascos aparte de cumplir condenas superiores a la media europea, no pueden acceder a los beneficios del cumplimento de los dos tercios de la misma.

El Ministro del Interior del Estado español José Antonio Alonso, afirmó que el Gobierno del Estado mantendrá como suya la competencia de prisiones y que no está previsto transferir esta competencia al Gobierno Autónomo Vasco.

Ante los Senadores del grupo mixto, el Ministro no pudo explicar que medidas se tomarán para poner fin a la muerte de personas encarceladas, en clara referencia a lo ocurrido en Nanclares de Oca, donde como es de conocimiento público, los detenidos viven en condiciones infrahumanas.

También los derechos a la educación de los presos, en muchas oportunidades han sido conculcados, sin más argumento que es una forma más de castigarlos.

Las visitas también son limitadas, muchos familiares recorren muchos kilómetros desde distintos lugares de Euskalherría para poder estar con sus seres queridos solamente un corto plazo de tiempo, el cual muchas veces no supera la medio hora. Y esto es posible, siempre y cuando al llegar al reclusorio no se encuentren con disposiciones extraordinarias que prohiben la visita, haciendo estéril el largo viaje.

No deja de ser menos humillante que para visitar a los detenidos se tenga que presentar un listado, donde constan los nombres de parientes y amigos acreditados a tal fin, el cual se debe actualizar periódicamente.

Ante la situación antes planteada, no queda otra urgente solución que la transferencia de las prisiones al Gobierno Vasco, el acercamiento de los presos a Euskalherría, en el convencimiento de que el alejamiento constituye un acto más de injusticia no sólo para el detenido sino también para sus parientes y amigos.
 

   


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domingo, 25 de septiembre de 2005

Las Últimas Balas de Franco

Este escrito en memoria de los últimos ejecutados por Francisco Franco (el franquismo bajo Juan Carlos Borbón siguió ejecutando vascos) nos llega vía correo electrónico:

Cada 27 de setiembre en Euskal Herria se conmemora desde hace 30 años, bajo la denominación de Gudari Eguna, a los cientos de voluntarios vascos muertos en la lucha.

Cada 27 de setiembre en Euskal Herria se conmemora desde hace 30 años, bajo la denominación de Gudari Eguna, a los cientos de voluntarios vascos muertos en la lucha. No se trata de una fecha escogida al azar. El 27 de setiembre de 1975 el régimen del dictador Francisco Franco, a escasos dos meses de su esperado óbito, daba sus últimos coletazos con los fusilamientos de Jon Paredes, Txiki, y Anjel Otaegi, junto a tres militantes de la ya extinguida organización antifascista FRAP: José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena.

El martes se conmemora el 30 aniversario de aquellas ejecuciones que marcaron inevitablemente la lucha por la liberación de Euskal Herria y reduplicaron compromisos. Aquella fecha ha pasado a engrosar un lugar destacado en las páginas de la historia de este pueblo. No fueron las únicas penas capitales impuestas a ciudadanos vascos, pero sí las últimas ejecutadas hasta hoy desde el alzamiento fascista de 1936 y que señalarían el camino «atado y bien atado» de la llamada «transición». GARA recupera en este monográfico todo lo ocurrido, con testimonios directos de quienes vivieron aquella tragedia colectiva.

Aunque cinco años antes, en el proceso de Burgos, el régimen franquista había optado por conmutar las penas capitales que pesaban contra seis de los once militantes vascos imputados, en 1975 seguía latente el último precedente de una ejecución militar contra un activista político. El 2 de marzo de 1974, en el patio de la cárcel Modelo de Barcelona, un verdugo sevillano daba la definitiva vuelta al vil garrote que terminó con la vida del joven militante del Movimiento Ibérico de Liberación Salvador Puig Antich.

El 27 de setiembre de 1975, sábado, eran fusilados Txiki y Otaegi, ambos a las 8.30 de la mañana, al igual que los tres militantes del FRAP. Aunque en este caso el verdugo sevillano también se trasladó hasta el penal de Barcelona, las autoridades franquistas optaron, a escasas horas de los fusilamientos, por utilizar el paredón, para que así fuera factible realizar las ejecuciones simultáneas de Madrid, Barcelona y Burgos.

