martes, 20 de abril de 2010

La Muy Franquista Izquierda Española

Hemos recibido este texto por correo electrónico:

Esto no es un homenaje a Garzón
Las asociaciones de victimas de la rebelión militar de 1936, el franquismo y el terrorismo de Estado hemos sufrido, durante estos años, las consecuencias de una aparente contradicción en la que se han instalado las instituciones, los partidos y sindicatos. Mientras el día de hoy declaran sentir respeto y admiración por la memoria de las victimas del franquismo, mientras hoy se muestran convencidos sobre la necesidad de poner fin a décadas de silencio y ocultación de la impunidad de los crímenes cometidos, mientras estas últimas semanas teorizan sobre los derechos de las víctimas a juzgar a los verdugos y genocidas franquistas; estos mismos partidos han sido los que durante años nos han impuesto el olvido y nos han condenado a la mas absoluta de las soledades.

Sin embargo, estas contradicciones no son fruto de la casualidad, sino consecuencia de un cínico juego de estrategias bien meditadas que tienen como objetivo, poder presentarse ante el conjunto de la sociedad como los defensores de la memoria de los cientos de miles de militantes antifascistas, a la vez que protegen sus intereses de poder conseguidos, precisamente, por haber pactado con los genocidas franquistas, la imposición del silencio y la impunidad sobre los crímenes por ellos cometidos.

Pactaron con ellos el mantenimiento y la continuidad de toda la estructura del Estado, esto es, el ejército, la policía, la Guardia Civil, los jueces, el poder económico... en definitiva, la continuidad de toda la administración franquista; y aceptaron la permanencia, en la cúspide de todo este entramado, a la monarquía y a la persona nombrada por el propio genocida y criminal Francisco Franco, como su heredero al actual monarca español Juan Carlos I.

Esta es la situación de injusticia que durante 35 años de supuesta democracia y de "Estado de derecho", hemos soportado. Es este el contexto, y no otro, en el que hay que analizar el nerviosismo de esa izquierda que negó su memoria durante la transición; es en este contexto en que hay situar la arrogancia de los herederos del franquismo, quienes exigen el respeto a la impunidad que se les garantizó. El juez Garzón y su auto no cambian este contexto.

Ha sido el trabajo y la actividad de las asociaciones las que han puesto al descubierto la gravedad de toda esta situación de impunidad. Han sido las presiones y las denuncias ejercidas por las asociaciones las que han obligado a este juez a no seguir ignorándolas por más tiempo y mucho menos aún tras haber protagonizado los procesos abiertos contra los responsables de las dictaduras chilena y argentina. ¿Como es posible encausar a Pinochet e ignorar las denuncias sobre los responsable de la dictadura franquista, quienes cometieron muchos más crímenes y perduraron por mucho más tiempo en el poder? Pero a diferencia de aquellos casos, en que se encausó a Pinochet, en el auto emitido por este juez, sobre los crímenes cometidos durante la dictadura, se ponen unos límites muy claros a la hora de definir las responsabilidades, ya que cuando se enumera a los imputados, lo hace a sabiendas que están todos muertos y de que, una vez certificada su defunción, el supuesto proceso al franquismo conocerá su definitivo punto final, sin que se hayan investigado judicialmente todos los crímenes cometidos, sin que se encause a los responsables aún vivos y sin que se repare, en toda su dimensión, el daño causado. Pero los actuales herederos del franquismo no están dispuestos a aceptar ni tan siquiera eso, exigen silencio total, impunidad absoluta y respeto sagrado a la memoria de los caídos por Dios, por España y por el Generalísimo.

El error que ha cometido, esta vez, el juez Garzón, ha sido el de no haber solicitado, el dictado de las cloacas del Estado. Por eso le procesan, no por otra razón. Garzón no puede ser emblema de la defensa de los derechos humanos, cuando ha sido puesto en evidencia en los informes de las Naciones Unidas, por permitir y amparar la práctica de la tortura; porque lo único que ha perseguido con este auto es notoriedad y poder llegar a presidir algún tribunal penal internacional, esta vez, a costa de las victimas del franquismo. Y hay que reconocer tristemente, que su maniobra puede salirle redondo, que puede que pase a la historia "como el defensor de las victimas del franquismo".

Pero este último hecho, aún siendo injusto y doloroso, no es lo que más nos interesa en estos momento. Lo que nos preocupa es que el trabajo que hemos realizado hasta el momento para situar el debate del juicio al franquismo y sus responsables en la primera plana política y los medios de comunicación, no se dilapiden en torno a la defensa de un auto judicial en cuyo contenido se acotan y limitan nuestros derechos a la verdad, la justicia y la reparación; Nuestra preocupación se centra en que este debate se desvíe hacia la defensa de un funcionario fiel del propio Estado, que quería apuntalarlo a través de un auto de nulo recorrido. Por todo ello, este es el momento, para dirigir nuestras exigencias, a aquellos partidos y sindicatos que pactaron durante la llamada "Transición" con los franquistas, el silencio e impunidad sobre los crímenes cometidos; debemos exigirles que rectifiquen su trayectoria e implementen las medidas políticas e institucionales necesarias:

(1) para que inicien una nueva fase de negociación, con todos los agentes socio-políticos afectados por el genocidio franquista, de una nueva ley de la memoria;

(2) para que procedan a la constitución de comisiones de la verdad, como instrumentos propicios para la consecución de la verdad, la justicia y la reparación, incluidas las garantías de no repetición; y el enjuiciamiento histórico y político del franquismo. Todo ello deberá servir como marco idóneo para la toma de compromisos orientados a avanzar hacia un escenario de respeto de los derechos humanos, civiles y políticos, un escenario en el que se puedan poner en práctica todos los proyectos socio-políticos que fueron frenados, por la fuerza de las armas, aquel 18 de julio del 36.

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