Txiki cayó muerto por los disparos de un piquete de seis voluntarios de la Guardia Civil en el claro de un bosque cercano al cementerio barcelonés de Cerdanyola, atado a un trípode de pies y manos, y entonando el ‘‘Eusko gudariak’’ tras gritar «Gora Euskadi askatuta. Aberria ala hil!» con una media sonrisa en sus labios.

Anjel Otaegi, en cambio, fue fusilado en una huerta de la cárcel burgalesa de Villalón por un piquete de voluntarios de la Policía Armada española. Nadie estuvo presente en su ejecución. No lo permitieron, pese a que su tía Mertxe Otaegi y más de media docena de amigos no se movieron durante toda la noche del exterior de la prisión española.

Su madre María y el párroco de Nuarbe fueron los únicos que pudieron despedirse de él en las horas previas de capilla. Mertxe Otaegi recuerda que María le relató cómo se despidió Anjel en presencia de siete militares que les obligaron a hablar sólo en castellano en todo momento: «Ama, yo no he matado a nadie, ellos me van a matar. Estate tranquila, voy a dar mi vida por los vascos y por Euskal Herria. Sigue tranquila como hasta ahora, ama. Agur».

Sí hubo testigos, en cambio, en la de Txiki, que estuvo arropado por su hermano Mikel y sus abogados defensores Marc Palmés y Magda Oranich. Mikel Paredes, el hermano mayor, cita emocionado aquel momento «que jamás podré olvidar». Mikel señala que tras permanecer toda la noche en la capilla de la cárcel junto a Jon, y tras habérselo llevado antes de las 8.00, ellos se encontraban en el despacho de los abogados. «Entonces nos dijeron que nos teníamos que ir, y nos marchamos detrás del vehículo militar en el que se lo llevaban. Recuerdo que el capitán de aquellos guardias, cuando vio cómo era Jon, cómo había actuado con sólo 21 años, me dijo que le hubiera gustado que sus soldados tuvieran el mismo valor que Jon. El capitán lloraba, y otros dos chavales que iban en el jeep militar también lloraban. Me acuerdo que uno de ellos me dio un pañuelo. Aquellos también lloraban por alguna razón, porque veían valor... o injusticia».

Un amigo, abatido

En las últimas horas que pasaron junto a Jon en la capilla carcelaria, Mikel señala que estuvieron charlando de las cosas que acaecían en Euskal Herria. Txiki «se entristeció mucho cuando le dije que su amigo Montxo había caído abatido. Se llevó un gran palo. Pienso que sería de su grupo», señala Mikel. Montxo fue abatido por la Policía el 18 de setiembre en un piso de Madrid, de nuevo por las labores del infiltrado policial Mikel Lejarza, El Lobo.

Entonces, al igual que en el juicio militar, Jon Paredes era consciente de que «ya no había nada que hacer». Durante el juicio, en el que estuvieron presentes la madre y la tía de Txiki, éste ya le comunicó a su madre «que estuviera tranquila. Que si algo le pasaba a él, que si perdía un hijo, estuviera tranquila porque iba a ganar miles. Que todos los vascos iban a ser ahora sus hijos. Y así fue», señala Mikel.

«Aberria ala hil»

Fue mientras esperaban la llegada del amanecer en la capilla carcelaria cuando Jon entregó a su hermano una foto- grafía familiar, en cuyo reverso Jon Paredes reprodujo las palabras del Ché Guevara: «Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad».

Para cuando Mikel y los abogados llegaron al claro del bosque, Txiki ya se encontraba atado a un trípode. «El nos vio entre los guardias y nos sonrió, y fue entonces cuando gritó ‘Gora Euskadi askatuta’ y ‘Aberria ala hil’. Y empezó a cantar el ‘Eusko Gudariak’ con una fuerza impresionante». Mikel afirma que en sus sueños sigue apareciendo Txiki, con sus 21 años: «Siempre lo recuerdo como aquel día».

En cambio, Otaegi, tras la visita con su madre el día 26, quizás aguardaba esperanzas de una conmutación, según relata su tía. «Le decía a María que le veríamos fuera más temprano de lo que pensábamos. Pero lo que no sabemos es si verdaderamente pensaba eso o lo dijo para tranquilizar a su madre».

Desde entonces han pasado tres décadas, pero aquel día sigue muy vivo en la memoria colectiva de los vascos. El hermano de Txiki señala que «los fusilamientos de Jon y Anjel fueron unos hechos que marcaron mucho a la gente, y más aún a la juventud de aquella época». Las ejecuciones de los dos militantes de ETA supusieron un punto y aparte en Euskal Herria y en la determinación y adquisición de compromisos en la generación de la época. Y constataron que el régimen franquista intentaba apuntalar su posición, fuera como fuera, en un momento en que se intuía que el final de la vida de Franco estaba muy próximo.

Hechos que marcaron

Mikel recuerda muy bien la brutal represión que hubo en los días posteriores a las ejecuciones. En la misa que oficiaron en Barcelona al día siguiente, la Policía Armada irrumpió incluso en el recinto eclesiástico con porras en mano, al igual que en el funeral oficiado en Zarautz, tras el que hasta el cura fue apaleado por la Guardia Civil y la madre de Txiki resultó detenida.

Pasaría más de un año hasta que las autoridades franquistas permitieran el traslado del cuerpo de Txiki de Barcelona a Zarautz.

A Nuarbe, pese a que el pueblo estaba tomado por la Guardia Civil, cientos de amigos, conocidos y ciudadanos llegaron andando por los montes colindantes a tributar un último adiós a Otaegi. Su tía recuerda que partieron de Burgos tras el féretro y media docena de furgonetas de la Policía. «Pero cuando llegamos a un semáforo en rojo, ellos se lo saltaron y nos obligaron a quedarnos hasta que se puso en verde. Nosotros llegamos a Nuarbe sobre las 18.45 y el cuerpo de Anjel llegó a las 22.30. ¿Qué hicieron, dónde estuvieron durante ese tiempo? Eso no lo sabemos».

Amigos de Otaegi subieron a hombros el féretro bajo la mirada de las metralletas de los militares. Una vez allí, incluso rompieron el cristal del féretro para cerciorarse de que era su cuerpo el que se guadaba en el interior. Un niño extendió una bandera vasca que duraría días, al pasar inadvertida en el control de la Guardia Civil. Su tía relata que esa «guerra de la ikurriña» duró semanas. La Guardia Civil la quitaba, «pero nosotros cada noche la poníamos».

Tanto Euskal Herria como el resto de Europa hirvieron en protestas. El franquismo respondió «con la brutal represión; era lo de siempre, intentando apagar algo que ya estaba encendido y que no po- dría conseguir apagar», recuerda Mikel Paredes.

«Fueron momentos muy duros, que no se pueden expresar con palabras. Pero hay momentos que merecen la pena y eso quedará siempre conmigo». Y con Euskal Herria.

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Forest | Contra las Trampas de la Memoria

Les compartimos este texto que nos han hecho llegar por correo electrónico:

Contra las trampas de la memoria

Eva Forest

(a los treinta años de aquellos asesinatos)
Recomponer la realidad partiendo del recuerdo que se tiene de ella es bastante empobrecedor, sobre todo si se trata de momentos tan candentes como lo fueron los de septiembre de 1975 vividos desde la cárcel. En circunstancias así la memoria suele seleccionar los datos que más le convienen, destacando unos y relegando otros, como una defensa para hacer más llevadera la situación de peligro. Esta “acomodación protectora” de la realidad que, inconscientemente, la recorta y la adapta en las grandes catástrofes, es precisamente la historia que se fija y más se retiene; la que uno se repite a sí mismo y transmite como verdadera a los demás. No es que uno mienta al hacerlo; es que uno se engaña para sobrevivir a la hecatombe. Se fabrica así, a partir de la fuente misma, un relato chato y lineal, un tanto esquemático, que a veces termina repitiéndose como una estereotipia. La puesta en pie de esa complejísima realidad que se revela en determinados momentos y su recuperación pienso que sólo puede hacerse por la comunicación sensible, a través de la expresión artística, por ejemplo.

Esto, que es válido para la vida en general –ahí está el “Gernika” de Picasso diciendo mucho más sobre aquel bombardeo que un montón de análisis juntos-, lo es aún más para la vida concreta de la cárcel, porque en ella los momentos extraordinarios, las rupturas de la cotidianidad y las situaciones límites son un acontecer constante. Quienes han padecido encierro conocen la intensidad que cobra el mínimo percance allí dentro. Y quienes estaban presos en septiembre de 1975 saben que se vivieron días de gran tensión, una tensión contenida y mordiente, muy distinta de la que sentían los que se batían fuera.

Sucedían tantas cosas a la vez en aquel reducido y agobiante espacio que no daba tiempo a retenerlas. Las noticias pasaban como flashes, a velocidades vertiginosas, sin dar tiempo a reflexionar, y se iban depositando en algún remoto desván de la memoria, donde las siento que yacen enquistadas, con toda su carga emotiva, en un aparente olvido. Como si se tratara de una película virgen, impresionaron el ánimo de tal forma que dejaron en él huellas imborrables que algún día tendré que hacer visibles. Recordando ahora aquello he pensado mucho en los niños de Iraq. ¿Qué horrores les acompañarán para siempre en el futuro actuando desde el aparente olvido?

Recuperar algunos de esos momentos al cabo de los años era, en cierto modo, el objetivo de esta crónica . Pero me ha dado miedo seguir el hilo de mi diario de entonces. “Algún día –escribí en él- reconstruiré estos instantes históricos e infernales...”. Ese día no es todavía hoy. El retorno a esta zona infernal queda aplazado una vez más.

He optado por el paso previo de ir a la Hemeroteca y a través de la Prensa de aquellas semanas conseguir una cierta ordenación cronológica que me saque de la confusión.

Tengo abierto el gran tomo que recoge la Prensa del mes de septiembre en el día 27. “El número de ejecuciones fue el mínimo imprescindible para la necesaria lección de ejemplaridad...”. Qué extrañeza y qué emoción sentarme ahora aquí, a los años del asesinato, en ese pupitre viejo y tocar las amarillentas hojas del “ABC”, el mismo periódico que nos daban en Yeserías y al que no tuve acceso entonces debido a la incomunicación. Estábamos en huelga de hambre para protestar contra esas penas de muerte que ahora acaban de ser ejecutadas... “...fue el mínimo imprescindible para la necesaria lección de ejemplaridad...”. Tengo delante las cinco fotos de los jóvenes. Son casi las mismas que a lo largo de estos años han presidido los homenajes... Hemos recordado tantas veces esta fecha del 27 de septiembre, hemos repetido de tan distintas formas cómo ocurrieron los hechos, cómo se consumó el crimen aquella madrugada, cómo reaccionó el pueblo y el sentido que tuvieron aquellas muertes conmemoradas en cada aniversario y convertidas ya hoy, en Euskalherria, en el Gudari Eguna, que cuando hace poco me comprometí a escribir algo sobre la forma en que vivimos aquellos trágicos acontecimientos en la cárcel de Yeserías, no podía imaginar que las cosas se me iban a complicar tanto.

Aquel amanecer estábamos a la espera. Seguramente estuve escribiendo durante gran parte de la noche, porque el diario ocupa varias páginas, pero sólo recuerdo eso: la larga espera, la atención puesta al mínimo ruido que indicara el regreso de la compañera de Sánchez Bravo que habían llevado a Carabanchel para que se despidiera de su marido. Pese a la hora, seguíamos confiando en ese indulto que en las novelas llega milagrosamente en el último minuto a salvar la vida del que va a morir... Por fin oímos llegar a Silvia, pero no entró en el departamento. Hasta más tarde no la pudimos ver. Cuando nos abrazamos estaba desencajada: había estado con los tres hasta casi el final. Se la veía muy sola, bastante alejada de la organización. Fue cuando me devolvió el anillo.

El anillo se lo había dado yo la noche anterior cuando se confirmó la sentencia y ella consiguió, tras complicadísimos trámites burocráticos, que la llevaran junto a su marido, en capilla se dice. A Silvia la había conocido hacía sólo tres días, cuando el 24, fiesta de la Merced, nos levantaron el castigo. Pero todo esto está confuso, envuelto en una especie de nebulosa y es precisamente lo que quiero que la Prensa de entonces me ayude a situar. Las de la huelga de hambre éramos sólo ocho. Sabíamos que había muchos ingresos porque percibíamos lejano el trajín. Las pocas noticias concretas llegaban por los abogados: una funcionaria nos acompañaba al locutorio; para llegar a él teníamos que pasar por el patio y había cantidad de compañeras nuevas bajo el deslumbrante sol... Las noticias se referían todas a los juicios, a las penas de muerte. Desde fines de agosto estos juicios constituyen como una pesadilla; todo son conjeturas y zozobras. Al regreso nos arrodillamos detrás de la puerta metálica, pegábamos la boca junto a la rendija del suelo y transmitíamos los mensajes. Impresionaba saber que en el pabellón de ingresos dos mujeres incomunicadas esperaban la muerte. mi abogado Ventura era también el abogado de una de ellas, Concha Tristán, y por él seguíamos las aberraciones jurídicas y el grotesco teatro que estaban montando. La clave de aquello está ahí, en esta frase del 27, “...el mínimo imprescindible para la necesaria lección de ejemplaridad...”

El 19 fue el Consejo de Guerra de Txiki. Otaegi hacía ya días que estaba condenado. El sábado 20 vino mi abogado y sin mediar palabra me enseñó por entre los cristales del locutorio el “ABC” abierto por la misma página que estoy viendo ahora. Fue así como me enteré de aquella masiva caída de militantes de ETA y de la muerte de Montxo y de Campillo. Me pareció que era el fin del mundo. “Los matarán”, pensé, “a los que quedan con vida los matarán”... y no hay manera de reconstruir las horas siguientes. El 22 nos enteramos de que Txiki había sido condenado a muerte. El tiempo corre, acelerado, contra reloj. Al hojear ahora estos periódicos por primera vez, me doy cuenta de que me faltan datos del exterior... No sabía, por ejemplo, que el Festival de Cine de Donostia se estuviera celebrando –lo mismo que hoy- sobre el telón de estos asesinatos. Ese mismo día el Caudillo, como si nada, recibía a los niños de la Operación Plus Ultra. ¿Qué harán esos niños, ya hombres? ¿Qué pensarán de aquello? ¿Militarán en alguna parte? También en la Universidad Autónoma, el día anterior –ese día en que un mínimo de reflejo humano ha lanzado a tanta gente a la calle a reclamar que no se lleve a cabo el asesinato que se anuncia; ese mismo día, Severo Ochoa, todo un premio Nobel, acepta el homenaje que le rinden, presidido por los Príncipes. Todo un modelo de intelectual que nada tiene que envidiar a los de esta nueva etapa “democrática”...

¿Por qué creía yo, hasta que he recogido los datos de aquella semana, que el cúmulo de catástrofes que estaban ocurriendo se habían producido a lo largo de varios meses? ¿Cómo es posible haber vivido durante tantos años en esta desorientación? Podría silenciar este fallo, pero es importante hablar de estas cosas de las que se habla poco. Confesar que no es fácil la recuperación de aquel tiempo robado. Que lo infernal de la cárcel radica precisamente en esas aparentes minucias que no se ven, en esa tensión, por ejemplo, en ese permanente equilibrio que hay que mantener al borde del abismo para caminar por él y no sucumbir al vértigo del vacío: en los titánicos esfuerzos para conservar la integridad y, sobre todo, la descomunal energía que exige esta resistencia. Los que han estado allí, los que viven hoy en las cárceles de exterminio, saben de qué hablo: esa sensación de consumirse, de quemar más vida de la necesaria para seguir viviendo con dignidad...

Cuando el 24 nos levantaron el castigo y salimos de aquella penumbra celular, había un sol que deslumbraba en aquel extraño patio rectangular lleno de caras desconocidas. He leído hace unos momentos que hubo una gran redada en Valencia. Coincide: Seríamos casi sesenta. Han tenido que habilitar camas en otra galería. Hay una agitación inhabitual: carreras, gritos, abrazos, exclamaciones de alegría, de rabia, de dolor. Las sensibilidades están a flor de piel. La mayoría de las compañeras han sufrido horribles torturas, no ha dado tiempo a encajar el golpe, están traumatizadas, colgadas, en carne viva aún. No paran de llegar abogados; circulan alarmantes noticias que se desmienten al rato y se reafirman después. Se habla de once penas de muerte; de que ésa es sólo la primera tanda de juicios; que le seguirán otras, se auguran más penas de muerte para el grupo de vascos que acaban de detener... Hay una treintena de personas sobre las que puede caer esa pena capital, entre ellas estamos dos del sumario de Carrero Blanco...

A partir de ese contacto con las otras todo se acelera, caótico. Son horas apretadas, densas, presididas por el exceso: la emoción nos desborda y un sentimiento crispante de impotencia que se estrella contra los muros, que sólo me parece soportable en la medida en que, más allá de ellos, hay otros hombres que prolongan la rabia y la cólera que sentimos en este encierro y la concretan en acciones de protesta. “Saber que no estamos solos, que somos parte de ese pueblo que combate en las calles; eso me salva de consumirme en esa ratonera que nos inmoviliza impotentes...”, escribí entonces en una carta.

Sé que es un momento crucial, histórico. Estamos viviendo la agonía de un sistema, las últimas sacudidas espasmódicas. Serán más duros que nunca pero por poco tiempo. Eso lo veo muy claro y me angustia: es un problema de meses y eso hace más terribles las sentencias que se anuncian para pasado mañana. Es trágico y desesperante morir justo ahora cuando todo se acaba... Era cuestión de parar el tiempo. Esa obsesión me persigue esa mañana radiante de sol, en ese patio angosto, superpoblado de mujeres que vamos y venimos a la espera de loas acontecimientos. Fue en medio de este desorden cuando conocí a Silvia. Alguien me indicó que su compañero era uno de los condenados y la busqué. Estaba sola. Tenía necesidad de hablar y lo hicimos durante mucho tiempo. Dejé que contara su vida, la de su compañero, la forma en que se habían conocido los dos, en un metro... Tenían aún que confirmar la sentencia pero como cabía esperar lo peor la animé para que preparara la solicitud de visita.

Yo tenía un jersey rojo: siento en la nariz el pelillo áspero que desprende; es una lana mala, la que me han traído dada la urgencia de mi petición. Lo he empezado hace unos días, cuando vi la foto de los detenidos de ETA y me imaginé que los mataban. Empecé como una obsesión ese jersey. Tengo el proyecto de hacer varios, de enviarlos enseguida a Carabanchel, como una pequeña muestra de solidaridad. Es un gesto absurdo, lo sé. Despliego en él una actividad febril que me estimula: en lo que muevo a toda velocidad las agujas, camino y hablo... Son cosas que ocurren y que uno observa, tiempo después, con gran respeto.

“Es necesario que saquemos de este dolor una lección, pero no un trauma...”, leo en alguna parte de ese periódico de hace tantísimos años... Cuánta retórica, cuánta palabrería hueca... Pese a los datos que estoy recogiendo no consigo darle continuidad al relato. Hay lagunas inmensas, vacíos... En conjunto, el eco que me llega es horrible, espantoso... De este conjunto amalgamado de emociones, hay algunos momentos que se perfilan y cobran fuerza, como escenas que se iluminaran de pronto.

De pronto, en esa especie de pecera acristalada donde nos apiñamos para oír la TV, se hace un gran silencio. De los once condenados, la pena de muerte queda ratificada para cinco. Se oye un gemido y se desencadenan escenas de todo tipo. Huyo angustiada. Salgo al patio sin que nadie se dé cuenta. Es una noche templada. El patio es como un túnel largo y angosto, horadado por un potente foco que lo perfora a lo largo. Parece una vía muerta por la que estuviera entrando un extraño tren que se me viniera encima. No me importaría que me atropellara, no haría nada por apartarme. Tampoco me importaría que disparase su arma sobre mí el guardia civil que está detrás del faro. No es que quiera morir, lo hago como un desafío: no podrán. Camino hacia el sin pestañear. Es un reto absurdo. El haz blanco está poblado de minúsculas partículas que brillan; me proyectan sombras. Soy como el personaje de un cómic. Camino hasta el final, hasta tocar el muro, debajo de la garita oigo los clics del arma, la respiración del centinela. En una soledad cósmica voy de extremo a extremo de este angosto túnel: de espaldas al faro, de cara al faro: arriba y abajo, deprisa, apretando los dientes, los puños: no me verán llorar, creo que esbozo una sonrisa...son instantes que nunca se cuentan. Y así hasta que toca el timbre para encerrarnos. Antes hablo aún con Silvia. Se va ya a Carabanchel. Nos abrazamos.

Busco palabras que no me vienen; sólo encuentro un anillo de aluminio fabricado con los restos de un avión americano que me regalaron los vietnamitas. Hace más de un año, cuando me lo quitaron entre carcajadas en la DGS, su sola huella blanca en el dedo tostado por el sol me dio fuerzas para resistir. Es una pequeña joya. Se lo doy. Le dará fuerza: es la solidaridad que circula. Ese mismo deseo de solidaridad hace que Sánchez Bravo me lo devuelva horas después de llevarlo puesto. Cuando lo recojo, conserva aún el calor de alguien que va ha morir, que estará muriendo en aquellos momentos, ocho pasadas de la mañana, el último calor de un hombre que soñaba con cambiar el orden del mundo. Me lo he puesto y me quema. Paseamos otra vez por el patio, ya de día. Silvia llora y se sincera. Puede que días después se arrepienta de transmitir las últimas y perturbadoras palabras de su compañero. Me espanta la situación del hombre que va a morir con esa lucidez. Guardaré celosamente el secreto. Cuando me quedo sola lloro con una desolación infinita.

Hay otro momento que me hiere tan hondo que sé que no podré superar nunca. Ha venido el abogado a dar noticia de cómo se ha producido la muerte de los cinco. Es muy doloroso, pero lo que ha pasado con Otaegi me paraliza. Cuando le han comunicado la sentencia la ha oído con calma y ha expresado el deseo de ver a su madre y de que vaya su abogado, que es el único que tiene derecho a quedarse con él hasta la ejecución. A medianoche, después de un accidentado viaje, llega la madre acompañada de un pariente y un amigo que ha conducido el coche. Tienen una corta entrevista durante el cual Angel tranquiliza a su amatxo y le dice que acepta morir, que hay otros muchos que lo han hecho antes que él, que no debe apenarse...Cuando se despiden, Angel pregunta por su abogado. Le dicen que no ha podido venir, que tiene lumbago... Me está contando esto el abogado y ya no le escucho. Me falta el aire, el locutorio me da vueltas. Siento una náusea, un vacío muy doloroso y en medio de él el grito atronador “Dónde está el abogado?” Imagino la escena –pasarán los años y la seguiré viendo igual-. Dicen que era tranquilo. Lo veo con aquella calma, alentando a las mujeres, comunicándose malamente en una lengua extranjera porque le han prohibido utilizar el Euskera, malamente y sólo veinte minutos. Se despiden ya. “¿Y el abogado?” Comprende que estará solo, acompañado por extraños, infinitamente solo estas últimas horas, él, que tenía el amor de todo su pueblo... La pregunta me quema como si me la hubieran marcado a fuego. Lloro con desconsuelo. ¿Dónde está ese cabrón de abogado?. Le maldigo, escupo sobre su nombre. No hay perdón para él.

Siguiendo por ahí, al calor de la emoción, sería fácil tirar del hilo y abrir otros puntos de luz para entrar en aquella compleja realidad. Pero sé también que esos puntos que iluminan ocultan las sombras del alrededor en las que puede que se agazape lo más importante de estos días. Vivir en colectivo una situación límite de estas magnitudes produce traumas de los que uno nunca se recupera. La cárcel no es una broma. ¿Dónde situar, por ejemplo, esta fiesta de disfraces que ante el pasmo general se organiza en el departamento del FRAP la misma noche de los fusilamientos? ¿Esta dantesca fiesta “para mantener la moral” cuyos gritos Mari Luz y yo oímos espantadas en un rincón de la cama? Alguna vez tendré el valor de emprender el gran viaje –imprescindible para la cura- y entonces será el momento de hurgar en ese diario que ahora no me atrevo a leer.

Septiembre de 1985-2005




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PNV Dice No a ESAIT

Este texto nos ha llegado por correo electrónico:

¿PNV en contra de ESAIT?
La plataforma a favor de las selecciones vascas ESAIT surgió hace aproximadamente 10 años con el objetivo de reivindicar la oficialidad de las Selecciones Vascas. Y para ello, en el transcurso del año organiza eventos como el Día de la Selección vasca, el Cross popular de Bilbo, la subida al Tourmalet y la fiesta vasca en el Tour, la Mendi Martxa. También suele estar presente en actos deportivos como derbys vascos o culturales como el Herri Urrats, Ibilaldia, Araba euskaraz, Kilometroak o Nafarroa Oiñez. Y estos dos últimos años también hemos estado en el Alkartasun Eguna que organiza EA. En todos estos sitios, hemos sido muy bien recibidos.

Coincidiendo que este domingo EAJ-PNV celebra en las campas de Foronda (Gasteiz) su fiesta de Alderdi Eguna, ESAIT ha solicitado el correspondiente permiso para instalar el stand de venta de material y poder llevar a cabo la reivindicación de la Selecciones deportivas vascas. La contestación que hemos recibido del Euskadi Buru Batzar, el máximo órgano del PNV-EAJ, a través del señor Manu Allende ha sido la de no autorizar a ESAIT estar con su stand porque no están de acuerdo con las ideas y la política que lleva a cabo ESAIT.

¿Cómo se entiende que un partido que dice ser nacionalista, democrático y abierto al diálogo no acepte que una plataforma que trabaja en pos de la oficialidad de la selección vasca pueda instalar un stand en el Alderdi Eguna y llevar a cabo dicha reivindicación? Se ve que en EAJ-PNV hay señores a los que se les llena la boca defendiendo unas cosas y que luego a la hora de dar un simple permiso (qué menos) les importe un rábano. Enlazando con el slogan para el acto, después de 110 años, esto. Más que una pena es una frustración. Pero es lo que hay.

Heracleo Prestamero y Martxel Toledo - Militante de EA y coordinador de ESAIT, respectivamente.


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sábado, 24 de septiembre de 2005

Kanaldude

El enlace a esta página generada en Iparralde nos llega por correo electrónico con una invitación en euskara:

Abisatzeko


Internet gunean ibiltzen dela eta urrun diren jendeak gure eskualdeko irudiak zuzenean ikusten ahal dutela interneten bidez.

Momentuko bideoetan nahasketa bada frantsesa eta euskararen artean bainan sartuko ditugu gero ta bideo gehiago...

Eta salmenta izanen da laster eta forum...

Irakurketa on.

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jueves, 22 de septiembre de 2005

Si Lo Dicen Ellos

Esta nota ha sido publicada hoy:

Califican de "repugnantes" los centros de detención franceses

El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, lvaro Gil-Robles, ha criticado el estado de los centros de detención franceses, algunos de los cuales ha calificado de "repugnantes" y los ha comparado con el estado de las prisiones en Moldavia.

PARIS.- En referencia al centro de reclusión de extranjeros en los bajos del Palacio de Justicia de París, Gil-Robles ha afirmado que "en toda mi vida jamás, salvo quizás en Moldavia, he visto un centro peor que ése. Es espeluznante".

"La gente se apila en un sótano en dos niveles, sin ventilación. Se pasean por un patio minúsculo y totalmente enrejado", añade, en una entrevista publicada hoy por el diario "Libération", en la que relata sus impresiones tras un viaje de 16 días por el Estado francés.

El Observatorio Internacional de Prisiones, organización gala que investiga el estado de las cárceles, declaró hoy que el informe firmado por Gil-Robles es "impactante pero desgraciadamente no muy sorprendente".

Esta asociación considera que el texto de lvaro Gil-Robles será la continuación de otros informe que alertaban sobre el pésimo estado de las prisiones francesas, "cuya sobrepoblación va contra la dignidad de las personas detenidas".

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